1949. Franco recibe la visita del Rey Abdullah en La Coruña, por Carlos Fernández Barallobre

21 de diciembre de 2021 por Redacción FNFF

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Carlos Fernández Barallobre

 

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 1949. El Rey Abdullah de Jordania y el Generalísimo Franco pasan revista a las tropas que le rindieron honores con motivo de la llegada a La Coruña del Monarca Jordano.

Un cinco de septiembre del año 1949, La Coruña recibió de forma clamorosa al Rey Abdullah de Jordania.

Con motivo de recibir al Rey Jordano y pasar su periodo estival, el Caudillo de España Francisco  Franco, había llegado a La Coruña el día 28 de agosto a bordo del crucero Miguel de Cervantes, que venía escoltado por los destructores José Luis Díez y Almirante Valdés. Majestuosamente el crucero Miguel de Cervantes,  fue acercándose  al muelle coruñés, sin que cesasen las aclamaciones del público que llenaba por completo la zona del puerto.

En el puente de mando del crucero se encontraba al Caudillo de España vistiendo uniforme de capitán general de la Armada, acompañado del ministro de Marina Almirante Francisco Regalado;  jefe de su Casa Militar, teniente general Pablo Martín Alonso; segundo Jefe de la Casa Civil, Fernando Fuertes de Villavicencio y  comandante del Crucero Cervantes.

Las calles y avenidas del  centro de La Coruña y en particular la zona de los muelles, se encontraban profundamente engalanadas con banderas y gallardetes. También los numerosos barcos surtos en el puerto, aparecían empavesados con las banderas del Código de señales marítimas y la enseña Nacional, mientras que en casi todas las ventanas y galerías de los Cantones, Avenidas de la Marina y Montoto,  lucían Banderas Nacionales, rojas y negras de la Falange Española, blancas con la Cruz de San Andrés o de Borgoña de la Comunión Tradicionalista  y reposteros.

El cañonero de la Armada Hernán Cortés, ya surto en el puerto fue el encargado de efectuar las salvas de ordenanza. En el momento en que el Caudillo descendió por la pasarela del Cervantes, la banda de música del propio Crucero interpretó el himno Nacional y se desbordó el entusiasmo patriótico entre los miles de  coruñeses que recibieron al jefe de Estado con gritos de ¡Franco! ¡Franco!  

Al tocar tierra, el Jefe del Estado, fue cumplimentado en primer lugar por el alcalde de La Coruña, Alfonso Molina, que le dio la bienvenida en nombre de la ciudad.

Seguidamente el Caudillo fue saludado por el Capitán General de la Región Militar, Teniente General Fernando Barrón Ortiz; Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, Rafael Hierro Martínez; Gobernador Militar de La Coruña, General Marinas Gallego y otras autoridades militares, civiles y eclesiásticas.

 

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1949 El Jefe del Estado Generalísimo Franco a su llegada a La Coruña. Junto a él alcalde de la ciudad Alfonso Molina, Ministro de Marina  Almirante Regalado, Capitán General de Galicia, Teniente General Barrón Ortiz y Gobernador Civil y Jefe provincial del Movimiento Rafael Hierro Martínez.  

Acompañado del Capitán General de la Región Militar y del jefe de su Casa Militar, el Caudillo  Franco pasó revista a una compañía del Regimiento de Infantería Isabel La Católica nº 29 con escuadra, Bandera, bandas de cornetas, tambores y gaitas y música.

Tras ello fue cumplimentado por todas las autoridades civiles y militares y por miles de  coruñeses que se agolparon por todos los muelles y calles coruñesas. Entre una doble fila de guardia de honor, formada por ujieres del Ayuntamiento, y de la Guardia Municipal, el Caudillo atravesó el pabellón de la Aduana y salió al exterior del puerto, donde, acompañado por el ministro de Marina, autoridades y personalidades, presenció el desfile de la compañía de Infantería que le había rendido honores de ordenanza, y después de despedirse de todas las autoridades, subió a su coche oficial, para trasladarse a su residencia veraniega del Pazo de Meirás, acompañado del alcalde de la ciudad.

Los miles de coruñeses que se hallaban en la avenida  rodearon al vehículo donde iba el jefe del Estado, aclamándole y ovacionándole, mientras el coche se ponía en marcha con bastante dificultad, Este se dirigió hacia la  Avenida de la Marina y los Cantones, que también se encontraban abarrotados de coruñeses. A las ocho de la tarde, el Caudillo salió de La Coruña, seguido de una numerosa caravana de coches, en las que iban las primeras autoridades coruñesas.

