El imperecedero tesoro intelectual de Luis Díez del Corral, por Pedro C. González Cuevas

26 de septiembre de 2019 por Redacción FNFF

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Pedro Carlos González Cuevas

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A nivel cultural, la era Franco ha sido reducida a una especie de esperpéntico “erial”, por utilizar la expresión de Gregorio Morán. Que esta interpretación haya podido ser tomada en serio, aunque sólo fuese por un momento, es buena muestra del bajo nivel intelectual de un influyente sector de nuestra opinión pública. Y es que el discurso de la denominada “memoria histórica” resulta por completo inválido a la hora de ofrecer una interpretación razonada de la etapa franquista, porque ignora, entre otras cosas, la complejidad social, política y cultural del período. Este discurso tiende a reducir lo complejo a lo simple, aún a riesgo de mutilarlo y caricaturizarlo; supone el triunfo del maniqueísmo sobre la distinción y la complejidad; significa, en fin, una perspectiva maximalista y dogmática que contribuye a demonizar todo un período de la reciente Historia de España. Por otra parte, es preciso señalar, por si hubiese alguna duda, que no se encuentra entre las facultades de ningún régimen político la de determinar la creación de formas superiores de cultura. El arte, la literatura, la Historia o la filosofía se han desenvuelto al margen de las situaciones políticas y sociales concretas. Ninguna de ellas es de improvisación fácil, cuya existencia dependa de una evolución política, social o económica concreta.

En el campo historiográfico, la dictadura franquista fue una etapa de amplia expansión y desarrollo de diversas obras, metodologías y temáticas. En mi opinión, sus principales figuras fueron Jaime Vicens VivesJesús Pabón Suárez de UrbinaJosé Antonio Maravall y Casesnoves y Luis Díez del Corral y Pedruzo. En el campo de la historia de las ideas políticas, destaca la figura, hoy quizás un tanto olvidada, de Luis Díez del Corral. Nacido en Logroño, el 5 de julio de 1911, Diez del Corral recibió, en la Universidad de Madrid, la influencia de José Ortega y GassetManuel García Morente y Xavier Zubiri.

Como buen orteguiano, fue un hombre de formación germánica. Pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios, recibió en Berlín y Friburgo las lecciones de Nicolai HartmannCarl Schmitt y Friedrich Meinecke. Al estallar la guerra civil, en la que su padre fue asesinado por los revolucionarios, Díez del Corral dio su apoyo a los sublevados. A pesar de que ocupó cargos de carácter cultural en el nuevo régimen, nunca se sintió excesivamente tentado por la política activa. En un primer momento, se mostró próximo al denominado falangismo liberal; pero pronto abandonó esa opción próxima a una política de fe, por lo que el filósofo británico Michael Oaskeshot  denomina política de escepticismo, básicamente liberal-conservadora.

Junto a José Antonio Maravall formó, en la Universidad Complutense de Madrid,  un prestigioso tándem de Historia de las Ideas e Historia del Pensamiento Político, muy celebrado entre sus alumnos. Traductor temprano de Friedrich Hölderlin, valoró muy positivamente, desde el punto de vista ideológico, la figura de Lorenz von Stein, como representante de un conservadurismo con fundamentos históricos y sociológicos. Sin embargo, su interés se centró igualmente en el pensamiento de los liberales franceses.

En la significativa fecha de 1945, publicó El liberalismo doctrinario, en cuyas páginas analiza la trayectoria política e intelectual de las grandes figuras del doctrinarismo francés: GuizotRoger Collard, el Duque de Broglie, etc; y su influencia en el liberalismo español, cuya base social era para Díez del Corral más de origen hidalgo que propiamente burgués, en la obra de Martínez de la RosaAlcalá GalianoDonoso Cortés y, sobre todo, en Cánovas del Castillo. Publicado por el Instituto de Estudios Políticos, en su temática y desarrollo puede verse la inclinación de Díez del Corral al paradigma de la política de escepticismo: equilibrio de poderes, gobierno mixto, historicismo, templanza, flexibilidad. Posteriormente, Díez del Corral  señaló que el leitmotiv del libro era la búsqueda, tras la guerra civil, de una alternativa política moderada cuyo modelo era el régimen de la Restauración. El libro fue traducido al francés y al alemán y valorado positivamente por Friedrich Hayek y su amigo Raymond Aron.

 

No menos importante fue El rapto de Europa, donde analiza la influencia de la cultura europea en el resto del mundo, a través de sus conquistas técnicas, científicas e incluso en su vertiente mitológica. A ese respecto, estimaba que la Europa raptada, con la expansión planetaria de su cultura, tendría que redimirse por sí misma, reactualizando “el viejo e imperecedero tesoro del humanismo antiguo y cristiano”. La obra fue traducida al inglés, al alemán, al francés, al holandés, al italiano y al japonés. Entre sus grandes lectores y admiradores nipones, se encontraba el escritor Yukio Mishima. Tras más de cuarenta años sin salir al mercado, El rapto de Europa ha sido recientemente reeditado por Ediciones Encuentro.

Junto a su amigo Raymond Aron, Díez Corral fue uno de los grandes intérpretes y defensores de la obra de Alexis de Tocqueville, como pensador liberal y analista del proceso de democratización de las sociedades occidentales. En ese sentido, destacan sus libros La mentalidad política de Tocqueville con especial referencia a Pascal El pensamiento político de Tocqueville. Igualmente, son notables sus estudios sobre Montesquieu y sus relaciones con España.

Entre sus discípulos, destacan historiadores y politólogos de distintas trayectorias políticas e ideológicas, como José Álvarez JuncoCarmen IglesiasAntonio ElorzaDalmacio Negro Pavón o Javier Varela Tortajada. Sin embargo, su influencia se eclipsó a partir de los años setenta con la eclosión en las aulas universitarias del marxismo historiográfico representado, entre otros, por Manuel Tuñón de Lara.

Fue miembro de tres Reales Academias: Bellas Artes, Historia y Ciencias Morales y Políticas; de esta última también fue su presidente. Recibió en vida algunos premios oficiales de gran prestigio como el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales y el Internacional Menéndez Pelayo, así como el de doctor honoris causa por La Sorbona. Pese a ello, su obra cayó el olvido. Todavía recuerdo un artículo suyo en ABC defendiendo la actualidad de los planteamientos políticos de Montesquieu, frente a las opiniones del líder socialista Alfonso Guerra.

En esta hora baja de España, en la que más que nunca necesitamos iconos intelectuales de referencia, la figura y la obra de Luis Díez del Corral ha de ser recuperada y revalorizada.

 

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