Así hablaron los obispos sobre la figura de Francisco Franco

14 de marzo de 2019 por Redacción FNFF

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Revista Afán

nº 11 Especial

 

En todas las diócesis españolas en las que durante la enfermedad del Jefe del Estado se habían ofrecido oraciones especiales por su salud, se celebraron asimismo sufragios por el eterno descanso de su alma. Prácticamente todos los obispos españoles ensalzaron en sus familias las virtudes personales y públicas de Franco.

Si prescindimos de rarísimas excepciones, como en los casos de San Sebastián y Las Palmas, en general, tanto los obispos como los sacerdotes de toda España, elogiaron con generosidad las virtudes personales y políticas de Franco, desde consideraciones radicalmente cristianas, resaltando la ejemplaridad de su vida y su obra.

Con los panegíricos a la figura de franco, los obispos y los sacerdotes españoles escribieron las páginas más sacrales y gloriosas del Régimen, muy similares a las que habían sido escritas durante los cuarenta años pasados, acentuándose el parecido hasta, a veces, superarlo, con la de los tiempos primeros en los que la idea de la Cruzada y de los sacral informaba todo o casi todo (invocando al mismo Franco como poco menos que como “el enviado de Dios”).

En homenaje a la verdad de la historia y sin comentario alguno, ofrecemos a continuación, una breve antología de determinados párrafos de algunos de los textos de las homilías que los obispos españoles denunciaron en sus catedrales, en las exequias del Jefe del Estado, celebradas con la mayor solemnidad posible:

 

Monseñor Franco Cascón, Obispo de Tenerife.

Francisco Franco fue elegido por Dios para, en medio del desorden y las actividades contra la Patria y la religión, dirigir una Cruzada -que no guerra civil- e instaurar de nuevo los dos valores supremos: Dios y la Patria.

Dios le protegían vida contra sus enemigos, le dirigió y le ayudó durante la Cruzada, por lo cual es necesario pensar seriamente que el Caudillo de los españoles fue un hombre providencial, de los pocos que Dios elige para que rijan los destinos del mundo con paz y sabiduría.

Fue hombre y un gobernante profundamente cristiano y, si a los gobernantes se les puede tachar de muchas cosas, a Franco nadie le puede acusar de inmoralidad, ya que su vida fue un continuo servicio a Dios y a la iglesia e incluso, en los últimos momentos de su vida al escribir su testamento político, se manifestó como un profundo creyente de la Iglesia Católica, con la que cumplió plenamente en los días de su vida.

Francisco Franco ha sido uno de los hombres más preclaros de las últimas generaciones, ya que ha profundizado hondamente en el conocimiento de lo que es España, lo que significa ser español y de qué y de quiénes son los enemigos de Dios, la Religión Católica y la Patria.

 

Cardenal Tarancón, Arzobispo de Madrid.

En esta hora nos sentimos todos acongojados ante la desaparición de esta figura auténticamente histórica. Nos sentimos, sobre todo, doloridos ante la muerte de alguien a quien sinceramente queríamos y admirábamos. Hay lágrimas en muchos ojos y yo quiero que mis primeras palabras de Obispo sean para recordar a todos, a la luz de nuestra fe cristiana, que los muertos no mueren del todo… Y este amor de Dios de Franco es el que yo sí puedo elogiar en esta hora. Cada hombre tiene distintas maneras de amar. La del gobernante es la entrega total, incansable, llena a veces de errores inevitables, incomprendida casi siempre, al servicio de la comunidad nacional… Creo que nadie dudará en reconocer aquí conmigo la absoluta entrega, la obsesión diría, con la que Francisco Franco se entregó a trabajar por España, por el engrandecimiento material y espiritual de nuestro país, con olvido incluso de su propia vida.

Ha muerto uniendo los nombres de Dios y de España. Gozoso porque moría en el seno de la Iglesia, de la que siempre ha sido hijo fiel… Si todos cumplimos con nuestro deber, con la entrega con que lo cumplió Francisco Franco, nuestro país no debe temer por el futuro….

