La dentadura del Caudillo: su otra cruz, por Francisco Bendala

14 de diciembre de 2019 por Redacción FNFF

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 Francisco Bendala

El Generalísimo sufrió en Julio de 1974 su primera trombosis, la cual supuso el principio del largo y lento caminar hacia su fin natural, en el que fue, como siempre y en todo, un incuestionable ejemplo.

Hasta ese instante su salud había sido legendaria. Así, por ejemplo, durante toda la Cruzada el Caudillo no se vio aquejado de enfermedad alguna a pesar de sus constantes desplazamientos por la geografía española en condiciones más que austeras y duras; para qué hablar de las tensiones propias de sus gravísimas responsabilidades. Durante tal periodo fue siempre atendido por el doctor Carlos Cuervo, adscrito a su Cuartel General, que consiguió mantener a Franco sin un sólo problema de salud hasta el fin de la guerra; algo que se consideró providencial. Sólo en el último día de la contienda, precisamente el de la Victoria, cuando Franco redactó el famoso parte que la daba por finalizada, estaba aquejado por una aguda amigdalitis --que el doctor Cuervo trató con sulfamidas-- con fiebre de hasta 40º que le mantenía postrado en cama.

Pero, si legendaria fue su salud, como hemos dicho, heroica fue su voluntad, pues pocos saben que Franco soportó durante toda su vida, con una resignación y valor incuestionables, graves, incómodas y dolorosas afecciones bucales. Precisamente esas que tanto nos disgustan y dislocan cuando las padecemos incluso con los medios de que hoy disponemos para hacerles frente.

Franco había sufrido en sus tiempos de África la extracción de varias muelas; y ello por procedimientos de los de entonces, ojo al dato.

Consta que durante la II República sus problemas bucales no hicieron sino consolidarse.

También, que durante la guerra fueron los bucales los únicos males que padeció, a los que tuvo que enfrentarse el doctor García de la Cruz, odontólogo de Salamanca.

En 1940, recién terminada la contienda, el doctor Vicente Gil tomó el relevo del doctor Cuervo, pasando a ser el médico personal del Caudillo hasta su muerte. Tanto Gil, que era muy amigo del médico titular de El Pardo, el doctor Juan José Iveas, como éste, recomendaron a Franco para sus problemas bucales al doctor Jacobo Sherman, de origen judío.

El 4 de Octubre de 1942, Franco visitó por primera vez la consulta del doctor Sherman en Madrid, acompañado por Gil e Iveas. El doctor Sherman apreció la mala situación de la boca del Caudillo --le faltaban algunas piezas, le sobraban otras y tenía algunas infecciones graves--, iniciando su tratamiento que se prologaría hasta 1950, consiguiendo una notable mejora. En Junio de tal año, Franco sufrió una grave afección de porfinuria --excreción urinaria de porfobilinógeno característica de porfiria aguda, que da origen a una orina de color rojizo, afección originada por mal funcionamiento del hígado--, llamándose para que le examinara al doctor Carlos Giménez Díaz, ya muy famoso por entonces, quien consiguió hacer remitir la enfermedad.

En 1954 volvieron a intensificarse los problemas bucales, teniendo el doctor Sherman que extraerle varias piezas sustituyéndolas por otras de oro. Por recomendación de Sherman, el doctor Iveas se especializó en Estomatología en 1956 para que le ayudara a atender al Caudillo. En 1959, año en el que Franco sufrió una leve gripe, Sherman tuvo que actuar de nuevo sobre varias piezas dentales.

En Diciembre de 1961 falleció Sherman, siendo sustituido por Iveas, para entonces ya experto estomatólogo. En 1962, teniendo Franco setenta años, le faltaban catorce piezas y varias de las sustituidas por Sherman requerían nuevas actuaciones. En Agosto de ese mismo año sufrió una fuerte caída mientras pescaba en el "Azor" en San Sebastián, con tan mala fortuna que fue a darse con la boca en una barandilla, dañándose gravemente la ya de por sí delicada dentadura, su punto más débil.

Fue en 1964, cuando el doctor Gil diagnosticaba a Franco el comienzo del Parkinson, cuando Iveas tuvo que extraer a Franco alguna pieza dental más.

Para 1966 la dentadura de Franco iba de mal en peor, pero gracias a los cuidados del doctor Iveas mejoró, de forma que para 1970 sólo hubo que intervenirle una vez en la boca. Sin embargo, en 1971 sufría de nuevo una grave infección bucal.

En 1972, con ochenta años y apreciándose ya un evidente deterioro físico del Caudillo, la boca no cesaba de crearle problemas; sólo le quedaban ya siete piezas dentales originales. A partir de 1973, dos años antes de su muerte, con los problemas de salud in crescendo, la boca del Caudillo siguió martirizándole. En Abril hubo que extraerle varias de las pocas piezas que le quedaban. En Mayo se le declararon dos serias enfermedades bucales --una candidiasis y un exantema fijo medicamentoso-- que le produjeron fuertes dolores que soportaba con gran estoicismo y paciencia; ambas enfermedades fueron superadas por el tratamiento del doctor Lucas Tomás.

Como hemos dicho al principio, el 9 de Julio de 1974 Franco sufrió su primera trombosis. Tras la entrevista con el Príncipe el 19 de Julio el Caudillo sufría una grave recaída en sus dolencias bucales que obligaron al doctor Iveas a extraerle, el día 23, dos de las tres únicas piezas dentales originales que le quedaban en una operación delicadísima y de alto riesgo debido al ya de por sí delicado estado de salud del paciente, no obstante lo cual, a su término, Franco, haciendo alarde de su acendrado sentido de la responsabilidad, no dudó en asistir a la corrida de toros de la Beneficencia a fin de evitar excesivos rumores sobre su salud.

A partir de aquí, los problemas bucales fueron los menores, pues cedieron protagonismo a los que en unos meses le llevarían a la sepultura.

 

 

 

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