1952: El Presidente William Tubman de Liberia visita La Coruña, por Carlos F. Barallobre

19 de abril de 2022 por Redacción FNFF

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Carlos Fernández Barallobre

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1952: El presidente de Liberia William Tubman junto al alcalde de La Coruña Alfonso Molina en su visita a la ciudad.

 

Por segunda vez en cuatro años, el Jefe del Estado eligió a La Coruña como punto de partida de un viaje oficial a nuestra Nación de un mandatario extranjero. Si en 1949 era el propio Generalísimo quien daba la bienvenida  en nuestra ciudad al Rey Abdullah de Jordania, ahora le tocaba el turno a William Tubman, presidente de Liberia. En esta ocasión el Caudillo no estaría presente en la llegada del gobernante africano. Sería el ministro de asuntos exteriores, Alberto Martín Artajo, acompañado de las primeras autoridades coruñesas, quienes cumplimentarían al presidente de la república de Liberia.

A las seis menos diez del jueves día 14 de agosto, William V.S. Tubman, acompañado de su esposa, hija y diversas personalidades de su país, llegaba al puerto de La Coruña.

Los muelles coruñeses, que se hallaban vistosamente engalanados con las banderas de España y Liberia, estaban atestados de público.

En espera del presidente Tubman acudieron el Capitán General de la región militar, Teniente General Francisco Delgado Serrano; Gobernador Civil, José Manuel Pardo de Santayana; alcalde de la ciudad, Alfonso Molina, acompañado de toda su corporación; presidente de la Diputación Provincial, Diego Delicado, así como otras autoridades civiles y militares.

El buque británico “Sansu” donde viajaba el presidente Tubman cruzó ante el castillo de San Antón alrededor de las cinco de la tarde, quedando anclado en el centro de la bahía. El crucero Almirante Cervera, surto en el puerto, disparó las salvas de ordenanza reglamentarias.

El ministro de asuntos Exteriores, Alberto Martín Artajo, acompañado del comandante de Marina de La Coruña, Capitán de Navío Fontenla, embarcó en una gasolinera y se dirigió al Sansu para cumplimentar  al ilustre visitante. Tubman embarcó con ellos y se dirigieron  a puerto. Al llegar al muelle, el Sansu hizo sonar su sirena y el crucero Almirante Cervera y una batería de artillería volvieron a disparan las salvas de ordenanza.

William Tubman, que vestía chaqué y se cubría con una elegante chistera, saludó a todas las autoridades y en compañía del ministro Martín Artajo y del capitán general de la región militar, Teniente general Delgado Serrano, pasó revista a una compañía del Regimiento de infantería Isabel La Católica nº 29 y a un escuadrón del regimiento de Caballería Talavera de guarnición en La Coruña y Lugo respectivamente.

 

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William Tubman y su esposa.

 

La esposa del presidente y demás damas liberianas fueron obsequiadas con ramos de flores por las esposas de las primeras autoridades coruñesas. Tubman subió a un coche descubierto en compañía del alcalde de la ciudad, Alfonso Molina y escoltado por el escuadrón del regimiento de Caballería Talavera, seguido por otros vehículos donde viajaban el ministro de asuntos exteriores y demás personalidades. Cubrían carrera fuerzas de la guarnición.

El paso del presidente Tubman por las calles de La Coruña, fue saludado con ovaciones y vítores por los miles de ciudadanos que se agolpaban en todo el trayecto de la comitiva y que ocupaban también ventanas y balcones.

Al llegar a la plaza de María Pita el público que llenaba la plaza prorrumpió en una gran ovación dedicada al gobernante africano. A la puerta del ayuntamiento, con la guardia municipal en uniforme de gran gala, Maceros, Heraldos, Timbaleros y Clarineros, Tubman fue saludando uno a uno a los miembros de la corporación. Subió por la escalera de honor acompañado por el alcalde y precedido por un grupo de gaiteros. Una vez en el salón de sesiones, Alfonso Molina le ofreció la llave de la ciudad, que no era otra que la de los toriles de la plaza de toros, magníficamente bruñida y presentada, que hacía las veces de sustituta de la llave de nuestra querida ciudad de La Coruña, robada por los ingleses en la célebre batalla de Elviña en 1809.

