La oración de Franco al Sagrado Corazón de Jesús, por Carmelo López-Arias

31 de mayo de 2019 por Redacción FNFF

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Carmelo López-Arias

 

Las cosas no se hacen solas ni suceden porque sí.

En las primeras jornadas de la Guerra Civil, milicianos del Frente Popular asesinaron a cinco jóvenes de Acción Católica que protegían el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, fusilaron la imagen, la dinamitaron y trituraron a piqueta los restos.

Ahí pudo concluir por la historia del Monumento.

Pero el 18 de julio de 1939, apenas concluida la guerra, se bendijo la primera piedra del nuevo, aunque las obras no comenzasen realmente hasta 1944. Pronto se vio, sin embargo, que la movilización civil y eclesiástica para financiarlas mediante suscripción popular se revelaba insuficiente para sufragar los gastos. El pueblo español vivía en la escasez.

Y ahí también pudo concluir la historia del Monumento.

Pero el 17 de mayo de 1946, un decreto del Ministerio de la Gobernación, con la firma de Francisco Franco, dispuso que la Dirección General de Regiones Devastadas llevase a cabo la ejecución de las obras “con cargo a sus presupuestos del presente y de futuros ejercicios”. El decreto puso esas obras bajo el amparo del decreto de adopción de 23 de septiembre de 1939, que llevaba también la firma de Francisco Franco, instrumento ejecutivo mediante el cual el Estado, ante la “magnitud de la destrucción” en algunas localidades, asumía los costes de la reconstrucción, incluyendo como beneficiarios, entre otros, “los templos parroquiales y sus anejos”.

Es así como nació el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús que hoy conocemos. Lo que media España quiso destruir y la otra media no tenía dinero para rehacer, lo reconstruyó la España entera por decisión personal de quien la gobernaba, a quien nadie obligaba a ello.

El  25 de junio de 1965 fue solemnemente inaugurado. Acudieron Franco, el Príncipe Juan Carlos, las máximas autoridades eclesiásticas, civiles y militares y miles de personas, y se leyó un telegrama del Papa Pablo VI. Aquel día Franco renovó la consagración de España con la misma fórmula, ligeramente actualizada, que había empleado Alfonso XIII en 1919.

 

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Y el 30 de mayo de 1969, al cumplirse el quincuagésimo aniversario de aquel acto, Franco convocó a las mismas personalidades con idéntica solemnidad y leyó personalmente la siguiente oración:

“Sagrado Corazón de Jesús, Corazón del Dios-Hombre, Redentor del mundo, Rey de reyes y Señor de los que dominan.

»España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante este Trono de tus bondades que para Ti se alza en el centro de la Península. Todas las razas que la habitan, todas las regiones que la integran han constituido en la sucesión de los siglos y a través de comunes azares y mutuas lealtades esta gran Patria española, fuerte y constante en el amor a la religión y en su adhesión a la Santa Iglesia.

»Siguiendo la tradición católica de nuestro pueblo y continuando gozosos la historia de fe y devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que Vos vinisteis a la Tierra a establecer el Reino de Dios en la paz de las almas redimidas por vuestra Sangre y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra santa Ley; reconocemos que tenéis por blasón de vuestra Divinidad conceder participación de vuestro poder a los gobernantes de los pueblos, y que de Vos reciben eficacia y sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz. Vos sois el camino seguro que conduce a la posesión de la vida eterna; luz inextinguible que alumbra los entendimientos para que conozcan la verdad y el principio propulsor de toda vida y de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de vuestra gracia todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el alma.

»Venga, pues, a nosotros vuestro Santísimo Reino, que es Reino de justicia y de amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la ciencia y de las letras y en nuestras leyes e instituciones patrias.

»Gracias, Señor, por habernos distinguido como defensores de tu fe y misioneros de tu Evangelio por los confines del mundo. Que tu Providencia amorosa nos conserve la integridad de nuestras creencias, la sed amorosa de evangelización y la unidad religiosa de nuestra Patria.

»Desde estas alturas que para Vos ha elegido España como símbolo del deseo que la anima de que presidáis todas nuestras empresas, bendecid al mundo del trabajo para que reinen en él la armonía, el bienestar y la paz, con la implantación de la justicia social y el triunfo de la caridad entre todos.

»Bendecid a los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, brazos armados de la Patria, para que en la lealtad de la disciplina y en el valor de sus armas sean siempre salvaguarda de la nación y defensa del Derecho.

»Bendecid a todos los españoles que, unidos en la cordialidad de unos mismos santos amores a la religión y a la Patria, queremos renovaros la consagración de nuestra vida, pidiéndoos, como premio de ella, el morir en la seguridad de vuestro amor y en el regazo de vuestro Corazón adorable”.

 

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