Franco y su legado en España. Por Juan A. Alvarez

17 de septiembre de 2019 por Redacción FNFF

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A más de 40 años de su muerte, si se pregunta a cualquiera en nuestro mundo globalizado de hoy, en España o fuera, 1) quién fue Franco, y 2) si fue bueno o malo para España, la respuesta “políticamente correcta” es que 1) fue un dictador, y 2) por tanto, malo para su país. Mucha gente no siente necesidad de ir más allá en su juicio. Vivimos en un mundo en el que, en general, se cree que la democracia liberal, por imperfecta que sea, es el mejor sistema politico y económico, y etiquetar a alguien como dictador le descalifica automáticamente como obstáculo para nuestra libertad, política y económica. La verdad es obviamente más complicada, pero los politicos mueven a las masas (ya sea en manifestaciones populistas, o en elecciones libres) con mensajes simples. La conducta del Partido Socialista, ahora en el poder en España, prueba mi afirmación: Sabiendo del rechazo general al general Franco por la España democrática de hoy, ataca al Partido Popular, líder de la oposición, como herederos y descendientes de la España “derechista” de Franco, mientras ellos se presentan como herederos y descendientes de los “demócratas” derrotados por Franco en la Guerra Civil de 1936-1939. En este contexto politico, evaluar la figura de Franco, y revisar la historia de los sucesos en los que participó, adquiere clara relevancia para nuestro presente, y para nuestro bienestar como país.

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Retrato de Francisco Franco Bahamonde (ca. 1970) por el fotógrafo, nacido en Hungría, Juan Gyenes

Esta foto se usó en la portada del diario conservador de Madrid “ABC” el día de su muerte, 20 de noviembre de 1975

Francisco Franco (Ferrol, Galicia, 1892- Madrid, 1975), solo aparece en la escena mundial como participante clave en la revuelta del ejército español contra el gobierno republicano, el 18 de julio de 1936. Sin embargo, ya era famoso y prestigioso en España por su carrera militar: Como comandante del ejército, estuvo al mando de uno de los tres batallones de la Legión Extranjera Española, en su fundación, en octubre de 1920 (en el Protectorado de Marruecos de entonces), y su desembarco en Alhucemas en 1925, y subsiguientes operaciones, ayudaron a terminar las guerras marroquíes que España llevaba décadas combatiendo, y a pacificar el territorio.

Franco (derecha), como comandante, en 1920, año de fundación de la Legión Extranjera Española en Marruecos

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A la izquierda, el teniente-coronel José Millán Astray, fundador y primer jefe de la nueva unidad

General más joven en Europa en 1926 (con 34 años), director de la Academia de Infantería de Zaragoza en 1929, y Jefe del Estado Mayor del Ejército en 1935, era conocido como católico y conservador, y no particularmente partidario del régimen republicano que reemplazó una institución tan enraizada como la monarquía española, en abril de 1931. Sin embargo, el sentido del deber hacia su país era lo primero para él, y rehusó varias veces unirse a conspiraciones de generales monárquicos, que lo querían con ellos por su reputación y popularidad. Puede decirse que fue más fiel a la República Española que el Partido Socialista (PSOE). Los socialistas, bajo Largo Caballero (orgullosamente apodado “el Lenin español” por sus seguidores), indignados por su derrota electoral en noviembre de 1933 ante una coalición conservadora, anunciaron, planearon, y ejecutaron una revolución armada en octubre de 1934, en cooperación con la Esquerra, un partido secesionista de izquierdas en Cataluña. Se proclamó incluso una república catalana independiente, que duró unos días, hasta que el ejército tomó control de Barcelona, pero en la región minera de Asturias la revolución duró todo un mes, y costó 3.000 vidas. El gobierno de Madrid solo pudo controlar a los mineros armados, llevando, por consejo de Franco al Ministerio de Defensa, dos batallones de la Legión desde Marruecos (conozco ese período, porque mi primer suegro mandaba uno de los dos). PSOE y los comunistas, formaron después un “Frente Popular”, que ganó las elecciones generales de febrero de 1936 (los resultados oficiales nunca fueron publicados, y hay amplia evidencia histórica de que la victoria fue fraudulenta). En los meses siguientes, de creciente tensión revolucionaria, los enfrentamientos abiertos entre partidos de izquierda y el nuevo partido fascista (llamado Falange), dejaron 300 asesinatos, sin que el gobierno pudiera mantener el orden. Y entonces, en las primeras horas del 13 de julio, José Calvo Sotelo, líder de la oposición conservadora parlamentaria, fue sacado de su casa y asesinado por guardaespaldas de un importante líder socialista, haciéndose pasar por policías, que arrojaron su cadáver a las puertas del cementerio. A los cinco días, las guarniciones del ejército en todas las capitales de provincia se alzaron decididas a derribar al gobierno y establecer un nuevo régimen.