El día 3 de septiembre, dos días antes del magno acontecimiento de la llegada del monarca hachemita Abdullah, el Jefe del Estado, asistió en la Plaza de Toros de La Coruña a presenciar una novillada que lidiaron Calerito, Litri y Antonio Ordóñez. El recinto, completamente abarrotado, contó con la presencia en las gradas de los marinos de la flota Norteamericana, que habían llegado al puerto de El Ferrol, en visita oficial. Era la primera vez en la historia que la Marina de los Estados Unidos visitaba tierras gallegas. Y la primera visita que hacía a un puerto español desde la guerra Hispano-Norteamericana de 1898.  Su presencia en la plaza fue acogida con grandes aplausos. El coso estaba adornado con profusión de banderas de España, reposteros y dos grandes banderas con las barras y las estrellas, como signo de amistad y cortesía hacia la Nación norteamericana.

Además de la presencia del Generalísimo Franco, también se hallaban en la plaza, en lugar preeminente, el Almirante Connolly, jefe de la escuadra americana; el almirante de la flota española, Moreno, así como las primeras autoridades militares con el capitán general, Teniente General Fernando Barrón Ortiz al frente, además de otras autoridades civiles como el Gobernador Hierro Martínez y el alcalde de la ciudad Alfonso Molina. La escuadra yanqui, que había arribado al puerto departamental la componían, el buque insignia Columbus y lo destructores Jeneau, Stribling y Bordelon.

A las puertas de la plaza de toros, el alcalde Molina recibió personalmente al Caudillo y al almirante Norteamericano, quien ya a primeras horas de la tarde había sido cumplimentado con todos los honores tanto en capitanía general como en el gobierno civil. El almirante Connolly había llegado a La Coruña procedente de El Ferrol, a bordo de la fragata de la Armada española Pizarro, mientras que otros mandos, oficiales, suboficiales y marinería de la escuadra americana, lo hicieron embarcados en el cañonero Vicente Yáñez Pinzón y en el dragaminas Lérez.

 

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1949 El Caudillo de España y su esposa Carmen Polo, en el palco presidencial de la plaza de toros coruñesa.

 

Durante la corrida, que los marinos norteamericanos siguieron con inusitado interés, estos recibieron como regalo algunos pares de banderillas. Los tres espadas, brindaron sus toros al Caudillo.

En el descanso de la corrida actuó la espectacular Banda Jalifiana, que había llegado a La Coruña para participar en los actos de bienvenida  al Rey Abdullah de Jordania. Sus integrantes, que lucían vistosos uniformes multicolores, llamativos y brillantes, con sus instrumentos típicos y los malabarismos  del tambor mayor de la banda, fueron una nota de color en la corrida, que el público subrayó con ovaciones y aplausos. La banda recorrió el anillo de la plaza de toros coruñesa, interpretando una marcha militar española.

Al finalizar el espectáculo taurino, el Caudillo se despidió de los tres diestros, del almirante americano y de las demás autoridades. Mientras Connolly y sus mandos se dirigieron al parque del Casino de la Coruña, el Leirón de Juan Flórez, donde  la directiva de la sociedad, les  agasajó con una fiesta en su honor.

El lunes día 5, el Rey Abdullah de Jordania llegaba a La Coruña. Desde primeras horas de la tarde, la ciudad era ya un hervidero de gente. La Coruña lucía hermosa, radiante, engalanada con banderas de España y Jordania.

A las cinco y media de ese lunes, el buque inglés  Higland Brigade, allegaba a puerto coruñés al Rey Abdullah de Jordania, que venía acompañado por su hijo Naif y su nieto, el príncipe Hussein, que años más tarde ocuparía el trono del país del oriente medio. El general Franco esperaba en el muelle la llegada del ilustre visitante.

En una falúa se desplazó hasta el trasatlántico inglés, el ministro de Asuntos Exteriores, Martín Artajo, quien dio la bienvenida a España al monarca de setenta y siete años, que pisaba por primera vez tierra española. Abdullah embarcó en la misma falúa, acompañado por el ministro de asuntos exteriores y por el comandante Militar de Marina de La Coruña, capitán de navío  Fontenla Maristany.

 

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1949 El jefe del Estado Francisco Franco recibe al monarca jordano Abdullah en el puerto de La Coruña.

 

El rey Abdullah vestía una larga levita negra con turbante blanco. Franco y el rey se estrecharon efusivamente las manos. Los dos escucharon los himnos Nacionales de ambos países, interpretados por las bandas de música del Regimiento de  Infantería Isabel la Católica y Jalifiana y pasaron revista a la compañía de honores.

