Declaraciones de Franco al ABC de Sevilla (18-Julio-1937)

18 de julio de 2019 por Redacción FNFF

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Estas declaraciones que recogemos pertenecen a uno de los ejemplares que no están recogidos en la hemeroteca Digital de ABC. En concreto al número del ABC de Sevilla publicado el 18 de Julio de 1937, un año después del Alzamiento Nacional. El él, Francisco Franco, aclara los por qués del Alzamiento:

 

 

El Movimiento Nacional no ha sido nunca una sublevación. Los sublevados eran, y son, ellos: los rojos. Vulnerada la Constitución que ellos mismos hicieron, negados los más elementales derechos de] hombre, comenzando por el de la vida; entregada España entera al dominio de los pistoleros, lanzadas las clases trabajadoras a una cruenta lucha fratricida, el. Ejército interpretó el anhelo de la mayoría de los españoles, harto ya de asesinatos, saqueos y arbitrariedades. El Movimiento llego cuando tenía que llegar: antes hubiera sido imprudente. Al Ejército no le es lícito sublevarse contra un partido ni contra una Constitución, porque no le gusten, pero tiene el deber de levantarse en armas para defender a la Patria cuando está en peligro de muerte.

 

También, explica la evolución de la guerra a lo largo de ese año:

Estos frentes han aumentado considerablemente. Ahora tenemos importantísimas posiciones estratégicas, de las que en noviembre carecíamos: la Cuesta de las Perdices, Boadilla, El Plantío, Las Rozas... Y por otro lado, las posiciones del Jarama, donde, como en las anteriormente citadas, los soldados españoles y las milicias voluntarias se han cubierto de gloria. .La carretera de Valencia está dominada por el fuego de nuestras ametralladoras en Vaciamadrid, y la comunicación de la capital con Levante se hace cada día más difícil. Cuando cerremos el cerco por. completo, y Madrid quede absolutamente aislado, entonces será la rendición. Madrid es la ciudad sacrificada por los rusos, a quienes, naturalmente, no les importa su destrucción. Allí se han cometido los crímenes y horrores más espantosos de que puede ser capaz la perversión humana.

 

Explica el caso de Oviedo:

En una guerra con el extranjero, Oviedo no hubiera sido objetivo en los días en que nos abrimos camino para llegar allí. Pero en Oviedo había miles de españoles, beneméritos, que se defendían y tuvimos que hacer un sacrificio para salvarlos. ¡Teníamos la obligación moral de salvarlos! Puede usted afirmar que las bajas sufridas por los rojos en los infructuosos ataques a Oviedo pasan de 30.000.

 

Sobre las fuerzas, partidos o personas que apoyan y forman parte del bando nacional, dice lo siguiente:
Las dos grandes organizaciones que en mayor número han contribuido con sus voluntarios a la guerra, y que más pueden contribuir con su espíritu a la estructuración de la Nueva España, aspiraban a un Estado totalitario, y por eso no se consideraban propiamente partidos, aunque, en realidad, actuaran como tales mientras existieron dentro de la España Nacional diversas ideologías y organizaciones distintas. Es una de las razones que hacían imprescindible la Unificación, que será una inmensa ventaja para organizar el Estado nuevo. Por otra parte, la coincidencia ideológica entre las dos organizaciones que han sido base para la unión, era ya muy grande antes de que ésta se realizase definitivamente. Víctor Pradera, uno de nuestros intelectuales y pensadores más ilustres entre los que nos han asesinado los rojos, publicó, hace unos años, un interesantísimo artículo en la revista "Acción Española", señalando la coincidencia en el credo de la Comunión Tradicionalista de los veintiséis puntos de Falange Española de las J. O. N. S. La savia joven de la Falange dará a la nueva organización un nuevo estilo del Tradicionalismo, y garantiza que hemos de realizar una política de justicia social absolutamente compatible con el respeto que todas las clases sociales tienen el deber de guardarse mutuamente.

Existe, además, en España una gran masa neutra, sin encuadrar, de los que no han querido afiliarse jamás a ningún partido. Esa masa, que puede sentirse tímida para unirse a los vencedores, hallará en la Falange Española Tradicionalista y de las J. O. N. S. el cauce adecuado para fundirse en la España Nacional.