Precedido de la guardia municipal en uniforme de gran gala, Maceros, Heraldos, Timbaleros, Clarineros, ujieres y un grupo de gaitas del país, subió al primer piso acompañado del alcalde, ministro de Asuntos Exteriores y demás personalidades, penetrando en el despacho oficial de la Alcaldía en donde permaneció unos minutos descansando y conversando con las autoridades. Firmó en el libro de honor de la ciudad y requerido por los constantes aplausos del gentío hubo de saludar desde el balcón central del consistorio.

A continuación, pasó al salón de sesiones, en donde el alcalde Molina dio lectura a una expresiva salutación de bienvenida de la ciudad de la Coruña al Presidente de Liberia.

Una vez concluida la salutación del alcalde, el presidente Tubman descendió del palacio municipal y ocupó junto con las autoridades y representaciones una tribuna desde donde presencio el desfile de las fuerzas de la guarnición que habían cubierto la carrera oficial. Finalizado el paso de las unidades, pasaron ante el presidente diversas agrupaciones folclóricas.

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1952: Desfile de las Tropas ante el presidente de Liberia William Tubman en su visita a La Coruña.

 

Nuevamente subió al coche descubierto, y acompañado por el alcalde Molina  y escoltado por el escuadrón del Regimiento de Talavera, emprendió la marcha hacia el hotel donde quedaría alojado, recibiendo de nuevo grandes muestras de cariño por parte de la población.

A llegar al hotel el presidente Tubman hizo constar al ministro de Asuntos Exteriores su emoción por el gran recibimiento que le había dispensado La Coruña. Una hija de corta edad del gobernador, Pardo de Santayana, hizo entrega de una pareja de muñecos ataviados con el traje regional de Galicia a  la hija de cinco años del presidente liberiano.

El gobernador obsequió a la esposa de Tubman y a la señora del vicepresidente Tolbert con dos artísticas mantelerías. Sobre las ocho de la tarde, acompañado de nuevo por el alcalde, inició un recorrido por la capital que le llevó a la ciudad vieja, jardín de San Carlos, Torre de Hércules, calles y avenidas del centro, jardines de Méndez Núñez hasta llegar a la residencia sanitaria enclavada enfrente de la playa de Santa Cristina, donde recorrió sus principales instalaciones.

 

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1952: El presidente Tubman saluda a los coruñeses desde el balcón principal de Palacio Municipal.

 

A la noche el Casino de la Coruña ofreció una cena de gala en honor del presidente Tubman, que se celebró en el parque de verano, el recordado Leirón en el camino nuevo. En la impecable cena y posterior fiesta también estuvieron presentes además del alcalde, la corporación municipal y primeras autoridades, la directiva del Casino con su presidente al frente, el elegante Forito Blanco Taboada.

Al finalizar la cena y antes de iniciarse la verbena, se quemó una bellísima sesión de fuegos de artificio en honor de míster Tubman, que regresó a su hotel pasada la una y media de la madrugada.

El viernes día 15, el presidente de Liberia visitó Santiago de Compostela donde acompañado por el ministro Martín Artajo, las autoridades eclesiásticas le mostraron la cripta donde reposan los restos del Santo Adalid Patrón de las Españas. Almorzó en la Toja y posteriormente visitó en compañía de su séquito, la escuela Naval Militar de Marín, donde fue agasajado con diferentes regalos, pasó revista a las tropas, firmó en el libro de honor, y tuvo oportunidad de conocer las extraordinarias instalaciones que la Armada Española posee en ese precioso pueblo marinero de Pontevedra.