El rey fue invitado poco después a pronunciar unas palabras ante los micrófonos de Radio Nacional de España. Entre otras cosas dijo: “Agradezco al noble pueblo español, representado por su amado Jefe de Estado, el haber aceptado esta visita mía”. Franco por su parte le contestó: “Al recibir la visita en tierra española del Rey del Jordán, todo nuestro cariño para el pueblo musulmán”.

Terminados los parlamentos, el Generalísimo Franco y el Rey Abdullah, subieron a un coche descubierto, escoltado por la impresionante y vistosísima Guardia Mora. Recorrieron el trayecto que va desde el puerto hasta la Plaza de María Pita, arropados por una enorme multitud que sobrepasaba las cincuenta mil personas. Cubrían carrera fuerzas de la guarnición de La Coruña.

La Plaza de María Pita estaba bellísima, llena de reposteros, banderas de ambos países y mantones de Manila que colgaban de los balcones de muchas viviendas. Frente al ayuntamiento estaban situados  los coros y grupos folclóricos de la región. En los soportales del Palacio Municipal esperaba el Alcalde Molina y su corporación bajo mazas, con el pendón de la Ciudad, así como la Guardia Municipal en uniforme de gala.

Al apearse del coche, Franco y el rey, un conserje del ayuntamiento con uniforme de gala y tricornio, ofreció a Abdullah la llave de la ciudad y el alcalde su bastón de mando al Caudillo. Por cierto la llave de la ciudad que se le entregó al Rey jordano, pertenecía a los corrales de la Plaza de Toros ya que La Coruña no tenía ni tiene en la actualidad llave, puesto que se la llevó en enero de 1809, -durante los sucesos de la batalla de La Coruña en  la guerra de la Independencia española 1808-1814-, un oficial inglés al cerrar la puerta del frente de tierra, situada donde hoy, en el inicio del ensanche, está la plaza de Mina, momentos antes de intentar embarcar en el puerto ante el acoso del ejército imperial francés. El ingenio coruñés convirtió entonces a una humilde llave de un toril en la llave de una señorial ciudad. A día de hoy existe una réplica de la mencionada llave en el Museo Militar, gentilmente cedida por el que fuera  alcalde, José Manuel Liaño Flores. La verdadera sigue en manos de los ingleses.

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1949 El Caudillo de España y el Rey Abdullah en coche descubierto llegan a la plaza de María Pita.

 

Una vez recibida la llave, el Rey Hachemita subió la escalera de honor y en el despacho del alcalde firmó en el libro de oro de la ciudad. En árabe, estampó en el libro de honor lo siguiente: “En agradecimiento a la Corporación Municipal de La Coruña que ha dispensado una calurosa acogida  a nuestra visita”.

Seguidamente Franco y Abdullah salieron al balcón principal del palacio municipal desde donde fueron objeto de un caluroso recibimiento por parte de público que agitaba pañuelos blancos y miles de banderitas de España y Jordania. Una vez saludada la multitud, se inició el desfile militar, que duró algo más de veinte minutos y que las autoridades presenciaron desde una tribuna situada en la puerta principal del consistorio. Iba al mando de desfile el general gobernador militar Mariñas Gallego, que recibió, al igual que las tropas, -todas ellas de guarnición en la ciudad-, ingentes muestras de cariño y admiración.

Al termino del desfile, Franco y el rey, otra vez en coche descubierto y rodeados por los caballos de la Guardia Mora, se dirigieron hacía el hotel Embajador, lugar de residencia coruñesa del rey Jordano. Por cierto el hotel Embajador fue “saneado” a conciencia por el séquito del monarca jordano. Se llevaron todo lo que les pudiese servir de utilidad. Desde toallas a sábanas, pasando por jabones, ceniceros, grifos y alguna que otra bombilla. Es más, a pesar de que su religión le prohibía explícitamente  tomar bebidas alcohólicas se tiraron  al bocoy del brandy, más que brandy, salta parapetos, y se bebieron el mar del Orzán y Riazor juntos.

 

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1949 Presidencia oficial situada en la plaza de María Pita con motivo de la visita a España del Rey Abdullah de Jordania.

 

Una vez en el hotel, Abdullah tuvo que salir al balcón del establecimiento hotelero, a saludar a los miles de coruñeses que se habían concentrado ante la puerta de entrada. Emocionado dijo al Alcalde Molina, que le había impresionado el espectáculo de mujeres y niños, intentando acercase al coche para saludarlo. Sobre las ocho de la tarde, el Rey Abdullah, acompañado por el alcalde Molina y el Gobernador civil, Hierro Martínez, realizó una visita a la Ciudad Vieja, donde rompiendo el protocolo se mezcló con la gente que le saludaba cordial y afectuosamente.