 

Cardenal González Martín, Arzobispo de Toledo.

Ante ese cadáver han desfilado tantos que necesariamente han tenido que ser pocos, en comparación con los muchos más que hubieran querido poder hacerlo para dar testimonio de su amor al padre de la Patria, que con tan perseverante desvelo se entregó a su servicio… Brilla la luz del agradecimiento por el inmenso legado de realidades positivas que nos deja ese hombre excepcional. Esa gratitud que está expresando el pueblo y que le debemos todos, la sociedad civil y la iglesia, la juventud y los adultos, la Justicia cristiana, a la que quiso servir Francisco Franco y sin la cual la libertad es una quimera, nos habla de la necesidad de Dios en nuestras vidas….

 

Cardenal Jubany, Arzobispo de Barcelona.

Nosotros somos testigos de las múltiples manifestaciones de los sentimientos religiosos del ilustre difunto. Hemos constatado su gran espíritu patriótico y hemos admirado su total dedicación al servicio de España.

 

Cardenal Bueno Monreal, Arzobispo de Sevilla.

Es muy natural que la nación entera, y con ella nuestra ciudad, se sienta sacudida por este fallecimiento y que todos nosotros, como ciudadanos españoles, llenemos los templos, primero para orar por el alma de Francisco Franco, cuya persona ha estado tan vinculada a todas las nuestras, y luego para implorar a Dios una asistencia especial sobre nuestro pueblo.

 

Monseñor Hervás, Obispo de Almería.

Francisco Franco, Jefe del Estado español, cumplida su peregrinación temporal e histórica, ha sido llamado la presencia de dios… Él ha marcado con huella profunda una época de la vida nacional. La vida del Jefe del Estado se ha consumido día día en el difícil y siempre penoso quehacer del trabajo, sin regateos y entrega su pueblo… Él ha sido también miembro de la comunidad cristiana, de esta Iglesia, a la vez santa y pecadora, de la que en su testamento escrito al se confiesa hijo fiel y en cuyo seno ha querido vivir y morir acogido al amparo de la benigna misericordia del Señor.

 

Ilmo. Blázquez, A.A. de Ávila.

Nuestra oración confiada en verdad, se hace más fácil cuando acudimos a la justicia misericordiosa de Dios, con el aval de una vida claramente religiosa, como ha sido la de Francisco Franco. ¿Cómo no ha de sernos grato recordar ante el Señor que este hijo suyos le confesó sin temor ante los hombres?... ¡Cuántas veces en su palabra encontró  el pueblo español el recuerdo explícito de Dios, de su Providencia, de la confianza en su ayuda, de la seguridad de su auxilio en momentos decisivos…! Su vida de hombre público consagrado al servicio de la Patria, su vida personal ha llevado siempre signo de un comportamiento de sincero creyente.

 

Monseñor Fernández, Obispo de Badajoz.

¡Francisco franco ha muerto…! No es función de nuestra misión pastoral dibujaros, con los gruesos trazos que merecería, el perfil sobrehumano de su figura: la del soldado invicto, espejo de las mejores virtudes castrenses, la del estadista, timonel taumaturgo de la nave de la Patria, siempre segura en sus manos; la del político que estructura instituciones de cara al futuro, hoy ya presente, con el macizo programa que permita a su pueblo el logro de los más nobles ideales… Volviendo nuestra mirada a la ejecutoria religiosa de Francisco Franco, podemos proclamar sin ambages que ha sabido cumplir con entrega total, en un momento memorable de su vida, justamente mitad de su camino al frente de la nación, ante la nutrida representación de la Jerarquía Eclesiástica española, tuvo la valentía de hacer una pública y personal confesión, con lágrimas en los ojos, que a su vez suponía un compromiso formal de futuro: “No quiero presentarme ante Dios, cuando me llame, con las manos vacías”. Proclamemos que el Caudillo, a estas horas, no habrá tenido el encuentro con Dios por ineficacia o esterilidad servicio a su pueblo: se habrá presentado ante el Señor con las manos muy llenas.