A primera hora de la mañana del sábado 16, míster Tubman embarcó en el puerto coruñés en el crucero Almirante Cervera que lo trasladó al Arsenal Militar de El Ferrol. Allí le esperaba el capitán general del departamento marítimo del Cantábrico, Almirante Pastor, que le dio la bienvenida. Recorrió las dependencias militares y de la empresa nacional Bazán.

Una vez finalizado el recorrido por el arsenal, el alcalde de El Ferrol, Señor Alcántara, le ofreció un homenaje popular en la plaza de España, donde una compañía del regimiento de Mérida le rindió honores y seguidamente un almuerzo en el parque Eduardo Ballester.

El presidente Tubman se despidió oficialmente de Ferrol en el monumento dedicado a los ferrolanos muertos en África y embarcó de nuevo en el crucero Cervera con destino a La Coruña.

En nuestra ciudad asistió en la plaza de toros a una novillada organizada en su honor y que contó con la intervención de los novilleros Miguel Ortas, Joselito Torres y  Luis Peláez, que lidiaron novillos de Arranz. Los tres matadores brindaron al presidente. Finalizado el festejo, donde Ortas y Joselito Torres salieron a hombros por la puerta grande, Tubman en su recorrido hacia el hotel Embajador donde se alojaba, fue objeto de multitud de muestras de cariño por parte de la ciudadanía.

 

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1952: El presidente Tubman tocado de chistera junto al alcalde Molina y al ministro de asuntos exteriores Alberto Martin Artajo

 

Desde el balcón del hotel presenció la ceremonia del relevo de la guardia que le rindió honores desde su llegada a La Coruña. El alcalde Molina ofreció en nombre de La Coruña y con sentidas palabras, varios obsequios como recuerdo de tan importante visita. Una bandeja de plata con una afectiva dedicatoria para el presidente que decía:” El excelentísimo Ayuntamiento de La Coruña a su excelencia el presidente de la república de Liberia, en recuerdo de su visita a la ciudad”; una mantilla española de color blanco de encaje de Camariñas para la esposa del mandatario; un centro de mesa del mismo encaje para la señora del vicepresidente y una gran muñeca para la pequeña hija de Tubman, quien muy complacido y emocionado agradeció los presentes.

A las once de la noche, en el palacio municipal el alcalde Alfonso Molina ofreció la cena de despedida en honor del mandatario africano. A los postres míster Tubman en perfecto inglés, traducido por el diplomático Sr. Velarde, resaltó el gran recibimiento que le brindó La Coruña y también las numerosas atenciones con que fue atendido por todas la autoridades. “Nunca olvidaré este maravilloso rincón de esta gran Nación que se llama España”.

Finalizada la cena retornó a su hotel recibiendo de nuevo las muestras de simpatía de los coruñeses, que llenaban las calles en una noche esplendida de verano.

A la mañana del día 17 de agosto, William Tubman, presidente de la república de Liberia abandonaba de forma definitiva la ciudad. Hasta el hotel Embajador, que había sido su lugar de alojamiento, se allegaron el ministro de asuntos exteriores, el alcalde y las primeras autoridades. Tubman se fundió en un largo abrazo con el alcalde Molina al que le agradeció de nuevo las maravillosas atenciones de las que habían sido objeto, rogándole transmitiera al noble pueblo coruñés  sus más expresivas gracias por el enorme cariño recibido. También Alberto Martín Artajo felicitó efusivamente al alcalde de La Coruña por la perfecta organización de los actos con motivo de la estancia en la ciudad del presidente de Liberia.

Ya en la calle y antes de subirse a un automóvil que le conduciría a San Sebastián con almuerzo en Oviedo y parada en Santander, donde pernoctó, Tubman y el ministro Martín Artajo, pasaron revista a una compañía del Regimiento de  infantería Isabel la católica nº 29 con escuadra, bandera, banda y música que rindió honores e interpretó los himnos de España y Liberia. Acompañados de cientos de coruñeses, que rodeaban literalmente la calle donde estaba situado el hotel Embajador, Tubman, agitando su chistera, se despidió hasta siempre de la ciudad de La Coruña.