La gente describe a menudo el alzamiento militar del 18 de julio de 1936 diciendo que “Franco dio un golpe de estado contra el regimen democrático establecido”. Sin embargo la realida es que 1) Franco se unió a una conspiración organizada por otros generales, y y solo cuando el asesinato de Calvo Sotelo le convenció de que no había alternativa para España, y 2) el regimen republicano estaba ya lejos de ser democrático. Realmente había pocos políticos demócratas en la España de 1936, a derecha o a izquierda. El país estaba siendo forzado a elegir entre una izquierda bolchevique y una derecha fascista. Las dos con características españolas, pero ninguna democrática.

El alzamiento del 18 de julio realmente fracasó, ya que las ciudades importantes, Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao, quedaron en manos del gobierno. Y habría terminado ahí, de no ser porque Franco, de modo brillante, se aseguró el control del Ejército de África, y lo transportó al sur de la península, en lo que se convirtió en el primer puente aéreo de tropas de la historia, transporte que comenzó con los pocos aviones disponibles, antes de la llegada de ayuda alemana. Eran solo 23.000 soldados, pero eran los mejor entrenados y mandados, y su ofensiva les llevó desde el Estrecho de Gibraltar a los arrabales de Madrid en menos de tres meses. Con tal éxito, Franco fue nombrado Jefe del Estado el 1 de octubre por sus generales, aunque la naturaleza de su regimen aún no estaba clara en su mente. Podría haber traído de vuelta al rey (entonces en exilio en Roma), o al príncipe heredero Don Juan, pero no lo hizo. Los que nacimos años más tarde podemos discutir si, de haber podido, habríamos apoyado la “revolución proletaria” que quería la Izquierda, o el régimen de “ley y orden” que proponía la Derecha. Cerca de medio millón de muertos, atrapados en Guerra Civil entre julio de 1936 y abril de 1939, no tuvieron tanta suerte. Stalin ayudaba a la República, y Hitler y Mussolini, a Franco... ¡Buenos amigos en los dos lados!

 

El bando de Franco tenía la mayor parte de la producción de alimentos, y la República retuvo las industrias. La República se quedó las reservas de oro (terceras del mundo) que envió a Rusia, pero la superior organización y disciplina del régimen de Franco inclinó la balanza. La parte más oscura de esta historia se refiere a represión en los dos bandos: Una de las obsesiones de la Izquierda era atacar a la Iglesia. La quema de iglesias y conventos empezó al mes de proclamarse la República en 1931, y continuó tras el comienzo de la guerra en las áreas controladas por ella. Todos los obispos en la zona republicana fueron asesinados, junto con casi 8.000 sacerdotes, religiosos y monjas. Además, en Madrid, sacaron entre 5.000 y 8.000 prisioneros políticos derechistas de sus celdas, y los asesinaron, cuando parecía inminente la entrada de Franco en la capital. En el lado que se llamó “nacional”, la represión empezaba en cuanto sus tropas entraban una nueva población, durante la guerra, pero continuó dos o tres años después de terminada ésta en abril de 1939, por medio de juicios militares sumarísimos. Se estima que quizás la mitad de las 50.000 sentencias de muerte emitidas pudieron ejecutarse. A partir de ahí, los indultos rebajaron el número de prisioneros políticos rápidamente (de 250.000 en 1939 a menos de 35.000 en 1944).

Franco quedó con el mando único en una España devastada, en el verano de 1939, justo cuando sus aliados entraban en la Segunda Guerra Mundial. Teniendo que pagar deudas de guerra a Italia y Alemania, sin reservas de oro que respaldaran préstamos, España se enfrentó a tiempos difíciles. Entonces, en 1940, Hitler derrotó a Francia en una “guerra relámpago”, y viajó a los Pirineos para entrevistarse con Franco y convencerle de que entrara en la guerra a su lado. Franco pidió ayuda militar y económica, y posesiones coloniales (a costa de Francia) en Marruecos y Argelia, pero Hitler se lo negó todo. Su comentario tras la reunión fue que “prefería una sesión en el dentista que volver a ver a ese tipo bajito otra vez”. Los historiadores debaten aun si Franco quería de verdad entrar en guerra, o si solo exigió algo que sabía imposible para no entrar. La realidad es que al enfrentarse a Hitler, Franco salvó a España del desastre que tuvieron que sufrir Francia o Italia.

