Orígenes político-jurídicos de la crisis catalana, por Álvaro Rodríguez Nuñez

06 de septiembre de 2019 por Redacción FNFF

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Álvaro Rodríguez Nuñez

Razón Española nº 216

 

«El único modo de cuidarse de las adulaciones es que
los hombres entiendan que no te ofenden al decir la verdad.»
Maquiavelo, Il Príncipe, cap. XXIII

 

INTRODUCCIÓN

Gonzalo Fernández de la Mora es uno de los máximos ideólogos del pensamiento político posfranquista, y uno de los mejores analistas del proceso político surgido desde 1975 y denominado democrático. Y decimos «democrático», porque, como tendremos ocasión de analizar, es todo menos gobierno del pueblo, siendo más bien la «dictadura de la partitocracia» la que impera hoy.

Sus análisis al proceso político de la «transición», se centran en  diferentes aspectos, si bien nos vamos a centrar en dos elementos clave: Análisis del  sistema de partidos políticos, al que denomina partitocracia, o dominio de una minoría sobre la mayoría del pueblo, y estudio del llamado Estado Autonómico.

Gonzalo Fernández de la Mora pertenece a la familia de espíritu del «realismo político»[1] que centra su trabajo teórico en el estudio de las disfunciones de las estructuras partitocráticas y el papel, en su opinión  fiscalizador,  que las prácticas tecnocráticas en la administración pública, la consolidación de los mecanismos burocráticos de selección y control de la gestión estatal podía ejercer, y contraponerse, a la influencia de los grupos de presión en el control de ciertas áreas políticas[2].

Su análisis de lo que se denomina democracia, está de plena actualidad a la vista de lo acontecido en Cataluña a finales de 2017: es un sistema en el que varias oligarquías aspirantes al poder, recurren a una votación censitaria o relativamente universal para que, entre manipulaciones de toda índole, se resuelva quien va a detentar el poder. El referéndum catalán, sin entrar en la ilegalidad constitucional del mismo, es el caso paradigmático del uso oligárquico por parte de la élite de la derecha catalana para legitimar su permanencia en el poder en Cataluña, ya en una Cataluña independiente, o en una España con Cataluña, pero en dónde ellos sigan siendo piedra angular en el reparto del botín del poder.

En diciembre de 1986 se publicaba la primera edición de Los errores de Cambio. En ella Fernández de la Mora analiza pormenorizadamente la etapa denominada «transición democrática», y al actual régimen político español. Considera que la «democracia española» se hizo para satisfacer a la clase política que dirigió el proceso, y que ahora, tras la crisis económica, parte de la misma, nos referimos a la derecha  catalana, pretende perpetuarse en el poder, y busca nuevos cauces legitimadores para mantenerse en el beneficio lucrativo del dominio. La forma en que se realizó la «modélica» «transición política», no fue una exigencia popular, sino una decisión estratégica de la clase política española supeditada a potencias extranjeras, que obedecía a la intención de debilitar al Estado español lo suficiente como para poder colonizar España económicamente[3], a cambio de que esa élite detentara el poder.

Con lo acontecido en Cataluña en octubre de 2017 la alianza entre las elites políticas se ha roto, y se abre un proceso de lucha entre ellas con vista a un nuevo reparto del poder, de cara al primer tercio del siglo XXI. La existencia de la UE, del Banco Central Europeo, y con ello el vaciado de la soberanía del Estado español, en un contexto de crisis social y económica, provoca que unas élites busquen un nuevo acomodo a la coyuntura estructural de la Europa del siglo XXI.

 

EL FALSO SISTEMA DEMOCRÁTICO DE PARTIDOS EN ESPAÑA

Fernández de la Mora es autor de una de las obras más exactas del sistema de partidos democráticos de España[4]. Para Fernández de la Mora, los partidos políticos son maquinas electorales para garantizar a determinados grupos de presión su presencia en el poder. Esos grupos de presión, sin consultar al pueblo soberano español, decidieron por ejemplo, la entrada en la CEE, en el euro, en la UE, la entrada masiva de emigrantes, las políticas de ingeniería social, etc. Y a nivel económico, la venta del INI, la privatización, o más bien regalo,  de todas las empresas públicas, la venta de la banca pública, y ya más recientemente, la reforma del art. 135 de la «irreformable constitución», venta de las cajas de ahorros (previa quiebra realizadas por ellos mismos), y todo ello a costa de los impuesto de los españoles. Y sin referéndum, ni pedir autorización al pueblo. Todo ello lo cometieron los mismos que en octubre de 2017, se pretenden legitimar en el mismo derecho a decidir, pero claro, solo en lo que a ellos les interesa para justificar su dominio eterno en el poder y reparto del botín. 