El lunes 18 el Caudillo de España Francisco Franco recibió en San Sebastián a míster Tubman La ciudad donostiarra estaba engalanada con  numerosas banderas de España y Liberia  para  recibir al ilustre visitante. Miles de ciudadanos  dispensaron a míster Tubman un cariñoso y efusivo recibimiento.

Antes de la llegada del presidente de Liberia al hotel donde se había fijado su residencia, hizo acto de presencia el Caudillo de España acompañado de su esposa Carmen Polo. El Generalísimo pasó revista a una compañía del Regimiento de Montaña de Cáceres número 8, que con bandera, escuadra, banda y música, le rindió los honores de ordenanza, interpretando a su llegada el himno Nacional. El público hizo objeto al Caudillo de grandes muestras de simpatía, y adhesión, aplaudiéndole entusiásticamente.

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1952: El Generalísimo Franco recibe en el palacio de Ayete de San Sebastián al presidente de Liberia Tubman.

 

A las ocho menos cuarto llegó el Presidente de Liberia con su esposa e hija, acompañado por el ministro de Asuntos Exteriores, señor Martín Artajo. Fue recibido por el Generalísimo y juntos pasaron revista a la Compañía de honores, al mismo tiempo que era interpretado el himno de Liberia. El público, que aguantó la lluvia para testimoniar al ilustre visitante su afecto, le tributó una gran ovación que duró largo rato

A las once de la mañana del día  siguiente, en el palacio de Ayete, el Caudillo de España Francisco Franco recibió en su despacho al presidente de Liberia con quien conversó durante más de media hora. En la entrevista estuvo presente el ministro de asuntos exteriores Alberto Martín Artajo.

A la noche,  en el palacio de la Diputación Provincial de San Sebastián, tuvo lugar una cena de gala ofrecida por el ente provincial en honor de los jefes de Estado de España y Liberia.

Tras aquellas jornadas en San Sebastián, el Generalísimo Franco puso rumbo a  La Coruña, llegando a esta  a las 6'20 de la tarde del viernes 29 de agosto, a bordo del yate “Azor”.

La ciudad aparecía profusamente engalanada. Galerías y balcones lucían banderas Nacionales. Las calles, principalmente las del trayecto que había de recorrer la comitiva, se hallaban orladas con gran cantidad de  banderas con los colores Nacionales y llenas de público a uno y otro lado de la calzada. En la zona portuaria se habían colocados infinidad de mástiles con grandes Banderas Nacionales, alternando con Banderas de Falange Española y Comunión Tradicionalista. Igualmente se hallaban empavesados con los colores nacionales y banderas del código internacional de señales todos los buques surtos en el puerto.

 

 

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1952: Cena de gala ofrecida por la Diputación de san Sebastián al Generalísimo Franco y al presidente de Liberia Míster Tubman.

 

Desde primera hora de la mañana, la animación por las calles fue extraordinaria y hasta primeras horas de la tarde llegaron sin césar grandes  cantidades  de gentes procedentes  de diversos puntos de la provincia y  de la región, que querían sumarse al homenaje popular al Caudillo. En la zona de la Dársena se situaron varias centurias del Frente de Juventudes y Sección Femenina, así como corporaciones municipales y representaciones del Ayuntamiento de la Coruña y de los restantes de la provincia, Diputación Provincial. Varias bandas de música y grupos de gaiteros del país recorrieron la capital interpretando marchas militares y música gallega.