 

Monseñor Echeverría, Obispo de Barbastro.

“Los ángeles velan guardia por si el óbito se produce y el Jefe del Estado nos deja…”, decía nuestro señor Alcalde en un reciente artículo de prensa. Nuestro Jefe de Estado nos ha dejado y ya nadie vela guardia por él. Él vela guardia por nosotros….

 

Monseñor Añoveros, Obispo de Bilbao.

A lo largo de estos últimos cuarenta años, su figura se nos ha hecho familiar. Su actividad ha influido decisivamente en la esfera de nuestra vida social, familiar y personal. Hemos quedado todos envueltos en una misma historia, de la que él ha sido protagonista excepcional. Es justo que hoy, como cristianos, como Iglesia reunida en oración, le demos fraternalmente acogida. Francisco Franco es, sin duda, un hombre para la historia y es también, y sobre todo, un hombre para Dios. Al recordar ahora la trayectoria de su vida, en permanente dedicación a sus ideales, con su arriesgada vocación militar al servicio de la Patria, desde su juventud, con su entrega a las dificilisimas tareas de gobierno supremo, en casi cuarenta años, nos hacemos más conscientes de la vocación particular y propia que tenemos los cristianos en la comunidad política.

 

Monseñor García de la Sierra, Arzobispo de Burgos.

Nunca puso límites a las horas de trabajo, ni de día ni de noche. El Sagrario de su capilla sabe de las horas de la noche -mientras los demás dormíamos confiados- pasadas en prolongada vela cuando los problemas de la Patria exigían a su fue la inspiración del cielo. Pero, sobre todo, Francisco franco ha sido un hombre que ha vivido de una fe profunda y sincera. Nacido en un hogar cristiano, su madre, de honda raigambre cristiana, fue comunicando a sus hijos la reciedumbre de su fe. Y aquella fe, que recibió de Dios en el seno de su familia, fue creciendo y madurando hasta constituir la ayuda y el baluarte firme de su vida. Para Franco la fe es el don más grande que el Señor ha concedido a los pueblos, a las familias, a los individuos. Él siempre creyó que la misión histórica de España era defender esta fe, por eso considero que todos los materialismos ateos eran ya, por naturaleza, enemigos de la Patria.

 

Monseñor Dorado, Obispo de Cádiz-Ceuta.

Nuestra esperanza en la misericordia con que Dios acogerá en su seno el alma de su siervo Francisco, se une en esta hora al recuerdo del hombre que dio testimonio de ejemplar vida familiar, de abnegado cumplimiento del deber, dedicación y laboriosidad infatigables al servicio de la Patria, de arraigada religiosidad, de paciencia en el sufrimiento de sus enfermedades, de aceptación de una larga y terrible agonía y tantos otros rasgos de su vida personal, pero además, al hacer memoria de su figura, se nos aparece su persona fundida indisociablemente en el hombre de Estado, en el hombre que ha vivido para cumplir el designio político de construir en su país el orden que había concebido.

 

Monseñor Hervás y Benet, Obispo de Ciudad Real.

El luto nacional que guardamos no es tanto el fruto de una disposición legal, cuanto al espontáneo y común sentir de nuestro pueblo, que ha ido siguiendo atenta y ansiosamente, día día, y noche tras noche, la dolorosa enfermedad del Jefe del Estado, como si se tratara de una persona entrañablemente familiar. La figura de Francisco Franco ha entrado ya en la historia, encarnando en su persona más de medio siglo de la historia de España.

 

Monseñor Mansilla, Obispo de Ciudad Rodrigo.

