El nacimiento de Citröen Hispania en Vigo, por Pedro Glez-Bueno

02 de enero de 2019 por Redacción FNFF

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Una pequeña historia de las que hicieron grande a España

 

Pedro González-Bueno Benítez

 

A mediados de los años 50 del siglo pasado, el barón du Roure llega a Madrid, enviado por la presidencia de Citroën, con la misión de conseguir implantar la fabricación de la marca en España. Citroën había alcanzado un gran éxito, en tiempo de postguerra en Francia, con el 2CV, por sus características de robustez, economía, suspensión (*), refrigeración por aire, convertibilidad para carga… Nada de lujo, todo funcionalidad. 

El barón, a través de mi tío Pablo González-Bueno, contacta con mi padre exponiéndole las pretensiones de Citroën y le pide que sea la persona que dirija este asunto. Mi padre, conocedor del 2CV por sus frecuentes viajes a París, ve lo idóneo que sería este vehículo en la España de esos años, sobre todo en las zonas rurales y después de varias reuniones acaba aceptando, previa conformidad de la firma francesa, de las normas vigentes en España sobre la industria del automóvil y de las tres condiciones que personalmente mi padre impone: que el proyecto incluya la fabricación de los coches y no sea un mero montaje; que la fábrica española goce de libertad para exportar los vehículos fabricados aquí, y que lleven marca Citroën.

A partir de ese momento empieza la lucha para la obtención de la licencia de fabricación, que habría de ser una laboriosa y larga batalla.

Era Ministro entonces Joaquín Planell Riera, General de Artillería, Laureado, Ingeniero Industrial y fundador de Seat, lo que hacía pensar que no vería con agrado la creación de una empresa competidora. Dada la amistad de mi padre con él, decide pedirle una entrevista que resulta ser en extremo cordial, pero decepcionante. Después de atender con toda atención su exposición sobre el interés nacional que supondría la fabricación del 2CV en España, el ministro, con la corrección que le caracterizaba, le explica las razones por las que se siente obligado a negarle la licencia de fabricación solicitada. Mi padre, ante esta negativa, le preguntó si tendría inconveniente en que persistiera en este proyecto, pues seguía creyendo era de interés nacional, a lo que el ministro le respondió que no lo dudaba y que, por su parte, tenía plena libertad de actuación a pesar de no compartir el mismo criterio.

Al poner sobre la mesa un tema  de interés nacional, consideró debía informar al Generalísimo y en la entrevista que le concedió volvió a explicar las ventajas y beneficios que él entendía que supondría la fabricación del 2CV en España. Asimismo manifestó la dificultad que veía para el desarrollo del proyecto dada la postura del ministro de industria, a lo que el  Caudillo, con ese gran respeto al papel de sus colaboradores directos, le animó diciéndole: “Pues adelante, González-Bueno, siga y trate de convencerle, pues él es quien lleva la política industrial”. A partir de esa entrevista, en ello puso su empeño. Envió cartas y estableció contactos, explicando cómo concebía la creación de la nueva industria, las ventajas de disponer en el mercado nacional de un coche de las características del 2CV y ofreciendo a las industrias del sector una posibilidad de aumentar su carga de trabajo y ampliar su técnica al contar con un nuevo mercado y el asesoramiento de Citroën. De todas estas gestiones mantuvo informado al ministro, quien, a su vez, en octubre de 1955 le comunica la próxima fabricación en Barcelona del Seat 600, insistiendo en que dicho modelo hace innecesaria la fabricación del 2CV.

Pasaba el tiempo, y a pesar del esfuerzo desplegado, lo único conseguido era que el proyecto solicitando la autorización a Citroën para fabricar el 2CV en España, fuese conocido por el gobierno y por la apenas emergente industria auxiliar del automóvil, además de haber difundido y hecho conocer las bondades de este modelo.

