Hablemos del mundo del trabajo, por Pedro González-Bueno Benítez

04 de enero de 2022 por Redacción FNFF

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Pedro González-Bueno Benítez

Dr. Ingeniero de Minas

 

 

Doctores tiene la Iglesia que pueden hablar del Mundo del Trabajo como expertos en la materia, cosa que yo no soy y si escribo sobre ello se debe a dos razones:  por ser hijo del autor del Fuero del Trabajo y haber sido trabajador 20 años, en la era de Franco y otros 20 estando vigente la Constitución de 1978. Por la primera razón voy a recurrir, en primer lugar, al saber de Don Luis Garcia Chillón para conocer comparativamente lo que fue la legislación sobre el tema en el régimen de Franco y lo que establece la Constitución de 1978. Para ello transcribo lo publicado por la Revista Altar Mayor en su nº 80:

  … “Os cuento. Con motivo de la aparición de un artículo sobre Jose Antonio Girón, publicado en las páginas de Altar Mayor, D. Pedro Gonzalaez-Bueno Benitez, hijo de D. Pedro González- Bueno y Bocos (+), me dirigía una cariñosa carta en la que, con toda justicia , me recordaba que siendo su padre Ministro de Organización y Acción Sindical, y en plena Guerra de Liberación, como desarrollo de la Declaración VII del Fuero del Trabajo, se dictan las normas fundacionales y reguladoras del funcionamiento de las Magistraturas del Trabajo.

     Por eso, y siendo asi, resulta justo y necesario que se conozca esta importantísimo dato histórico, …

    En esa línea se hace preciso empezar la casa por los cimientos, sin concesión alguna al sentimentalismo, y con la frialdad objetiva del derecho comparado, afirmar, de entrada y sin género de dudas, que los derechos reconocidos, y posteriormente reconocidos por norma positiva, que contenía el Fuero del Trabajo, son superiores, de más hondo calado social en suma, que los que proclaman los artículos 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42 y 50 de la Constitución de 1978.

     De entrada, el Estado que nace el 18 de julio de 1936  <<acude al plano de lo social con la voluntad de poner la riqueza al servicio del pueblo español, subordinando la economía a su política>>.

      La Constitución Española de 1978, en un breve Preámbulo con vocación de síntesis de principios, se refiere a <<garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo>>. No cabe duda que mucho más avanzado, socialmente hablando, resulta el Preámbulo del Fuero que el de la Constitución, y eso sin entrar en comparaciones de todo un Texto Fundamental de XVI Declaraciones, por contra de los nueve artículos , desperdigados en dos Capítulos, del Título primero de la Constitución Española.

     A los trabajadores españoles se les ha escamoteado (convertido en doctrina del Tribunal Constitucional), los derechos adquiridos que les otorgó el Fuero del Trabajo, y sólo desde la mezquindad más rastrera se puede valorar más positivamente el artículo 35 de la Constitución, que retrotrae a los trabajadores al estadio inmediatamente posterior al de << siervos de la gleba>>, cuando siguiendo las corrientes liberales de la Revolución Francesa se <<declara el derecho a la libre elección de profesión u oficio>>.

      Los trabajadores españoles hacía años que estaban redimidos de la esclavitud, sin necesidad de declaraciones constitucionales que reconocieran ese derecho; por lo que los principios del célebre Arene-Robert-Jacques Turgot, ya estaban incorporadas a la legislación social del Estado.

        La Declaración I, con sus ocho apartados, es todo un tratado de política social, dignificando el trabajo, elevándolo a la condición de <<los más nobles atributos de jerarquía y de honor>>, reconociendo el derecho al trabajo que tutelará el Estado, así como la obligación de  todos los españoles, no impedidos, de su tributo al patrimonio nacional.

      De ese concepto del trabajo, revolucionario para la época, se nutre el Estado del 18 de Julio, dando una dimensión nueva, inédita también hasta ese momento, que rescata al trabajador de la explotación singular que lleva padeciendo desde siglos, y sin que permita al propio Estado mirar impasible, como si con el no fuera la cosa, la lucha social. … “

 

Entiendo que el breve, pero profundo análisis comparativo del Sr.Garcia Chillón, entre lo que fue y lo que es hoy la legislación laboral en España, puede explicar, también brevemente pero en profundidad, lo que fue la España de Franco y la que hoy vivimos. ¡Así de simple!.  La unidad, la paz, la justicia y la estabilidad del Mundo del Trabajo es posiblemente el más importante pilar para la convivencia, el progreso y la felicidad de los pueblos. Consciente de ello, Franco, el 24 de Abril de 1938, en plena guerra civil, y a los tres meses escasos de la  constitución del primer Gobierno Nacional, con el Fuero del Trabajo establece los principios de la política económica-social, como pieza fundamental del Nuevo Estado nacido el 18 de Julio. Una vez más España se alza como adelantada del mundo, en esta ocasión, al situar el Mundo del Trabajo como actor  protagonista en el quehacer del Estado.