España entera está de luto porque ha perdido un valeroso soldado que supo no solo ganar una guerra, sino forjar la paz y hacer posible la convivencia entre los españoles. Ha perdido un ejemplar gobernante y estadista que logró para nuestro pueblo metas de prosperidad y bienestar material, nunca alcanzadas, y un ferviente cristiano que hizo de su vida un constante servicio de entrega y de fidelidad a Dios y a la Patria. Por todo ello, merece nuestro entrañable afecto, nuestro reconocimiento sincero y, ahora y siempre, nuestra gratitud. Nos consta que el Generalísimo Franco oía muy frecuentemente la misa y se alimentaba de la Sagrada Comunión, de dónde sacaba fuerzas y energías para poder cumplir fielmente sus deberes de hombre de Estado.

 

Monseñor Cirarda, Obispo de Córdoba.

Inmensas fueron las cargas que el Señor puso sobre quien ha sido nuestro Jefe de Estado. Muchos y grandes son los hitos de su obra histórica. Desde joven tuvo responsabilidades superiores a lo normal. En años de juventud, como solía decir él mismo recordando su rápida carrera militar, que le hizo el más joven general de nuestro ejército. Luego los acontecimientos que llevaron a ser caudillo en una larga guerra civil… España ha cambiado su faz en estos últimos cuarenta años: se han universalizado la instrucción y la cultura, se ha elevado el nivel de vida de las gentes, nuestras leyes sociales se han transformado, nuestras costumbres son otras en muchos órdenes, la vida misma de la iglesia sufrido cambios profundos… Que Dios juzgue con bondad a su servidor y reciba toda su vida con sus virtudes hogareñas y su entrega el trabajo….

 

Monseñor Llopis, Obispo de Coria-Cáceres.

Estoy seguro de que todos nos movemos ante la tumba de franco, no solo con admiración y respeto, si no también por fervores patrióticos exaltados. La Patria llora, no siente el vacío de autoridades, pero si la orfandad de quien desgastó su vida por ella. Mirad, Señor, cómo llora España porque acaba de perder a quien le dio la paz, la tranquilidad, el progreso, la tecnificación, la elevación del nivel de vida, la industrialización y lo que para muchos es más grato; que imprimió en su vida y supo transmitirnos una acendrado ejemplo de vivir en el seno de la Iglesia Católica y morir con la bendición de Dios. Si estuviéramos fuera del templo y en un acto extralitúrgico, podría yo hacerme eco de su talento político y de sus dotes de insigne estadista, pero ante el altar de Dios y en un acto de sufragio, lo que vale es todo un pueblo que se siente dolorido y apenado, y por eso reza implorando, confiadamente, la infinita misericordia de Dios sobre el Caudillo que acaba de perder.

 

Monseñor González Moralejo, Obispo de Huelva.

Estoy seguro de que Francisco Franco, cristiano, creyente, iluminado, cada vez va más de cerca por la luz de la fe, habrá recordado -aún sin identificarlas como dichas por San Pablo- estas palabras: “Ninguno de vosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo”. Las rememorará, no solo para evocar de nuevo la entrega que de su vida hizo tantas veces al servicio de su país, sino para saborear en todo su valor el sentido cristiano de la vida y de la muerte… ¿Cómo no vamos a mirar ahora, con profundo respeto, con reconocimiento sincero y desapasionado, su persona y su obra?

 

Monseñor Guerra Campos, Obispo de Cuenca.

Esta ta mañana he estado cinco horas de pie en un rincón próximo al cuerpo yacente de Francisco Franco, viendo pasar a mi lado el desfile prieto, inacabable, de un pueblo que, para verle un instante, soporta horas de espera. Casi he tocado su emoción, sus lágrimas, sus llantos. He admirado, como otros muchos testigos, la impresionante participación de los jóvenes. Por primera vez en la vida, hemos comprobado muchos, cómo el homenaje respetuoso de un pueblo a su gobernante tenía la misma vibración conmovedora de un duelo familiar. El mensaje póstumo de Francisco Franco es emocionadamente aleccionador. Espléndida profesión de fe en Cristo y en la Iglesia. Una manifestación de finura evangélica, según las bienaventuranzas; finura en el perdón; finura en el agradecimiento. Unos consejos de gobernante cristiano para la gran familia cristiana que es, gracias a Dios, la sociedad civil española. Y una muestra de generosidad, propia de un verdadero padre de la Patria, transfiriendo el afecto y el apoyo populares que le rodearon a quien le sucede en la Jefatura del Estado.

