El valor y el compromiso, por Honorio Feito

07 de julio de 2021 por Redacción FNFF

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Honorio Feito

Periodista y escritor

 

Dejó dicho don Rafael García Serrano que Franco, siendo Teniente Coronel de la Legión, ofreció un menú a base de huevos, huevos de todas clases, al general Primo de Rivera, cuando este, presidente del Directorio Militar, visitó el Protectorado de Marruecos en julio de 1924. Fue al año siguiente de la famosa e hiriente derrota de Annual, de la que se cumplirá un siglo el próximo mes de julio, ante las cabilas rifeñas comandadas por Adb El Krim, y sucedió en la localidad de Bentiet. Acompañaron en aquella ocasión a Franco el también teniente coronel Peraja, representando a las fuerzas Regulares, y el dos veces laureado comandante Varela, en representación de las harkas indígenas que luchaban junto a los nuestros. El menú tuvo su efecto porque Primo de Rivera, que después de conocer el estado lamentable de nuestras tropas, tras la derrota de Annual, había dicho que en África para estar así era mejor no estar (creando la lógica preocupación entre los mandos africanos), puso todo su interés en corregir nuestras posiciones y dispuso una operación basada en tres movimientos que finalmente, permitió a nuestro Ejército controlar la belicosa y rebelde región norteafricana. Esta triple operación se remató con la última de estas fases, el Desembarco de Alhucemas, ideado por el general Gómez Jordana en 1913, que fue definitivamente ejecutado en 1925 con la cooperación de Francia, la otra potencia europea en la zona. Personalmente, la única mancha fue que Francia no nos entregara al cabecilla rifeño y permitiera que, con su cohorte familiar, se exiliara fuera de nuestro alcance.

Las otras dos maniobras del general Primo de Rivera, precisamente, consistieron en replegar nuestras tropas, abandonado las débiles e inseguras posiciones de avanzada, con el objeto de dificultar los movimientos de los rifeños, que atacaban los blocaos con cierta facilidad y evidente éxito. Dicen que, para el desalojo de Xauen como parte del repliegue, Franco ordenó colocar sutilmente en las terrazas y lugares estratégicos medio visibles maniquíes ataviados con ropas de legionarios para hacer creer a los enemigos que La Legión no abandonaba la ciudad, pues aún quedaba ocupada, evitando así los ataques a la retaguardia de la columna.

La sagacidad y el valor constituyen dos coordenadas sin las cuales no es posible interpretar muchas de las acciones humanas, y que podemos encontrar en abundantes ejemplos a lo largo de nuestra historia. La fe inquebrantable en tus principios estimula el impulso que te lleva a alcanzar los objetivos. El sublime ingrediente culinario expuesto en Bentiet, alcanza connotaciones metafóricas de gran interés e inspira muchas de las acciones anotadas en el gran libro de los acontecimientos legendarios, y sirve para adquirir el compromiso que te inspira la ética, la defensa de los valores en los que se asientan tus convicciones como español y como persona. Después de la guerra de África vino la civil de España, que algunos intelectuales, cual funambulistas del buenismo ideológico al que apelan para no mojarse, han tachado de incivil mostrando su equidistancia de ambos bandos beligerantes, olvidando que no están aquí precisamente por su aparente imparcialidad, sino por la acción del bando nacional que les salvó el trasero cuando estaban a punto de ser colocados ante el paredón. Franco, entonces, habló no sólo de vencer, sino, y más importante, de convencer (el periodista Manuel Aznar fue el testigo). Y, tras la guerra, comenzó la ardua tarea de sacar a España de sus escombros, de sus dolores y de sus miserias, aún a pesar de las muchas dificultades, de las incomprensiones, de las traiciones y del desamparo internacional.