Para Fernández de la Mora, todas las formas de votación en el sistema actual, son puros arbitrios procesales que no traducen, sino que manipulan y, en definitiva, transforman los votos. Para Fernández de la Mora los diputados elegidos no representan a los electores, como pretende la teoría demoliberal del mandato; se representan, pues, a sí mismos, y a unos intereses de clase o grupo[5]. En la cuestión catalana es más que obvio. Así, la partitocracia puede sustituir o desintegrar la democracia. Para José Vidal-Beneyto, «la democratización de la corrupción es la quiebra de la moral pública como su inevitable consecuencia». Considera este pensador que «con la representación convertida en un parangón de la voluntad de los partidos, hundidos en el sectarismo, y la política devorada por una desbordada cratofilia, transformada en mera lucha por el poder», concluyendo que «estamos empantanados en la corrupción»[6].

Las características fundamentales del actual sistema partitocrático[7] español, siguiendo la tesis de Gonzalo Fernández de la Mora, son varias y graves. Nos vamos a centrar en las más actuales a la vista de los hechos políticos presentes: Los diputados están al servicio único del partido. No representan a nadie más. La oligarquía dirigente de los partidos todo lo decide en el sistema proporcional con listas bloqueadas y cerradas e inscripción de los candidatos en un orden riguroso de elección: ya que aquí los candidatos son elegidos en el círculo interior. El incluir a un candidato en la lista electoral, y el puesto que ocupe en la misma, es lo básico en la lucha interna, ya que un buen puesto de salida es lo relevante[8]. Con ello los diputados no representan la  «pueblo», sino al que les da el puesto.

Esa selección de los cargos públicos, provoca el congelamiento burocrático de las elites representativas[9] y la depauperación de la clase política. Toda la sociedad española asiste a la comprobación de que la clase política es gravemente cada vez es más inculta, maleducada, y sin ningún prestigio. Asistimos al dominio de los mediocres[10], los oscuros, los sin grado, gentes que no tienen reputación personal[11]. Y muchos de los  líderes políticos son en realidad actores, solo con capacidad para «representar» su propio liderazgo, con un guión redactado por sus asesores y como si de figurantes se tratasen[12].

Otra grave quiebra a la que asistimos, en opinión de Fernández de la Mora, es la expolición del electorado. La soberanía ya no reside en el pueblo sino que ha pasado a los partidos políticos, o mejor dicho, a la oligarquía de los mismos. Los parlamentos ya no se respetan ni formalmente. El caso catalán es un grave ejemplo. Un pequeño grupo decide fuera del parlamento que hacer; posteriormente da las órdenes al grupo de parlamentarios por ellos colocados y elegidos, y van al parlamento a representar la actuación, sin respetar absolutamente ningún valor democrático. Y ello, porque el diputado elegido a dedo por los jefes del partido, que suelen ser mediocres y oscuros,  vota lo que le ordenen, a cambio de cobrar el sueldo; No es un  «parlamentario», sino un mandado. Pero un mandado al servicio de la dirección del partido, no de sus electores-ciudadanos.

Consecuencia de todo lo anterior, para Fernández de la Mora, se produce una devaluación política de las Cámara de representación popular. El debate de las cámaras es una reproducción de lo acordado por la dirección de los partidos y así como por los grupos de presión que apoyan al mismo. En el caso catalán actual el parlamento se ocupa de legitimar formalmente los acuerdos tomados fuera y a puerta cerrada. El parlamento se ha convertido en un centro privilegiado de emisión de propaganda político-electoral, en escaparate[13]. En definitiva el partido político ha secuestrado la democracia, que ha pasado a considerarla como propia y la ha sustraído a todo control de la sociedad[14]: El verdadero soberano ahora es el partido político[15].

 

¿QUÉ FUE LA TRANSICIÓN?

Fernández de la Mora considera que uno de los objetivos la transición política llevada a cabo por la clase política y apuntalada por potencias extranjeras, obedecía a la intención de debilitar a España lo suficiente como para poder colonizarla económicamente, iniciando un proceso de desmantelamiento industrial, unido a integración en la CEE[16] y la OTAN. Hoy España es el país con más paro de la Unión Europea, y nuestra soberanía económica, monetaria, o fiscal y laboral es inexistente. Pero unos Estados mandan más que otros Estados. Y el español es el que obedece. Tal es la falta de soberanía real, que todos los actores políticos miran a «Europa» para que medie o intervenga, ratifique las decisiones adoptadas por unos u otros, en definitiva decidan ellos, esos «europeos», sobre el camino a seguir en el Reyno de España. 

Uno de los aspectos que más analizó Gonzalo Fernández de la Mora, fue  el nacimiento del Estado de las Autonomías. Ahora es para todos algo muy obvio, pero en su momento fue duramente criticado. Y por los mismos que ahora pretenden aplicar el art. 155 de la C.E. o por los que quieren romper la Constitución. Lo criticaron por anunciar lo que iba acontecer. Fue un motivo fundamental de su voto en contra de la Constitución.