 

Monseñor Malla Call, Obispo de Lérida.

Esta catedral hace veinte años, más en concreto, la víspera de San Miguel de 1955, cobijo en su ámbito la figura, ya histórica, de Francisco Franco. No es humillante para el Jefe del Estado, que nos ha dado para siempre en la tierra, elevar a Dios una plegaria de perdón por su alma. El mensaje póstumo, cuya lectura emocionada por el presidente del Gobierno ayer escuchamos, nos recordaba el alto ideal que se había propuesto alcanzar el Jefe de Estado, cuya consecución nos urgía, y para el cual indudablemente había trabajado sin descanso… Descanse en paz quienn tanto se esforzó en conseguirnos un futuro más bello.

 

Monseñor Buxarrais, Obispo de Málaga.

Iluminados por la palabra de Dios, quiero referirme al hombre cuya muerte nos ha congregado alrededor del altar y en la presencia de Cristo. Quiero referirme concretamente a las palabras de su último mensaje a los españoles, emocionadamente leído por el Presidente del Gobierno ayer frente a las cámaras de televisión. Sus palabras de perdón e invitación a seguir el camino de una convivencia pacífica, son todo un programa de acción para los que continuaremos tejiendo la historia.

 

Monseñor Úbeda, Obispo de Mallorca.

Un gran hombre, un estadista insigne, un soldado sin tacha, ha muerto. Durante casi cuarenta años ha ostentado la representación de la nación, la ha regido y ha presidido su evidente crecimiento en tantos aspectos. Francisco Franco ha sido un creyente Jesucristo y en su Iglesia. Su religiosidad, hasta su devoción diría, son bien conocidas de todos. Él ha vivido la Eucaristía. Ha comido el Pan que es el Cuerpo de Cristo… Francisco Franco ha sido también un apasionado del servicio a su país. Su generosidad, no solo en el dar de lo suyo, sino también en el dar su vida por España, es proverbial desde sus primeros tiempos de joven soldado en África, hasta los últimos días de su cruel enfermedad. Tomó decisiones con admirable dedicación y con serena decisión… Él mismo nos invita, con sus últimas palabras, y hoy con su nuevo vivir, a mirar el futuro de España con esperanza y con serena decisión de mejorarlo entre todos.

 

Monseñor Moncadas, Obispo de Menorca.

Casi medio siglo ha llenado la personalidad de la actividad pública de Francisco franco. Pero los hombres no son eternos. Nuestro Jefe de Estado ha desaparecido de nuestra vista. Sus ojos no ven ya la luz de este mundo. Cuenta acepar el escándalo de la muerte… Nuestra nación está triste, está de luto…

 

Monseñor Araujo, Obispo de El Ferrol-Mondoñedo

Por encima de cualquier discrepancia y de las limitaciones propias de la condición humana, creo poder afirmar que Francisco Franco nos ha dado a todos los españoles, y a los cristianos de un modo especial, algunas lecciones sobre las que deberíamos reflexionar y que aparecen sintetizadas en su testamento espiritual. Una lección de amor a nuestra Patria, que él supo traducir en un constante servicio, con una entrega, una lealtad y un tesón que todos debemos agradecer y aprender… Él trabajó por conseguir una Patria unidad, unidad que ninguna debemos identificar con uniformidad...

 

Monseñor Temiño, Obispo de Orense.

Hemos perdido una figura excepcional… Durante casi cuarenta años ha dirigido en el plano supremo los designios de España. Esto ha hecho gravitar sobre sus hombros una responsabilidad asombrosa ante Dios, y ante la sociedad. Sin embargo, y por lo mismo, los méritos contraídos ante Dios y la sociedad, son también impresionantes… Sería injusto silenciar, en esta ocasión, sus grandes y excepcionales merecimientos para con la Iglesia y para con el pueblo español. Es una grave obligación reconocer la paz, no corriente entre nosotros, el profundo bienestar, el impresionante progreso que nos ha proporcionado durante este prolongado periodo de nuestra historia….