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Con Hitler en Hendaya, Francia (23 de octubre de 1940), y con Mussolini en Bordighera, Italia (12 de febrero de 1941)

La decision de Franco de no entrar en la II Guerra Mundial fue muy valiosa para los Aliados. Hitler podía haber accedido a las peticiones de Franco, pero evidentemente subestimó la importancia de cerrar el Estrecho de Gibraltar a la marina británica.

Franco se enfrentó al aislamiento con una economía de autosuficiencia, pero su situación se tornó muy delicada cuando los Aliados ganaron la guerra, y se dieron cuenta de que Franco la había sobrevivido. Churchill apreciaba el valor de Franco a la causa aliada, ya que cerrar Gibraltar a la marina británica habría significado el desastre para el ejército británico en el Norte de África, pero Churchill perdió sus elecciones, y España fue declarada “un peligro para la paz mundial” por las Naciones Unidas en San Francisco en 1947. Esto habría sido casi cómico, excepto que significó la retirada de todos los embajadores de España (excepto Portugal y Argentina). Aún recuerdo las tarjetas de racionamiento, cuando yo tenía cuatro años...

 

España fue excluida de la reconstrucción de Europa (el “Plan Marshall”), y sobrevivió por las justas mientras los demás países europeos tomaban 10 años de delantera en su desarrollo económico, pero los españoles reaccionaron al bloqueo internacional aumentando su apoyo a Franco. Poco después, la Guerra de Corea, con el “telón de acero” ocultando la bárbara opresión de media Europa, recordó al mundo que España existía, y Franco fue bienvenido como el único líder que había derrotado al comunismo. Estados Unidos instaló bases en España para la Marina y el Mando Aéreo Estratégico en 1953, y ese mismo año murió Stalin. En los años 60, los ya desarrollados europeos occidentales hicieron de España su destino turístico favorito, mientras ofrecían a cientos de miles de españoles el trabajo que no encontraban en su país. Esos dos, junto a una administración bastante limpia de corrupción, fueron los pilares del “milagro económico español”.

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Desde los años 50 a los 70, el mundo entero reconoció al régimen de Franco.

La Guerra Fría forzó a las potencias occidentales a recordar que Franco era un anticomunista fiable.
Dos de los generales victoriosos de la IIGM, los presidentes Eisenhower y De Gaulle, visitaron a Franco en Madrid.

La temprana solicitud de Franco de admisión en la Comunidad Económica Europea fue ignorada por razones políticas (España solo entró como miembro en 1986), pero a su muerte, el cambio drástico en nivel de vida se reconoció como asombroso. La prohibición total de Franco sobre los partidos politicos y las elecciones democráticas, durante casi 40 años, había roto las tradicionales enemistades entre regiones o clases sociales, y había dado la vuelta, no ya a la depresión tras la guerra, sino a siglo y medio de atraso económico en España. Una entera generación se había puesto a trabajar. Franco había sobrevivido a todos sus enemigos, y esperado para formar un sucesor, en la figura del rey Don Juan Carlos, nieto del último rey destronado en 1931.

Que España haya llegado a ser la octava potencia económica del mundo, acercándose a Italia en ingresos per cápita, debe mucho al trabajo de Franco. Pero ésto por sí mismo no habría sido suficiente: Se necesitaba la madurez y sabiduría política desplegada por una generación de políticos (muchos salidos del mismo régimen de Franco), durante la “Transición” política a su muerte. El nuevo rey usó entre 1976-1978 las leyes existentes para transformar el régimen a una democracia, dando al país elecciones libres, una constitución, y la reconciliación de todo el espectro político, olvidando la Guerra Civil. La población no esperaba tanto: Observamos el desarrollo de los acontecimientos con una mezcla de sorpresa, aprensión y exaltación. Y debemos recordar cómo sucedió, porque nuestro futuro necesita trabajo constante y políticas inteligentes. Particularmente ahora, debemos recordar que el éxito nunca es gratis, y no está asegurado.

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