¡Bienvenido, Mister Marshall! Los acuerdos con los americanos, por Erik Norling

03 de agosto de 2021 por Redacción FNFF

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Al concluir la Segunda Guerra Mundial eran pocos los que creyeron en la supervivencia del régimen del general Franco. En 1946 se impuso una especie de bloqueo internacional que implicó el cierre de la frontera terrestre con Francia y la posterior resolución de la ONU con la retirada de los pocos embajadores que quedaban en Madrid (con algunas excepciones como Argentina o el Vaticano). Fueron años en los que todos los esfuerzos por romper el asilamiento fueron prioritarios para el ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por el dirigente católico Alberto Martín-Artajo. La evolución de la Guerra Fría hizo soplar vientos favorables que concluyeron en 1953 con la firma de los acuerdos militares y económicos que dieron paso a la construcción de las bases militares americanas en la Península, primer paso para la entrada de España en las organizaciones internacionales, la más significativa la ONU en 1955, que supuso que España fuera reconocida como país de pleno derecho en los foros internacionales. Poco después comenzó el desarrollo económico español que originó una transformación radical de la sociedad.

Los historiadores postfranquistas han sido críticos con la política exterior de esa etapa, en especial con el asunto de las bases americanas que fueron consideradas como una cesión de la soberanía y ejemplo de la ineptitud de los dirigentes franquistas para negociar condiciones aceptables que casi hicieron España una colonia de la potencia atlántica. Que su obsesión y urgencia por concluir unos acuerdos para salvar el debilitado Régimen les empujó a ello. Una vulgata que persiste hasta hoy. ¿Pero que hay de verdad en ello? La realidad es que fueron los americanos los que dieron el primer paso, los que constantemente tuvieron que ceder ante los persistentes negociadores franquistas, que arrancaron mucho más de lo que en un principio estaba dispuesto Washington a ceder.

A finales de 1948 la administración Truman seguía con sus reticencias al modelo católico y autárquico del régimen de Madrid. Sin embargo, la Guerra Fría estaba a punto de recrudecerse y los estamentos militares de Washington comenzaron a poner el foco en la importancia de la Península Ibérica como pilar de una estrategia defensiva en Europa occidental en caso de conflicto bélico con la URSS. El primer paso lo dio Acheson, el Secretario de Estado americano, que intentó en la primavera de 1949 que se suscribiese con Madrid un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, que tendría como modelo el suscrito con Italia el año anterior. Era un paso muy importante que implicaba el reconocimiento de pleno del Gobierno de Franco y sobre el que muy pocos historiadores han puesto su atención. Sin embargo, Madrid se negó a suscribirlo al incluir una cláusula que exigía una excesiva liberalización política.

La vuelta de los diplomáticos

Ante la resistencia española, los americanos siguieron insistiendo en que había que salir de la autarquía económica y relajar el carácter confesional católico, para permitir la libertad de culto de los protestantes. Mientras tanto, en 1950 estalló el conflicto de Corea y la tensión en Europa con los soviéticos se acrecentó. Era preciso llegar a un acuerdo con el régimen español, insistieron los analistas militares del Presidente americano. El primer logro llegó en noviembre de 1950 cuando se votó la trascendental resolución 386 (V) de la Asamblea General de la ONU, que levantó las sanciones. En el año 1951 se produjo el regreso de la mayoría de los embajadores a Madrid, además de los nombramientos por parte española para cubrir las plazas relevantes (Londres, Washington, París, Bonn, etc.).

Mientras esto sucedía, los americanos tomaron la trascendental decisión de abrir negociaciones con los españoles para suscribir unos acuerdos defensivos. El nuevo Gobierno de Franco de ese año diseñó como líneas maestras de la hoja de ruta exterior un acercamiento económico y defensivo a la potencia estadounidense para asentar el papel de España en el proyecto de seguridad occidental con una modernización de las FF.AA. y el fortalecimiento de la economía. Entre abril de 1952 y septiembre de 1953 se sucedieron intensas negociaciones, donde los interlocutores americanos quedaban siempre perplejos ante las tácticas españolas, como los despachos desclasificados en los archivos americanos reflejan. Cuando creían que habían obtenido un avance, los españoles volvían para solicitar un aumento de las partidas económicas.

Cambio de modelo económico

El hecho de que el nuevo Presidente, el general Eisenhower, no tenía antipatía por el General Franco (de hecho visitaría Madrid en 1955), hizo aceptar las propuestas españolas e implicó la llegada de una ingente cantidad de divisas americanas y equipamiento industrial, tecnológico y agrícola, que equivalía al 20% anual de los Presupuestos generales del Estado de la fecha. Una inyección económica sustancial, aunque fuera en parte casi de forma íntegra destinadas a defensa, contribuyó a modificar la economía española, pese a las resistencias de muchos sectores que se habían enriquecido con la autarquía. El éxito para el Régimen fue enorme.

Por otro lado, no se puede negar que conllevó una cesión de soberanía en cuanto a la jurisdicción de las bases militares y la cláusula secreta en forma de protocolo adicional. Éste permitía el uso unilateral por parte de los americanos de las instalaciones militares en caso de conflicto era dudosa. Hubo discusiones en el seno del Gobierno, con algunos ministros reacios, pero el Jefe del Estado español, ansioso por concluir las negociaciones, no compartió que fuera un aspecto esencial para demorar la firma. Si Europa era agredida por los soviéticos, España no podría permanecer neutral. De todas maneras, fue un asunto que en las futuras renegociaciones, en especial en la etapa de Castiella en el Palacio de Santa Cruz, siendo derogada la cláusula secreta con la firma del Acuerdo de Amistad y Cooperación de 1970 entre la potencia americana y España por parte del ministro Gregorio López Bravo.

 

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