Caídos de la División Azul

09 de octubre de 2011 por Redacción FNFF

Entrevista a los hermanos Garrido

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Los hermanos Fernando y Miguel Ángel Garrido prometieron a su abuela que repatriarían a España el cuerpo de su tío Mariano Polonio, muerto por una bala que le alcanzó el vientre, sin orificio de salida, el 31 de mayo de 1942, en la aldea de Chunity, donde fue enterrado.
 
Pregunta: ¿Fue ésto el punto de inicio para que ustedes continuasen repatriando caídos?
 

Respuesta: Así es. Tardamos 6 años en localizar la tumba de nuestro tío y durante ese tiempo nos dimos cuenta de que en Rusia había muchos otros “tios Mariano”. Hasta hallar el cementerio de Chutiny localizamos otros muchos cementerios y ello nos llevó a la conclusión de que no sólo nuestro tío tenía derecho a regresar a su Patria sino que todos aquéllos españoles que dieron su vida en Rusia también tenían el mismo derecho. Y casi 20 años después aún seguimos en el mismo empeño. 

 
 

P: Ustedes están realizando una gran labor, ¿han recibido algún tipo de ayuda de algún estamento oficial o extraoficial español?.

 

R: Nunca hemos tenido ayuda ni subvención de ningún tipo.

 

P: ¿Las autoridades y el pueblo ruso les ayudaron en sus trabajos e investigaciones?

 

 Las autoridades y el pueblo ruso siempre han colaborado desinteresadamente con nosotros. Nos han facilitado todo tipo de trámites, trabajo, información, etc… Nos han demostrado ser un pueblo noble y digno. 

 

P: ¿Qué experiencias más destacables han tenido ustedes al realizar las repatriaciones?

 

R: De todo. Nos hemos conmovido con los familiares al recibir los restos de sus deudos pero también nos hemos encontrado con la intransigencia de muchos a quiénes o no interesaban las repatriaciones o directamente se oponían a ellas.

 

   Para nosotros las repatriaciones de nuestros soldados caídos en combate, en este caso en Rusia, son un deber de toda la Nación. Es una cuestión de dignidad y vergüenza. Y sobre todo de humanidad: los hijos, las viudas, los nietos, en definitiva, los familiares, tienen derecho a enterrar a sus muertos en España. El regreso del soldado a su Patria debe producirse aunque sea en una caja de cinc. A nosotros nos resulta incomprensible que 70 años después algunos vean todavía tintes políticos en lo que no deja de ser lisa y llanamente la muerte de un soldado en combate cumpliendo con el deber.

 

P: El día 12 de octubre, además de ser la festividad de la Virgen del Pilar y día de la Hispanidad, es el 70 Aniversario de la entrada en combate de la División Azul en el frente del río Wolchow, en el Sector de Nowgorod. ¿Qué le dirían referente a este hecho a la juventud española actual?.

 

 R: Pues lo mejor que podemos decirles es lo mismo que nos dijo el viejo General Iacov Evstafi, héroe soviético de la II Guerra Mundial, a quien tuvimos la oportunidad de saludar en 1995 en uno de nuestros primeros viajes, y quien señaló que en aquélla cruel guerra murió la mejor juventud del mundo, los mejores jóvenes alemanes, los mejores jóvenes rusos, españoles, finlandeses… Que no podíamos ni debíamos olvidar su entrega y sacrificio y que hoy deberíamos luchar con el mismo empeño y la misma valentía que ellos, pero por la paz. 

 

   Y nosotros añadimos que España tiene una deuda de gratitud con los soldados de la División Azul, porque entregaron lo mejor de su vida y hasta su propia vida para evitar que nuestro país se viera envuelto de lleno en la tragedia de la II Guerra Mundial.

 

P: Y hablando de juventud, ¿creen ustedes que los ideales por los que lucharon los jóvenes divisionarios se han perdido en nuestros días?

 

R: Es evidente que existe una crisis de valores y que apenas existen ideales, y esta ausencia no está lejos de la causa del agotamiento del actual sistema que rige el mundo. La crisis económica, social, política, que vive la humanidad es sobre todo, desde nuestro punto de vista, una crisis de valores.

 

   En cuanto a los divisionarios, ellos no eligieron tener 20 años en 1941. Son, pues, hijos del momento que les tocó vivir. El mundo navegaba envuelto en una guerra fratricida con una Europa dividida en bloques irreconciliables, y los jóvenes divisionarios supieron responder, equivocadamente o no, a una llamada que les invitaba a poner fin a aquélla sangría humana. Su respuesta no pudo ser más sublime: la entrega de su vida. Esto que decimos no es una apología de la guerra ni de las ideologías sino un homenaje al soldado, al hombre, a la persona.

 

P: La División Azul ha sido denominada como la Gesta Militar Española del Siglo XX.  ¿Creen que hoy en día está injustamente olvidada?.

 

R: Sin ninguna duda. Aunque poco a poco el transcurso del tiempo va dando objetividad a los historiadores y ya comienza a estudiarse esa parte de la historia de España como lo que realmente fue: la participación de casi 50.000 soldados españoles en el frente más cruento de la II Guerra Mundial. Merece, pues, conocer sus avatares.

 

P: ¿Qué significó para ustedes y su familia la División Azul?

 

R: En casa de nuestros abuelos la muerte de nuestro tío a los 20 años, el hijo mayor, fue una tragedia irreparable de la que jamás se recuperaron mis abuelos. Esto es algo innegable. Pero la División Azul pasó a ser un mito, igual que el tío Mariano, igual que el General Muñoz-Grandes… En casa de nuestros abuelos eran tres nombres sagrados.

 

   En cuanto a nosotros, la muerte de nuestro tío y, por tanto, la División Azul, nos ha dado la oportunidad de vivir la mayor aventura de nuestra vida; de conocer aún mejor la historia militar española, que es tanto como decir la historia de España; de conocer un pueblo digno y honrado, que es el pueblo ruso, y sobre todo, de poder honrar a quienes cumplieron con el deber hasta sus últimas consecuencias, dando su vida por España.

 
 
 
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