En efecto, vigente el Fuero, (Ley de Leyes, que pasaría a ser una de las Leyes Fundamentales), España logró, a lo largo de casi cuatro décadas, la mayor transformación de España en todos los órdenes, y todo bajo una paz social nunca igualada. Eran tiempos, en los que se entendía que “progreso” significaba creación de riqueza y no como ahora que “progresista” es el que promete riqueza, afanado en su destrucción.

Que el Alzamiento Nacional triunfara, derrotando al   comunismo en el campo de batalla, con una prácticamente total carencia de medios -sin aliados comprometidos, y por el contrario enfrentado a la poderosa Unión Soviética-, parecía imposible. Pero lo que se calificó como milagro, fue precisamente eso, la increíble transformación socio-económica que sufrió España en los 36 años siguientes.  

Entonces, la gran mayoría de los trabajadores, no había leído el Fuero del Trabajo, como tampoco ahora, han leído los 9 artículos de la Constitución relativos al tema; lógico. Pero me atrevería a decir que tanto ayer como hoy, el trabajador, sentía, vivía, respiraba, lo que es “el espíritu de la Ley”, de la Ley vigente en cada momento. Por primera vez en nuestra Historia, en la era de Franco, el Mundo del Trabajo se ordena bajo la tutela del Estado, mientras que a partir de 1976, ya en la Transición, el trabajador vuelve a los viejos tiempos de los Sindicatos Libres, al desamparo; a los viejos tiempos de nefasto recuerdo.

Dicho lo que antecede, creo oportuno recordar lo que me contó mi padre de la reunión que gentilmente convocó Enrique de la Mata Gorostizaga, (recién nombrado Ministro de Relaciones Sindicales en el primer gobierno de Adolfo Suarez, en 1976), a los exministros de Trabajo, para exponer lo que iba a ser la nueva política laboral. Llegado el momento en el que, el ministro manifestó su decisión de derogar la Organización Sindical vigente restaurando los Sindicatos Libres, mi padre manifestó con rotundidad su total desauerdo (creo que fue el único), haciendo ver el gran error que ello suponía, a lo que el ministro le respondió: “González-Bueno, no se preocupe, en los enfrentamientos entre empresarios y trabajadores siempre saldrá vencedor el empresario”. Con esta argumentación queda bien clara lo que fue “el espíritu” que animó a uno y otro legislador.

He trabajado en la era de Franco dos décadas, dos décadas vigente el Fuero del Trabajo, e igual tiempo, bajo lo establecido en la Constitución de 1978. Los hechos son tozudos y las hemerotecas y las obras que no se pueden ocultar ni destruir, ahí están como testigos mudos de lo que fueron años de creación de riqueza.  En esos mis  primeros veinte años de trabajo, inicialmente como ingeniero y posteriormente como empresario y ejecutivo, el desarrollo y crecimiento en todos los órdenes, fue tan espectacular que ya entonces lo manifesté diciendo que “a España se la oía crecer”. En aquellos años la burocracia no era un problema, (ni costoso, ni entorpecedor, ni motivo de pérdida de tiempo); los españoles trabajaban con orgullo, ilusión,  seguridad y estabilidad  garantizada por la fortaleza de las Instituciones; el trabajador gozaba, prácticamente del pleno empleo, de acceso a créditos, hipotecas, seguros y asistencia médica y social; las Leyes que se aprobaron a lo largo de esos años iban siempre en la misma dirección, de desarrollo y mejora; la Administración no era un ente inaccesible, tanto en temas laborales, como empresariales.  Concretamente, recuerdo la enorme ayuda que recibí de los Servicios Sindicales para nacionalizar equipos y procesos, para exportar, etc. Recíprocamente,  empresarios colaboraban, siempre gratuitamente, con la Organización Sindical y otros departamentos del Estado, aportando sugerencias y su experiencia en temas de su actividad.. Y para terminar diré que en aquellos años no había ni corrupción, ni politización discriminatoria, y todo ello con una carga impositiva ridícula. En resumen viví en una España en grandeza,  paz, floreciente, honrada, trabajadora y constructiva, en la que la dignidad del hombre fue bandera de la política social.

Lamentablemente en los últimos años de Franco se inició el sabotaje al sistema con huelgas salvajes, anunciadoras de lo que iba a ser la España de la lucha de clases, de enfrentamiento y de descomposición que viví mis últimos 20 años en ejercicio y los siguientes hasta nuestros días. Con la llegada del socialismo al poder, concretamente de Felipe González -el hoy considerado gran hombre de Estado-, además de disparar el desempleo, con él llegó la brutal corrupción que enfangó España y estableció la discriminación y persecución política, (de la que puedo hablar con conocimiento de causa por haberla sufrido). Con ello desapareció la libertad que habían disfrutado los españoles y todo ello al grito de libertad.

Creo que sobran las palabras. En efecto, la comparación de la España de 1939 con la de 1975 y por otra parte la de 1975 con la actual, son realidades inapelables que nos impulsa a volver a  gritar: ESPAÑOLES, ESPAÑA ESTÁ EN PELIGRO ¡ACUDIR A SALVARLA!.

       

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