A las doce y media del mediodía del día siguiente, el gobernador civil Rafael Hierro fue a buscarle al hotel Embajador para acompañarlo al pazo de Meirás, donde el Caudillo Franco le recibiría en audiencia oficial.

A la puerta del pazo, Franco recibió al monarca jordano a quien saludó cordialmente. Ambos, acompañados por el ministro de Asuntos Exteriores Martín Artajo y el profesor  García Gómez, que ejerció de intérprete, pasaron a la biblioteca donde el Caudillo impuso al rey Abdullah, la Gran Cruz del Mérito Militar y al príncipe Naif, su hijo, la Gran Cruz del Mérito Civil. Por su parte, Abdullah condecoró al Generalísimo Franco con la más alta condecoración del reino de Jordania.

El Generalísimo Franco ofreció un almuerzo en su honor y alrededor de las cuatro y media de la tarde, el rey jordano regresó al hotel Embajador. A las ocho de la tarde, en el parque de verano del Casino de La Coruña, el Leirón, se celebró una gran fiesta en su honor.

El Rey llegó acompañado por el Caudillo Franco, arropados por la escolta motorizada del jefe del Estado. A las puertas del Leirón, fueron recibidos por el presidente de la sociedad, Enrique Méndez Nava y su junta directiva. El parque del Casino, donde se celebró una cena, estaba elegantemente engalanado e iluminado, algo que sorprendió gratamente al monarca hachemita.

A la brillante cena asistieron el ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín Artajo, la hija de Generalísimo Franco Carmen Franco Polo,  las primeras autoridades coruñesas, así con el séquito del monarca jordano. Dos orquestas, grupos folclóricos, la Banda y Nuba Jalifiana se encargaron de animar la grata velada.

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1949 El Generalísimo Franco recibió en el Pazo de Meirás al Rey Abdullah y su séquito.

 

Sobre las diez y media de la noche, los ilustres invitados abandonaron el parque del Casino para encaminarse hacia el Hotel Embajador.

Allí, a sus puertas, estaba situada la Banda Jalifiana, que interpretó diversas composiciones. Franco y el rey subieron a la terraza del hotel desde donde presenciaron una magna sesión  de fuegos artificiales, lanzados desde la bahía. Las luces de los buques de guerra atracados a puerto y las luminarias de los cohetes dieron al cielo coruñés una fantástica y espectacular luminosidad.

Al día siguiente el monarca, realizó una amplia visita a La Coruña. Caminó por sus calles y visitó lugares emblemáticos. El consistorio le regaló dos candelabros de plata. En su último día de estancia en La Coruña, el monarca Hachemita hizo llegar al alcalde Molina, una misiva en la que entre otros párrafos decía:” Jamás olvidare el espectáculo que me ofreció este simpático pueblo en el que he tenido la dicha de desembarcar a mi llegada a España. Las escenas de mujeres y niños, tratando de acercarse a impulsos de cordialidad y de entusiasmo, quedarán grabadas para siempre en mi memoria”. 

Esos días el eximio escritor Wenceslao Fernández Flórez, declaraba en un diario italiano: “España nada pide a los que intentan aproximarse nuevamente a ella. España está hoy precisamente donde estaba en julio de 1936. Hay países que se aproximan o se apartan de nosotros, según sople el viento del sectarismo o los intimide la actitud de la URSS. Nosotros somos el litoral firme y ellos son los barcos de vela. Ahora, por ejemplo, el miedo al comunismo, les aproxima a nosotros”.

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 1949 El Generalísimo Franco y el rey Abdullah de Jordania con el presidente del Casino, Enrique Méndez Nava durante su visita al parque del Leirón del Casino de La Coruña.

 

Abdullah abandonó La Coruña el día 9 de septiembre, dirigiéndose al aeródromo de Guitiriz donde embarcó en un Douglas DC-3 con rumbo a Madrid. Hasta el 17 de septiembre recorrería varias ciudades españolas. En ese día, desde Barcelona, embarcó en el buque de la Armada Española, Pizarro, que le llevaría de regreso a su tierra. El consistorio coruñés dedicaría una calle en la zona de Fernando Macías, al monarca del reino de Jordania.

Abdullah sería asesinado por un integrista palestino en julio de 1951, cuando visitaba la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén. El reino de Jordania y el Líbano  intentaban firmar unos convenios de  paz con Israel. Cuatro días antes, en Amman, había sido asesinado el ex primer ministro libanés  Riad Al-Solh Bey. En el atentado, se salvó milagrosamente su nieto Hussein. Una medalla que llevaba en el pecho, desvió la bala y le salvó la vida. Hussein sería  rey de Jordania durante un largo periodo de tiempo de 1952 a 1999, año de su fallecimiento.

 

 

 

 

 

 

 

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