Franco en Cataluña, a través de La Vanguardia

22 de marzo de 2021 por Redacción FNFF

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Eduardo Palomar Baró

Boletín Informativo nº 107

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Desde hace mucho tiempo, la desprestigiada y parcialísima dirección del diario barcelonés La Vanguardia, carece de objetividad y sensibilidad para escoger a sus colaboradores —unas verdaderas, auténticas e inquietantes medianías—, la mayoría de los cuales formados en la escuela de las fobias, de la calumnia, del odio y del revanchismo, especializados en deformar la realidad de las cosas, para que los hechos acontecidos en nuestro país, no fueran como sucedieron, sino como sus mentes patológicas desearan que se hubiesen producido, cuando los auténticos y verídicos testimonios son notorios e irrefutables.

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Recientemente se emitió por la cadena televisiva autonómica catalana un reportaje titulado Franco visita Cataluña, documentadísimo y clarividente sobre las catorce visitas a Barcelona que realizó Franco en el transcurso de sus cuatro décadas como Jefe del Estado, mostrando las imágenes de los recibimientos que la Ciudad Condal dispensaba al Caudillo.

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A un tal Jordi Balló, comentarista de La Vanguardia —después de rebuznar al decir que «el programa documenta algunas de las catorce estancias con que el dictador nos regaló durante la larguísima noche de su reinado»—, le dolió sobremanera la abrumadora mayoría de ciudadanos que seguía al Generalísimo entusiasmada con vítores y aplausos en cada uno de sus viajes.

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Era el pueblo llano, la juventud enardecida, estudiantes, empresarios y productores al unísono, gentes agradecidas por el que les salvó de las hordas marxistas, protagonistas del terror rojo, de los asesinatos, de las checas, de los saqueos, de los «paseos», de las quemas de iglesias y conventos, de la terrible persecución de la Iglesia católica, la mayor jamás vista en Europa occidental, siendo los sacerdotes las principales víctimas del gangsterismo puro. Gratitud al hombre que nos llevó a la duradera paz y que permitió —con la fe, el esfuerzo y el trabajo de todos los españoles— pasar de la alpargata al coche, del analfabetismo a las escuelas y universidades laborales, de la pobreza y retraso secular al noveno puesto industrial en el ranking mundial y, en fin, reconocimiento al estadista más sacrificado, honesto y eficaz desde Felipe II.

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Ese zote apellidado Balló, tergiversador de la historia, se muestra tan enojado ante las reales ilustraciones del reportaje, que llega a comentar que las «imágenes que narran estos viajes son estrictamente propagandísticas: escenas de masas, voz en off marcial y efectos sonoros con vítores y aplausos añadidos que dan la impresión de que cada visita era un paseo militar sin oposición»

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Jaime Balmes decía que «la verdad es la realidad de las cosas», pero ese indocumentado comentarista de La Vanguardia y falsificador de realidades, en su maldad llega a garabatear que de este documental se queda con «la mirada lasciva de Franco a Eva Perón, con el agasajo de los Reventós ofreciendo sus cavas al dictador como prueba de adhesión inquebrantable y con esa modesta piedra pirenaica a la que Franco se encaramó para parecer más alto que los demás en una foto que da la medida de su miseria».

Sepa que no existe, desde hace tres décadas, una figura política que arrastre multitudes por convicción, patriotismo y agradecimiento sin pedir nada a cambio.

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