Por esas fechas -junio de 1957- se vuelve a plantear, una vez más en el consejo de ministros, la solicitud de licencia para fabricar el 2CV, justo cuando Seat pone a la venta en España el 600. Ante la rotunda oposición del ministro de industria, el Caudillo, después de manifestar estar de acuerdo con él, ruega escuchar a los demás ministros y es Cavestany, ministro de agricultura, el primero en hablar favorablemente del 2CV para el campo; y a continuación es el de comercio, Arburúa, el que dice tener una solicitud de un concesionario de Citroën para importar 2000 furgonetas 2CV y propone aceptarla para comprobar la utilidad de este vehículo en España; esta  propuesta fue aceptada, lo que en principio parecía una buena señal.

Pasan meses sin novedades, meses en que mi padre sigue con sus gestiones, siempre informando al ministro; hasta que un día, el almirante Moreno, con el que coincide en un acto oficial, le pregunta: “¿Qué, cómo andan sus coches?” a lo que le contestó: “No andan, Almirante, están parados” a lo que éste afectuosamente respondió: “Sí andan, sí andan...” Pocos días después, en un funeral se encuentra de frente con el ministro Planell, que le cita para el día siguiente. En esa reunión el ministro le dice que ha llegado el momento que cree oportuno para autorizar la llegada de Citroën a España y, después de una larga conversación, el ministro le confirma la concesión de la licencia de fabricación a Citroën.

Ya en la fase de búsqueda del emplazamiento idóneo de la fábrica, el barón du Roure menciona Alsasua, donde le han ofrecido un terreno de unos 10.000 m2 y una nave de 5.000 m2. Pero mi padre, conocedor de la existencia de la Zona Franca de Vigo, le dice: “El lugar donde nos conviene situar la fábrica es la Zona Franca de Vigo, que hasta ahora apenas ha utilizado nadie, y gozará de apoyo oficial. El Gobierno está deseoso de que se instale allí una gran industria y además hay mano de obra abundante que está emigrando por falta de trabajo. Vigo es un puerto importante, vaya a conocerlo y se convencerá. Ya he anunciado a las autoridades su visita… Pero hable de un millón de m2”.

El contrato entre Citroën Hispania y el Consorcio de la Zona Franca se firmó el 28 de Septiembre de 1957, actuando mi padre como presidente de la sociedad y el alcalde de Vigo, Tomás Pérez Llorente, en nombre del Consorcio.

En 1961 se fabricaron 3.600 unidades y había medio millar de personas en nómina.

En 1963 fueron 19.000 y en 1968, a los diez años de la creación, Citroën Hispania produjo más de 40.000 vehículos**.

En Septiembre de 1961 se celebra la inauguración oficial de la fábrica en Vigo, con la asistencia del Jefe del Estado y el presidente de Citroën, Pierre Bercot. Terminado el acto, el presidente, que había tenido ocasión de hablar y cambiar impresiones con el Caudillo, dirigiéndose a mi padre le dijo: “Me he quedado asombrado de la sencillez del Generalísimo Franco; en mis entrevistas con el General De Gaulle me ha mantenido en posición de firmes ante él, sin que prácticamente pudiera hacer otra cosa que oírle… Nosotros tenemos un General, ustedes tienen un Generalísimo”.

El tiempo ha confirmado el acierto de Citroën al establecerse en España y asimismo el beneficio que ello ha supuesto para la economía nacional y particularmente para Vigo.

A mediados de 2017, Citroën Hispania llevaba fabricados más de 12 millones de coches; en sus mejores años dio empleo (directo) a 10.000 trabajadores y sus exportaciones suponen el 30% de las de la Comunidad. Vigo, por su parte, no sólo vio detenida su emigración, sino que hoy día es la ciudad no capital de provincia más poblada de España.

*“En España, por ejemplo, los más veteranos recordarán los Citroën 2CV tomando curvas con inclinaciones “imposibles”, coches que parecía que iban a volcar en cualquier momento, pero que pese a todo permanecían firmemente pegados a las carreteras”. (ABC 3.5.2016)

 

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