 

Monseñor Cardenal, Obispo de Osma-Soria.

No seríamos justos si en el marco de esta asamblea eucarística no diéramos testimonio de la profesión de fe y religiosidad que, en el discurrir de toda su vida, dio nuestro Jefe de Estado, Francisco Franco. Tampoco es decir nada nuevo, ni que pueda tener sabor o tufillo de sacristía. La novedad estaría no darnos por aludidos.

 

Monseñor Díaz Merchán, Presidente de la Conferencia Episcopal.

El Generalísimo nos ha dejado y ocupa desde ahora un puesto indiscutible en nuestra historia patria… Tan largo periodo de años al frente de la Jefatura del Estado y circunstancias tan difíciles como las que atravesó España en este periodo historia, han ofrecido a Francisco Franco abundantes ocasiones para ejercitar, con la ayuda de la gracia divina, la generosidad de su entrega personal al servicio de los españoles… En estos momentos, al mismo tiempo que agradecemos a Dios los beneficios recibidos por medio de nuestro Jefe de Estado, pedimos también misericordia y perdón por los pecados que, como todo ser humano, haya podido cometer en su dilatada vida.

 

Monseñor Méndez, Arzobispo de Pamplona.

Francisco Franco, grano de trigo que ha caído en la tierra. Francisco Franco, grano de trigo que se pudre en la tierra. Pero nuestra oración tendrá que hacer también, junto con sus obras buenas, a través de su vida, tendrá que hacer, amadísimos hermanos, que ese grano de trigo que cae la tierra y se pudre, se convierte en la mejor espiga de España. En la mejor espiga cargada de paz, de justicia, de verdad y de amor.

 

Monseñor Del Val Gallo, Obispo de Santander.

Porque Francisco Franco a través de su existencia y sobre todo en sus casi cuarenta años de estadista, dio señales de personal esfuerzo por mantenerse en la fe cristiana. Es del dominio público cómo el Jefe del Estado hacía oración y participaba en los sacramentos de la Iglesia. Se sabe que al menos en los últimos años, hacía ejercicios espirituales para reflexionar sobre las exigencias del Evangelio en su vida. Es también conocida su sensibilidad personal por mantener, en los momentos de crisis, la comunión con la Iglesia.

 

Monseñor Suquía, Arzobispo de Santiago.

El acontecimiento que nos reúne hoy en la basílica compostelana me recuerda a mí, y sin duda a muchos de vosotros, la última visita realizada por nuestro Jefe del Estado al Apóstol, en la aún cercana fecha del pasado ocho de septiembre. Acompañado de su esposa, entró en la Catedral por la puerta de la Azabachería, atravesó el crucero con paso bastante firme, una vez en el presbiterio se postró sobre el sepulcro de Santiago oró largo tiempo, más tiempo del que yo le había visto orar en otras circunstancias semejantes. Después de la oración, subió al camarín para dar un largo y ancho abrazo al Apóstol, descendió la escalinata con dificultad, ahora apoyándose con fuerza en el brazo que yo le ofrecí. Al llegar al centro del presbiterio, me dio efusivamente las gracias con los ojos algo humedecidos y descendió del presbiterio a la nave. De pronto, se inclinó brusca y profundamente hacia la derecha, como si fuera caer, alguien creyó que había tropezado en el rizo de la alfombra, pero yo más bien pensé que había sido por la fuerte emoción del momento. Rendido por el esfuerzo de toda una vida entregada al servicio de España, nuestro Jefe de Estado ha muerto.

 

Monseñor Cases, Obispo de Segorbe-Castellón.