El Estado autonómico provocaría, en su opinión, primero un incremento del gasto público desaforado e inútil, a raíz de sus órganos dirigentes, instituciones y competencias así como  de las supuestas inversiones públicas en beneficio de los ciudadanos residentes en sus demarcaciones. Consideraba que la proclamación de la plurinacionalidad de España en vez de corregir los desequilibrios y las tensiones los potenciaba. Posteriormente llevaría a la ruptura de la Constitución.

Para Fernández de la Mora los responsables de esa realidad, que en octubre de 2017 se ha plasmado en consumación histórica, fue de los políticos que ordenaron la  «Transición democrática», la II Restauración, y que habían  renunciado a los ideales verdaderos que deben regir el quehacer político: unidad y desarrollo económico y social, que es lo que había definido o caracterizado como «Estado de obras». Consideraba que los anteriores principios se sustituyeron por dos nuevos proyectos: la  «democracia» (partitocracia), y las autonomías (despilfarro). Consideraba evidente que se había  cometido un error histórico[17].

Para Fernández de la Mora, España está desde 1980 en decrepitud, en constante crisis, no  hay un proyecto de vida en común, no hay un  destino compartido y ello es la consecuencia de la partitocracia (que no es «Democracia»), y el Estado autonómico (que no significa gestión eficaz). En su opinión, se creó una clase política remunerada que  se han otorgado pingües haberes y dietas, superflua y mediocre. Se crearon los entes autonómicos, con centenares de ministros y directores generales, y casi dos decenas de parlamentos acompañados de una densa maquinaria administrativa[18]. Todo ello supuso, en su opinión, un incremento del gasto público y de la burocracia que devora a sus ciudadanos[19]. Un neofeudalismo del siglo XXI.

Asistimos una profunda crisis moral[20], al disminuir el principio de autoridad, y deslegitimarse el sistema político. La corrupción política existente, la crisis económica y social que padecen millones de ciudadanos españoles y que se sienten desamparados por sus instituciones políticas, en un país próspero que tiene recursos suficientes para malgastarlos y dilapidarlos, pero ninguno para ayudar a los que sufren la crisis provocada por los mismos políticos. La realidad social y política está dominada desde los años 80 por los  maquiavelismos partitocraticos y la politiquería, pensando únicamente en el bienestar de una minoría[21].

 

SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL

La primera cuestión que plantemos es sobre los partidos políticos. El Estado de Partidos (Parteinstaat), impuesto por Estados Unidos a la Alemania derrotada, fue el sistema que también se impuso en la II Restauración. Pero con diferencias básicas.  Se optó, o impusieron,  una Democracia procedimentalista y no  una Democracia militante. Así en Alemania, el artículo 21 de la Ley Fundamental de Bonn establece la ilegalidad e inconstitucionalidad de los partidos que pretendan eliminar el orden democrático establecido o la existencia de la República Alemana. Se establecen límites a las ideologías de los partidos. Pero en España, tanto en la LO 6/2002 de 27 de junio de Partidos Políticos, como la actual LO 8/2007 de 4 de julio de Financiación de Partidos Políticos, así como en la Sentencia del Tribunal Constitucional 3/1981 de 2 de febrero como la del Tribunal Supremo  2/1997 de 29 de noviembre, no se establecen límites sobre la ideología de los partidos, sino sobre su funcionamiento, que debe ser democrático, y no usar la violencia, aunque pretenda la destrucción del sistema o la eliminación de la Constitución.

El partido político ha secuestrado la democracia, la ha sustraído a todo control de la sociedad, y ha generalizado la corrupción, perdiendo apoyo social. Para Dalmacio Negro, la democracia, que es el reino de la opinión, es normal que acaben prevaleciendo la voz de los ambiciosos, intrigantes, vagos, gente sin escrúpulos, demagogos o tarados. Esta realidad ya «le preocupó seriamente a Tocqueville con ocasión de la revolución de 1848 y es uno de los peligros más serios de la democracia política»[22]

La tercera característica es que la corrupción está plenamente instalada en el ámbito político. La crisis actual  ha descubierto que la democracia está al servicio de las clases privilegiadas y del poder financiero, generando una crisis institucional y constitucional, que tuvo como resultado primero el 15M, y al día de la fecha la desafección de una parte de la ciudadanía catalana y española. Junto a ello, se debe tener en cuenta  la pobreza relativa de la población y el nivel de analfabetismo funcional. Pobreza y analfabetismo  que las oligarquías patitocráticas amparan y alientan, dado que solo pretenden detentar el poder en las mejores condiciones para mantener su situación de dominio y plena soberanía.  Por ello, la  democracia es meramente procedimental pero no sustantiva.

