Declaraciones de Francisco Franco al director en España de la Agencia «Associated Press»

29 de octubre de 2019 por Redacción FNFF

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- Mi General: Reconocidos universalmente sus aciertos en el juicio de los problemas internacionales, deseamos pedirle unas declaraciones que sirvan. a nuestro propósito de ilustrar al mundo sobre asuntos tan trascendentes como los que en estos momentos se acumulan en el ámbito internacional y sobre los que reina una verdadera desorientación. ¿Querría Vuestra Excelencia satisfacer estos anhelos?

«Lo haré con gusto si esto puede ayudar a ilustrar a la opinión pública en general y a la española en particular sobre materias que tanto afectan a la paz y a las buenas relaciones entre los pueblos.»

- ¿Cómo juzga Vuestra Excelencia la acumulación de tantos problemas en el campo internacional, como son los de Suez, Oriente Medio, Argelia, Marruecos, Polonia y Hungría? ¿Cree Su Excelencia que son obra de una misma mano?

«No, señor, aunque sí facetas distintas de un mismo proceso de transformación universal que las guerras impulsan y aceleran. Las convulsiones naturales de un mundo que se transforma, aunque sea una misma la nación que las explota y aprovecha. El mundo parece no querer apercibirse de que se camina hacia formas nuevas más justas y eficaces y de la muerte de los imperialismos y de las servidumbres coloniales. La sola presencia durante cuarenta años del régimen soviético a caballo entre Europa y Asia, con su gran demografía y ocupando once países extranjeros, constituye, pese a las muchas taras que aquel régimen entraña, un hecho trascendente para la marcha política de los demás pueblos.»

-¿Cómo juzga Vuestra Excelencia los sucesos políticos de Polonia y Hungría?

«Como reacciones naturales ante el sojuzgamiento del imperialismo soviético. Los pueblos que han conocido la libertad y una vida mejor no pueden conformarse con vivir miserablemente bajo la tiranía y el terror del comunismo soviético. Llega un momento en que no hay nada que perder y en que la muerte misma constituye una liberación. Habrán podido aherrojarse los cuerpos, pero no podrán jamás someterse las conciencias. Lo que ocurre en uno y otro país era por mí hace tiempo esperado. Siempre consideré que la mayor debilidad de Rusia era la imposible digestión de los pueblos ocupados. Las confesiones por los propios dirigentes políticos rusos de los monstruosos crímenes policíacos y las consecuentes rectificaciones han contribuido, sin duda, a quebrantar el principio de autoridad y el prestigio del régimen soviético. Los hechos encierran en sí tal gravedad, que estimo que el mundo no puede permanecer indiferente ante la intervención sangrienta de los Ejércitos rusos para reprimir las ansias de independencia y de libertad de estas naciones. La indiferencia constituiría el mayor baldón para todo el Occidente.»

-¿Cree Vuestra Excelencia que estos sucesos pueden tener repercusiones para la redención de estas naciones ocupadas?

«No inmediatamente. Si Rusia aplasta las rebeldías creará un nuevo motivo de odio y de venganza hacia los invasores, y si contemporiza, entrarán estos pueblos en el titismo de los comunismos nacionales; pese a la intención de los invasores, se realizará el proceso natural de las invasiones sobre los pueblos en que el medio acaba imprimiendo su carácter. Lo que sí puede asegurarse es que se caminará hacia otras formas, con una u otra etiqueta, pero eminentemente sociales, y que las aguas no volverán atrás para correr por los mismos cauces.»

- Y de los problemas de Suez y del Oriente Medio, ¿qué cree Vuestra Excelencia que podamos decir?

«En esto como en todo, es necesario dejar las pasiones a un lado si queremos ver claro y nos importa la solución. La pugna en este orden entre unos y otros pueblos es más artificial y aparente que real. El interés general de unos y otros en el fondo es el mismo: el de que no se interrumpan las corrientes naturales de abastecimiento de petróleo de Europa, del que Suez es el cauce principal. Si la interrupción de los suministros pudiera ser perturbadora para Europa representaría a su vez una ruina mayor para los abastecedores y para el propio Canal. De aquí que el interés general de todos se concrete en el deseo de una solución pacífica a las discusiones. El problema para la generalidad de los usuarios como vía internacional se presenta muy claro: libertad de navegación consagrada en el Tratado de 1888; seguridad de la vía, que sólo puede ser proporcionada por la nación en cuyo territorio discurre; garantía técnica de conservación y mejora, problema técnico que no afecta a la soberanía y que todos están de acuerdo en garantizarla, y moderación y normalidad en las tarifas, que las autoridades egipcias están dispuestas a garantizar y suscribir. El adelanto de la reversión no es tampoco un problema nuevo, pues lo entrañaba la propia concesión, y el de la propiedad, compensación e indemnización por la reversión no pertenece ya al Derecho Internacional público, sino al campo del Derecho Internacional privado.»

- ¿Cómo se explica que estando esto tan claro no se haya podido todavía establecer un acuerdo? ¿No cree Vuestra Excelencia que en la postura de determinados países puedan existir otros motivos no confesados?

«Desde luego, parece natural el presentirlo. No se puede olvidar que aunque el imperialismo y el colonialismo son ya cosa muerta, que sería vano el pretender resucitar, pervive todavía en la mente de algunos gobernantes, que no se resignan a reconocer la pérdida de unas situaciones, mientras a su vez los pueblos un día sojuzgados tienen sus nacionalismos en carne viva. Fenómeno que se acusa en todos los procesos de independencia de los pueblos.»

- ¿No cree Vuestra Excelencia que puede ser peligrosa para el mundo esa exacerbación de las pasiones nacionalistas?

«En este orden todo es peligroso, pero el mayor daño es para los propios pueblos que lo padecen. Hoy no puede tenerse de lo nacional los viejos conceptos de hace cincuenta años, cuando las naciones podían vivir aisladas. Hoy los pueblos, para su progreso y libertad, necesitan de la vida de relación, de inteligencias y asociaciones más amplias, y en los tratos internacionales se han venido consagrando fórmulas y soluciones equitativas aceptadas por la opinión universal.»

- ¿Quisiera decimos algo de su juicio sobre los últimos sucesos ocurridos en Mequínez?

«Se trata de sucesos internos de una. nación amiga que ella más que nadie ha de lamentar y que todos esperamos que el Gobierno marroquí corrija con autoridad y energía. Todo parto o independencia suele entrañar dolores y sangre, que es difícil poder evitar en absoluto y más cuando las pasiones se estimulan o se desatan. Sucesos son esos de los que desgraciadamente no están libres en situaciones determinadas los viejos países, que no pasan por ese proceso de independencia. El que en este caso se restablezca y mantenga el principio de autoridad es del mayor interés para todos.»

- ¿Quiere Vuestra Excelencia decirnos algo más para el público sobre estos problemas?

«Muy poco queda ya por decir: creo que el interés común de cuantos vivimos en este área geográfica de Europa y del viejo mar de la civilización, está en encauzar y estimular las corrientes naturales por las que el mundo camina, enterrando los viejos prejuicios y abriendo el espíritu a la aceptación de los tiempos nuevos. Que todos se convenzan de que el vencer sin convencer es estéril flor de un día; que hay que ganarse la confiaba de los pueblos nuevos con nuestra conducta y con lealtad mutua, ayudándoles en la medida de nuestros medios al logro de su justo bienestar y su progreso. Si obramos de este modo, cualesquiera que puedan ser la situaciones, estará siempre con nosotros la fuerza de la razón, que es la que acaba imponiéndose en el mundo que nos tocó vivir.»

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