El mundo entero ha sentido la sacudida ante la muerte de Francisco franco… ¡Cuánto elogio, cuánto agradecimiento a Franco en España hoy! La trayectoria cristiana de Francisco Franco nos recuerda que, a la hora de la verdad, lo que cuenta no es haber sido grande a los ojos de los hombres, sino a los ojos de Dios. Lo que importa es servir, cada cual en el lugar en donde le ha tocado vivir… Francisco Franco ha servido a la Patria con responsabilidad y seriedad.

 

Monseñor Álvarez Martínez, Obispo de Tarazona.

Ha muerto Francisco franco, hijo de Dios y servidor de la Patria… Como cristiano practicante, devoto de la Eucaristía y de la Santísima Virgen, ha muerto en la fe después de una prolongada enfermedad, llevada con signo indeclinable de resignación cristiana,  y está ya en las manos de Dios… Como servidor de la nación, por encima de opciones siempre perceptibles, son dignas del máximo respeto su dedicación plena y su abnegación al servicio de la Patria, no solo desde el ejercicio de la Jefatura del Estado, sino desde otros cargos de la máxima responsabilidad, actitudes estas fundamentales que merecen no solo nuestra admiración, sino también nuestro reconocimiento y gratitud. La Iglesia española, que se ha visto asistida por su ayuda, también lo recuerda con gratitud y respeto.

 

Monseñor Palenzuela, Obispo de Segovia.

Ha muerto el Jefe del Estado español, Francisco Franco. La dedicación del hombre a su misión y su larga y dolorosa lucha con la muerte, suscitan en todos un profundo respeto, nadie puede dejar de reconocer la señalada significación del fallecido Jefe del Estado, para el curso de la historia de nuestra Patria. Durante casi cuarenta años, y en una época que se caracteriza por transformaciones y cambios de todo orden, algunos de los más profundos y rápidos de la historia humana, el General Franco ha dirigido los destinos de la nación. Nada de lo que ha sucedido en este país durante estos largos años, puede entenderse sin alguna referencia a la obra militar y política de franco… El Jefe del Estado, enteramente fiel a sus convicciones, ha dedicado toda su vida a las muy duras tareas de la guerra y del gobierno.

 

Monseñor Cerviño, A. A. de Tuy-Vigo

Es en estas horas luctuosas, confiamos en que Cristo hará partícipe de su gloria a Francisco Franco, el hombre creyente que miró los acontecimientos sabiendo que todo era conducido por la mano de la Providencia, aunque no cejara en poner los medios conducientes a lograr su objetivo de engrandecer a su pueblo. El hombre creyente que se manifestó y vivió como católico, con honestidad y limpieza de conductas ejemplares, con lealtad y total entrega a su Patria. El hombre creyente que quiso acertar en la aplicación de los principios cristianos a su actuación de gobernante… La vida de Francisco Franco fue como una antorcha, que se ha ido quemando lentamente a un servicio constante, abnegado y total para hacer de España una comunidad nacional unida. Y esa es la lección de su vida y el testamento que nos legó y que, como cristianos y ciudadanos, tenemos la grave obligación de recoger.

 

Monseñor Iguacen, Obispo de Teruel.

Pedimos para el que ha sido nuestro Jefe de Estado el descanso eterno, la luz perpetua, la paz inalterable. El descanso de Dios, después de una vida apretada de trabajos, de preocupaciones y responsabilidad tremendas. A la luz de Dios que le introduzca en la verdad plena, a él, que tanto se esforzó por encontrar caminos nuevos para un pueblo que le confió su destino. La paz de Dios, esa paz que el mundo no puede dar… Pidamos por nuestra amada España, la Patria que él tanto amó y a la que él sirvió con total entrega dedicación.

 

Monseñor G. La Higuera, Arzobispo de Valencia.