Cerca  de la escalerilla, por donde iba a desembarcar el Caudillo de España cubierta de alfombras, con pasamanos de reposteros, esperaban al Generalísimo Franco, el ministro de Marina, almirante Salvador Moreno; el director general de Seguridad, Rafael Hierro;  capitán, general de la Octava región militar y del Departamento Marítimo del Cantábrico, Teniente General Delgado Serrano y Almirante Pastor Tomasety, Gobernador civil de la provincia José Manuel Pardo de Santayana, alcalde la ciudad Alfonso Molina, Arzobispo de Santiago doctor Quiroga palacios,  y otras autoridades militares y civiles 

A las seis y veinte de la tarde el yate Azor cruzó el Castillo de San Antón, escoltado por el dragaminas “Lérez”. Al ser avistado el “Azor”, se dispararon las veintiuna salvas de ordenanza, rindiendo honores al Generalísimo, las baterías de los buques “Almirante Cervera” y  “Hernán Cortés”, que ya se encontraban en el puerto, y cuyas tripulaciones formaban en cubierta, cubriendo pasamanos. También disparó salvas de ordenanza una batería del Regimiento de  Artillería emplazada en la zona del Parrote. En ese momento las campanas de las iglesias coruñesas repicaron mientras se disparan numerosas bombas de palenque y las embarcaciones ancladas en el puerto hacían sonar sus sirenas, Mientras los coruñeses agitaban sus pañuelos al grito de ¡Franco! ¡Franco! 

A las siete menos cuarto, el Jefe del Estado abandonó el yate “Azor” y ocupó una falúa, acompañado del segundo jefe de su casa Militar, Pedro Nieto Antúnez, Esta se dirigió hacia la escalerilla de la Dársena, escoltada por multitud de embarcaciones, mientras se desbordaba el entusiasmo de los miles de coruñeses que se habían dado cita en la inmediaciones del puerto.

Al desembarcar el Caudillo fue cumplimentado por el ministro de Marina, alcalde de La Coruña, Gobernador Civil y demás autoridades militares y civiles, El Generalísimo, que vestía el uniforme de capitán general de la Armada, correspondió saludando  sonriente a las aclamaciones del público.

Tras escuchar el Himno Nacional, el Caudillo Francisco Franco  pasó revista a una compañía del Regimiento de Infantería Isabel la Católica nº29 con escuadra de gastadores, Bandera, banda y música, encargada de rendir honores, y a continuación, saludó a las comisiones militares y civiles que esperaban su llegada.

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1952: El Generalísimo Franco llega a la Coruña. Lo reciben el ministro de Marina almirante Moreno, el Gobernador Civil Pardo de Santayana y el alcalde de la ciudad Alfonso Molina.

 

En esos instantes la lluvia caía con fuerza sobre La Coruña. De todos modos el Caudillo recorrió el paseo de la Dársena, correspondiendo  a las aclamaciones que le tributaban los coruñeses. Por las condiciones climatológicas el desfile de la fuerza que rindió honores de ordenanza fue suspendido.

A las siete menos cinco el Jefe del Estado subió a su automóvil, acompañado del alcalde de La Coruña Alfonso Molina,  y seguido  de otros vehículos, en los que iban el ministro de Marina, autoridades y personalidades, emprendió la marcha para dirigirse al Pazo de Meirás. Su paso por las calles del centro de la Coruña fue jalonado por entusiásticas ovaciones y vítores del pueblo coruñés que exteriorizaba  de forma inequívoca, un año más, sus sentimientos de adhesión y afecto hacia el Caudillo de España y su gratitud por elegir de nuevo a La Coruña para pasar sus vacaciones estivales.

Al regresar del Pazo de Meirás de acompañar al Jefe del Estado, el alcalde de La Coruña, manifestó que el Caudillo le había expresado su profunda satisfacción por el entusiástico y cordial recibimiento que le había dispensado el pueblo coruñés a pesar de la lluvia torrencial que caía. Añadió que afectó principalmente al Caudillo la exteriorización de entusiasmo de un nutrido grupo de obreros del ramo de la construcción situado ante el edificio de Obras Públicas, que vestía su traje de faena y que al pasar el coche del Generalísimo detuvieron sus labores y prorrumpieron en aplausos y vítores muy entusiastas.

 

 

 

 

 

 

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