Sorpresa. A Franco no le gustaba Hitler

18 de septiembre de 2021 por Redacción FNFF

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Uno de los mayores expertos en la Segunda Guerra Mundial y en concreto en el escenario de Europa del Este, el profesor británico Norman Davies, explica en su libro Europa en guerra 1939-1945 que la España nacional no participó en la Segunda Guerra Mundial y que al Generalísimo Franco no le agradaba la ideología nazi. Sorpresa para muchos de los historiadores españoles, que consideran al Caudillo un peón de Hitler y a España un beligerante disimulado.
 

Capítulo "Las cinco esferas de la guerra en Europa" entre las páginas 378-379:

(...)

Muchos libros sobre la segunda guerra mundial en Europa están: ilustrados por un mapa que divide el continente en dos esferas: la que controlaba el Eje y la que no controlaba el Eje. Esta división es demasiado simple. En todo momento, entre 1939 y 1945, el paisaje político de Europa podía dividirse en por lo menos cinco esferas, y cada una de ellas tenía sus propias características.


LA ESFERA NEUTRAL


Las personas que pertenecen a uno de los muchos Estados que entre 1939 y 1945 se vieron arrastrados al conflicto militar tienden a olvidar que un conjunto importante de naciones europeas se mantuvieron apartadas de él por completo. Siete de ellas optaron por la neutralidad: Portugal, España, Irlanda, Suecia, Suiza, Turquía y Ciudad de el Vaticano.

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En los seis años de guerra, Portugal estuvo gobernado por Antonio de Oliveira Salazar (1889-1970), un dictador de ideas fascistas que detestaba a los nazis. En realidad, su política no fue tanto neutral como equilibrada. Pese a las protestas de los aliados, ejerció derecho de suministrar volframio —metal muy valioso en la fabricación del acero— a Alemania, cosa que también hacía con el Reino Unido, y sólo dejó de hacerlo en los últimos meses del conflicto. Al mismo tiempo, accedió a prestar puertos en algunas islas atlánticas de Portugal para que los aliados los utilizaran como base, sabiendo que su negativa habría servido de poco. Las Azores en particular fueron un importante puesto de aprovisionamiento para los estadounidenses. Lisboa se convirtió en centro de operaciones de la Cruz Roja, de intercambio postal entre los combatientes y de espionaje.

Habiendo firmado el Pacto Ibérico con Portugal, la España de Franco siguió una política muy similar. Oficialmente, Franco era un fascista, miembro formal del Pacto Anti-Comintern y deudor político de Hitler y de Mussolini, pero su ideología estaba más en deuda con el nacionalismo católico conservador que con el radicalismo demagógico de Berlín y de Roma. Y, al igual que le sucedía a Salazar, Hitler no le gustaba. Así que se comprometió con la no beligerancia. España envió al frente oriental a la División Azul, integrada por voluntarios, en un gesto de apoyo al anticomunismo y, por compensar el control de los británicos de Gibraltar, facilitó algunas instalaciones portuarias a la Marina italiana.

Irlanda, gobernada por Eamon de Valera (1882-1975), fue el único país dependiente de los británicos que no apoyó al Reino Unido. Para algunos británicos, como Churchill, que no se tomaba en serio la independencia irlandesa, fue poco menos que un país traidor. De hecho, en 1939 y 1940, los nacionalistas radicales del IRA llevaron a cabo una campaña terrorista en Gran Bretaña. En consecuencia, Irlanda vivía con el temor constante a la invasión británica y De Valera se vio obligado a declarar un estado de emergencia permanente. Churchill en particular esperaba recuperar los puertos irlandeses del Atlántico para que los utilizase la Marina británica. De Valera resistió la tentación de hacer algún acercamiento (...)

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