Franco era un hombre pendiente siempre de Dios. Pendiente siempre de la fe que anidaba en su alma, en la que nunca jamás hubo crisis. Con referencia a las crisis, que tenía que contemplar en este tiempo -y que todos lamentamos- siempre se expresaba con acertado diagnóstico, como de médico espiritual, diciendo: “Eso, eso, es crisis de fe”. ¡Qué verdad, qué verdad…! Era un hombre de fe… Era siempre optimista. España era para él el contenido de una tradición de fe. Tenía siempre fe en Dios. Cómo me gozaba yo cuando en cualquier conversación salían las frases: “Si Dios quiere”, “No sé lo que haría Dios en este caso”, “Probablemente Dios decidirá”. Siempre Dios. ¿Recordáis los mensajes de fin de año? -este año ya no lo oiremos-. Siempre a final o en medio, cuando ocurría la ocasión oportunísima -era acertado en todo-  salía a relucir su fe en Dios. Era un hombre de fe. Pero no de fe de relumbrón. Fe que basaba en obras… En resumen, en mi concepto, tiene estas tres virtudes: ser hombre de fe, entregado a obras de caridad, en favor de todos, pues a todos amaba. Hombre de humildad. A esa fe y a esa humildad le llevaba en gran deseo. El hombre que es de fe, aunque esté levantado sobre el pedestal del triunfo, todo lo que venido de Dios….

 

Monseñor Delicado, Arzobispo de Valladolid.

¡Ha muerto el Caudillo…! Estábamos tan acostumbrados a su presencia y a su “capitanía”, que este acontecimiento se ha convertido para todos en una conmoción, que se ha ido haciendo patente a lo largo de su prolongada agonía y, en cierto sentido, en un interrogante y una interpelación para todo el país. Desde que me ordené sacerdote, hace 25 años, he venido rezando, a diario, la colecta “Et fámulos” en la que pedíamos, como nos recomienda la Sagrada Escritura, que hagamos por los que gobiernan, por el Jefe del Estado.

 

Monseñor Peralta, Obispo de Vitoria.

Franco sacó a España de sus momentos difíciles, de la atonía que se había apoderado de nuestra nación. Franco nos libra de la conflagración universal; Franco encauzó nuestro desarrollo. La figura de Franco en la historia permanecerá siempre grande. Ha sido un Jefe de Estado cristiano y católico cien por cien. Para encontrar otro de su talla en estos órdenes, habría que remontarse a los Reyes Católicos, a Carlos I o a Felipe II. Su muerte, con su testamento espiritual, nos  ha emocionado. Su fe se puso de manifiesto en toda su vida, lo mismo política que particular. La pudimos comprobar muchísimas veces, ya que en sus discursos apelaba siempre a Dios, cimiento de toda su obra. Su legislación en todo momento estuvo orientada dentro de la ley de Dios. Yo fui testigo de la delicadeza con que Franco ha tratado siempre la Iglesia. La ha ayudado y favorecido. Cuando los obispos teníamos alguna dificultad con la Administración, acudíamos a él, que la resolvía siempre a favor de la Iglesia. La quería por encima de todo partido. Yo mantuve algunas largas conversaciones con el caudillo y siempre me supo animar a que los alaveses fuesen buenos cristianos. Mostró en todo momento su estimación hacía nuestros sacerdotes… Su vida fue siempre honesta y familiar…

 

Monseñor Cantero, Obispo de Zaragoza.

En esta hora dolorosa de la muerte de nuestro Jefe del Estado, Francisco Franco, que cierra una época y abre otra nueva en la historia de España contemporánea, os dirijo esta carta con el ruego y la esperanza de que vuestra conciencia moral responda a las exigencias actuales de la fe cristiana y de la ciudadanía española. Franco ha muerto bajo el manto de la Virgen del Pilar, con la fe firme y sencilla del centurión del Evangelio, con la entrega total y apasionada de su vida al servicio de España, pidiendo perdón y perdonando a todos sus hermanos. Como cristianos y como españoles, ante el ejemplo de su vida y su muerte, correspondamos con nuestra oración, con nuestra concordia y con nuestra esperanza, al mensaje de paz y unidad fraterna que, en los mismos umbrales de su muerte, Francisco Franco ha legado, con un abrazo de despedida a todas las generaciones españolas, a saber: nuestro esfuerzo permanente y esperanzado para alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España.

 

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