La tarea de la reconstrucción fue dura y difícil, pero se consiguió. El dato más elocuente y que mejor delata el imparable progreso de España bajo la Jefatura del Estado de Francisco Franco, y ha acuñado el título indiscutible de milagro español, es, probablemente, el de la renta per cápita. La renta per cápita de los españoles pasó de los 107 dólares de 1940, recién terminada la Guerra Civil, a los 2.547 dólares en año del fallecimiento del Caudillo. El dato conlleva otra evidencia implícita: el notable incremento de la calidad de vida de la sociedad española en general. Aparentemente escueto y breve, representa sin embargo un compendio de realidades que ahuyentan cualquier sospecha, porque la nación que salió de la guerra civil que le había causado cerca de medio millón de víctimas, tenía una renta per cápita que había descendido a los niveles de 1914, y había perdido un 15% de la riqueza nacional; su deuda se estimaba en 20 mil millones de dólares. Una imagen de desolación frente al compromiso de levantarse y continuar. No es difícil imaginar el paisaje: la destrucción de infraestructuras; fábricas bombardeadas, comunicaciones inservibles (tanto carreteras y puentes como líneas de ferrocarril destruidos por los bombardeos); una merma considerable del patrimonio artístico y arquitectónico; la destrucción de un cuarto de millón de viviendas, según datos citados por el profesor de la Universidad del CEU San Pablo, José Luis Orella, correspondientes al informe elaborado para el ministro de Hacienda, José Larraz. No se excluye de esta valoración la pérdida de las reservas de oro del Banco de España y el tesoro numismático, con colecciones únicas en el mundo, que llegaron a México a bordo del Vita, calculando varios miles de millones de las antiguas pesetas lo representado por este importante expolio.

Pasada la contienda civil, el bloqueo internacional y el aislamiento como consecuencia de éste, aún obstaculizaron a los españoles en su empeño de dejar atrás la guerra y superar las dificultades del momento a través de la cultura del trabajo. De nuevo el ingrediente del que hablaba el escritor, en mucha cantidad, claro, para seguir la estela del Generalísimo. A pesar de lo cual, y ante el bloqueo de las Naciones Unidas, el Caudillo lo dijo bien claro: «Si ellos tienen ONU, nosotros tenemos dos»

¿Algún problema?, pregunto.

Hay historiadores económicos que suelen referirse con desdén a la autarquía, que en España vino impuesta por la carencia de recursos tras la guerra civil, la falta de ayudas internacionales y el bloqueo diplomático. Ante la vehemente posición extranjera, España hizo una llamada al mundo mostrando su capacidad, al presentar un prototipo automovilístico, el Pegaso Z102, diseñado por el ingeniero español Wifredo Ricard, previo a la construcción del auténtico tesoro: el camión de transportes que marcó el inicio de uno de los sectores más prósperos de nuestra industria, el automovilista. He sido testigo, en Paris, una madrugada allá por los años 70 del pasado siglo, de cómo un grupo de españoles aplaudieron el tránsito pesado, pero orgulloso, de uno de estos camiones al servicio del Ayuntamiento de la ciudad del Sena. La marca identificaba a la nación. ¡Fuera complejos! Somos capaces.

Y consecuencia también del aludido ingrediente del comienzo de este artículo, son las jornadas del Instituto Nacional de Industria, en los años sesenta del pasado siglo, dirigidas a escolares estudiantes de Bachillerato, al mostrar el ingenio español para controlar una nave cuya botadura, desde el astillero, podría haberla llevado mar adentro al no estar tripulada, hasta comprobar su flotabilidad. Un empujón a nuestra autoestima.

La entrega, el sacrificio, el compromiso, la capacidad para superar los desafíos, la tenacidad para conquistar los avances; el sosiego para disfrutar de los logros, aunque sean pequeños, la seguridad y sobre todo, la confianza en nosotros mismos, actualmente según parece, sólo presente en un reservorio selecto que tiene por divisa la fe ciega en los valores que defendieron nuestros padres. Aún a pesar de ello, la España de hoy no habría sido posible sin la España de ayer, ni habría gozado de los niveles actuales, algunos lamentablemente deteriorados, sin el impulso recibido.

Franco logró restañar el viejo molde desgastado por los años y los muchos conflictos internos vividos en la Edad Contemporánea, y sentar las bases de un estado renovado capaz de incorporarse al privilegiado club de los países más desarrollados. Por primera vez en su historia, 29 millones de españoles (el 80 por ciento de la población), gozaron de los servicios de la Seguridad Social en 1975. Los estándares de calidad de vida se incrementaron de forma considerable y las viviendas familiares, por ejemplo, uno de los grandes empeños de los distintos gobiernos de Franco, superaban la cantidad de 12 millones a mediados de los años setenta del siglo pasado. Bajo lo que los meapilas llamaron la «oprobiosa dictadura», se aprobaron cuatro planes de desarrollo, de los que se ejecutaron tres ¿de cuántos planes dispone el gobierno actual?

 

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