En España las prácticas corruptas se centran en los municipios, las diputaciones y las autonomías; por ello se afirma que la corrupción es generalizada. Las causas de la corrupción en España son: 1) Un sistema político dominado por una partitocracia. 2) Altos porcentajes de pobreza relativa y/o absoluta. 3) Un elevado analfabetismo funcional y una escasa cultura política. Es la propaganda y seducción efectiva, la que mantiene la existencia de una especie de fe en los partidos políticos. Para Pareto, eso es consecuencia de que «los hombres están tanto más seguros de sus creencias cuanto más ignorantes son, y la “masa”, a pesar de los progresos de la instrucción obligatoria, sigue siendo bastante ignorante. Lo que explica la acogida entusiasta con que acogen las frivolidades, de las cuales sólo la pluma de un Luciano o de un Voltaire podrían hacer conocer dignamente su absurda necedad»[23].4) Un régimen democrático procedimental, pero vaciado de contenido; son las élites políticas, representantes de los partidos hegemónicos, las que únicas soberanas en el sistema[24]. Para Dalmacio Negro, «los partidos políticos —la clave estructural del sistema—, la única distinción práctica entre ellos sería acaso entre opresores y depredadores»[25].

 

 

[1] MOLINA CANO, Jerónimo: «Un jurista de Estado: Fernández de la Mora», Razón Española, n º142, Marzo-Abril 2007, pág. 201. Para el profesor Molina, son cuatro ideas-madre los ejes del pensamiento de Fernández de la Mora: «la filosófica: avance tendencial del logos; la ética: perfectibilidad ética del ser humano; la sociológica: paulatina desideologización de las sociedades, de la coexistencia humana; y la jurídica-política: instrumentalizad  del estado». MOLINA CANO, Jerónimo: Op. Cit., págs. 187-210.

[2] FERNANDEZ RIQUELME, Sergio: «Técnica y política en Gonzalo Fernández de la Mora», Razón Española, nº 154, Marzo-Abril 2009, pág. 164. FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: «Izquierda y derecha hoy», Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, nº 76, Madrid, 1999, pág. 372.

[3] FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: Los errores del cambio, Plaza & Janes, Barcelona, 1986, pág. 36.

[4] FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: La partitocracia, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1977.

[5] FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: La partitocracia, págs. 143-144.

[6] Entrevista publicada en El País, 1-VII-2007.

[7] FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: La partitocracia, págs. 143 y ss.  FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: «Los errores del cambio», Razón Española nº 176, Noviembre-Diciembre 2012, Madrid, págs. 271-286.

[8] FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: La partitocracia, pág. 144 y ss. DUVERGER, Maurice: Los partidos políticos, Fondo de Cultura Económica, México, 1957, pág. 181.

[9] BLANCO VALDEZ, Roberto L.: Las conexiones políticas, Alianza Editorial, Madrid, 2001, pág. 33. FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: La partitocracia, págs. 143 y ss. FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: «Los errores del cambio», págs. 271-286.

[10] MICHELS, Robert: Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna. Vol I. Amorrortu Editores, Buenos Aires, pág. 188.

[11] DUVERGER, Maurice: Op. Cit. Pág. 227.

[12] OLIET PALÁ, Alberto: Liberalismo y democracia en crisis, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1994, pág. 224. FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: La partitocracia, págs. 143 y ss. FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: «Los errores del cambio», págs 271-286.

[13] OLIET PALÁ, Alberto: Op. Cit., pág. 226.

[14] PARRAS NADALES, Antonio J.: El debate sobre la crisis de la representación política, Editorial Tecnos, Madrid, 1996, pág. 207.

[15] GARCIA GIRALDEZ, Teresa: Curso de partidos políticos, AKAL, Madrid, 1997, pág. 158.

[16] FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: Los errores del cambio, pág. 36 y 55.

[17] FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: «Crisis de destino», ABC, 23-V-1980.

[18] FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: Los errores del cambio, pág. 220.

[19] DE LA FUENTE, Licinio: «La España de las Autonomías», Razón Española, nº. 95, Mayo-Junio 1999, pág. 274.

[20] FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: Los errores del cambio, pág. 182.

[21] FERNANDEZ DE LA MORA, Gonzalo: Los errores del cambio, pág. 21.

[22] NEGRO, Dalmacio: «Desmitificación de la democracia», Razón Española, nº 183, 2014, pág. 30.

[23] PARETO, Wilfredo: Escritos sociológicos, Alianza Editorial, Madrid, 1987, pág. 136.

[24] LOPEZ RODRIGUEZ: «”Subvencionismo”: una nueva categoría», RIPS, Vol. 13, nº 1, 2014, 203-227. Págs 4, 14, 20 y 22.

[25] NEGRO, Dalmacio: «San Mateo y España», Razón Española, n º. 165, Enero-febrero 2011, pág. 52.

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