 

Le preguntan acerca de las consecuencias que conllevaría la Unificación, acerca de los atuendos y de la formación del nuevo Gobierno:

Los signos exteriores no son los que dan la verdadera unión. Los que luchan sienten apego a sus respectivos uniformes y no puede obligárseles a prescindir de ellos. Ninguna institución tan unida como el Ejército, y, sin embargo, las diversas armas tienen sus peculiares distintivos. En las milicias, cada cual conservará como símbolo o como recuerdo el uniforme con que ha luchado. El día de la victoria final, la Falange de Castilla o los Requetés de Montejurra, pongo por ejemplo, deben desfilar con el mismo atavío con que se cubrieron de gloria en los campos de batalla.

El primer Consejo de Ministros de la España Nacional se constituirá muy pronto. Tenemos grandes pérdidas de hombres inteligentísimos a quienes los rojos han asesinado, o que se encuentran presos o escondidos en territorio no liberado aún; pero, gracias a Dios, hay también en nuestra zona personalidades capaces, por su talento, laboriosidad y honradez, de ayudarme a conducir España hacia sus destinos gloriosos.

 

Qué ofrece de nuevo el Estado que él representa a España, respecto del anterior:

España no estaba retrasada en lo social. Las leyes no eran malas, pero se ejecutaban mal. Los gobernantes solían hacer un arma política de las leyes sociales y provocaban la lucha de clases. ¿Programa del nuevo Estado en materia social? Primero, supresión absoluta de la lucha de clases; desaparición de las huelgas y lock-outs; mantenimiento de la función arbitral, hasta ahora encomendada a los Jurados Mixtos; pronto establecimiento de un Estatuto del Trabajo, que determinará los derechos y deberes de las clases obreras y de los empresarios de la Industria. En suma: dignificación del trabajo y respeto para la producción. Queremos mejorar las últimas leyes sociales, dentro siempre de los límites y posibilidades de nuestra Economía. Todos los españoles tendrán derecho al trabajo. No hace mucho tiempo hemos publicado un decreto sobre el derecho al trabajo de los presos. Ya está en vigor.

 

 

¿Qué forma de estado tendrá España?

Si el momento de la Restauración llegara, la nueva Monarquía tendría que ser, desde luego, muy distinta de la que cayó el 14 de abril de 1931: distinta o diferente en el contenido, y, aunque nos duela a muchos, pero hay que atenerse a la realidad, hasta en la persona que la encarne. Sería, si el momento llega, un nuevo lazo de unión entre el nuevo estilo e ímpetu de las juventudes que están luchando, y las glorias tradicionales de España.

 

¿Dentro de los posibles candidatos para esa nueva Monarquía, está don Juan de Borbón?

Exacto. Don Juan de Borbón, de cuyo talento, discreción y simpatía tengo el más alto concepto, ya intentó aproximarse al frente a primeros de agosto, y hubo que rogarle saliera de España por razones fácilmente comprensibles. Posteriormente me ha escrito alegando su carrera de marino, comenzada en España y terminada en Inglaterra. Solicitaba de mí un mando en un barco de guerra, acorde con su graduación, y se comprometía, para evitar posibles conflictos, a no desembarcar nunca ni recibir a bordo ninguna visita. Pero yo no puedo acceder a sus deseos. Mi responsabilidad es muy grande y tengo el deber de no poner en peligro una vida que algún día puede sernos preciosa. Debe tener en cuenta, además, que actualmente hay dos bandos de españoles en lucha, uno de los cuales está influido por tenebrosos poderes internacionales y esclavizado por el látigo de los rusos. Pero ya los echaremos del todo, y cuando en España no queden más que españoles, si alguna vez en la cumbre del Estado vuelve a haber un Rey, tendría que venir con el carácter de pacificador y no debe contarse en el número de los vencedores.

 

¿Cómo se ve en el ámbito internacional la Causa nacional?

Cada vez mejor. Contamos con la propaganda de los representantes diplomáticos que han sido en Madrid testigos de los crímenes y atrocidades realizados por los que muchos llaman todavía gubernamentales. Lo malo es que nos conocen los Gobiernos, pero no los países, porque los rojos han derramado a manos llenas el oro, robado al Estado y a los particulares, para hacer por toda Europa una intensa propaganda de infamias y calumnias contra nosotros.

 

¿Por qué se han aceptado ayudas del extranjero para luchar en el bando nacional?

La España Nacional rechazó, al principio de la guerra, cuantos ofrecimientos se le hicieron de voluntarios extranjeros. Así, a los seis mil irlandeses que ya se ofrecieron entonces, y a muchos millares de camisas negras italianos. Pero cuando, a primeros de noviembre, los rojos presentaron en el frente de Madrid a más de treinta mil internacionales, que fueron reclutados en Francia y otros países con carteles y ofrecimientos públicos; cuando empezamos a coger prisioneros oficiales franceses y supimos que las hordas enemigas estaban mandadas por generales rusos, ya no hubo razón para que nosotros rechazáramos a los voluntarios que se nos ofrecían. Pero se limitó su número y les hemos dado únicamente un puesto de honor en la lucha contra el Comunismo internacional. Así hemos tenido, al fin, luchando a nuestro lado una bandera del Tercio, compuesta de irlandeses, y a voluntarios italianos. En nuestra legión extranjera hay soldados de otras naciones, y yo quiero rendir a todos el homenaje de mi admiración por su valor y eficacia en la lucha que sostienen, unidos a los españoles, por la causa de la civilización. En la hipótesis de que se acordara la repatriación de estos voluntarios, puede usted estar seguro de que los rojos no dejarían salir de su territorio a los extranjeros que tienen con ellos. Es público y notorio en las cancillerías, que muchos están provistos de una documentación española falsa.

 

¿Qué relaciones tienen con S.S. el Papa?

Oficiosas y cordiales, como corresponde con una nación profundamente católica. Después de los millares de sacerdotes y religiosos asesinados en la zona roja, pudiendo comprobar los sacrilegios y la destrucción de casi todas las iglesias en el territorio donde dicen que domina el Gobierno de Valencia, el Vaticano tenía que como prender el verdadero significado de ésta guerra.

 

Hablando de las fuerzas que componen el bando nacional...
Sí. Contestando a sus preguntas y a lo largo de nuestra charla, he elogiado, como se merecían en justicia, a nuestros heroicos soldaditos, a las gloriosas milicias que den su sangre en los frentes y levantan el espíritu de la retaguardia, a los voluntarios extranjeros. Quiero hacer también una mención de la aristocracia española que, quizá como pocas veces en la Historia de España, está cumpliendo ahora su misión de ejemplaridad en forma admirable. Aparte la abnegación y sacrificio de que, en general, da muestras en todos los órdenes, creo que pueden contarse con los dedos las familias de esta clase social que no tengan varios miembros en los frentes. Muchos, muchísimos, encuadrados en el Ejército, en la Falange o en el Requeté, han sabido morir cara al enemigo, mostrándose dignos, descendientes de aquellos varones que, en los campos de Flandes o en las tierras vírgenes de América, ganaron gloria y provecho para España. Algunas gentes simplistas que encuentran ocasión de criticar a una señora de alcurnia porque la ven sentada en un bar elegante, no piensan que, acaso, ha llegado allí desde el hospital donde cuida los heridos. Al antiguo señorito tan denigrado, y muchas veces justamente, es más difícil criticarlo ahora, porque si se le ve en el bar, suele tener el rostro curtido por el aire del campo de batalla y las manos ásperas de empuñar el fusil, cuando no se apoya en unas muletas o lleva un brazo en cabestrillo. Y hay que mirarlo con respeto.

 

Sobre las acusaciones de actuaciones terribles por parte del bando nacional que aparecen en los medios.

-Le voy a enseñar a usted unas fotografías de Guernica.

 

Se entiende que comentan la crueldad de las imágenes.

-Horrible, sí. A veces, la necesidad de una guerra o de una represión pueden conducir a tales horrores. Esta consideración es una de las razones que me han movido a no utilizar estas fotos que me enviaron hace unos días. Porque, fíjese usted: no son de Guernica...

 

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