Mujeres, guerra, ideales (II), por José Miguel Hernández

20 de septiembre de 2021 por Redacción FNFF

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José Miguel Hernández

Historiador

 

Las mujeres también aportaron su visión del conflicto a través de la Prensa. Y también algunas perdieron la vida en el cumplimiento de su trabajo. El ejemplo más paradigmático de ello lo constituye la figura de Gerda Taro, fotoperiodista alemana que en Febrero de 1936 comenzó a trabajar para Alliance Photo Agency. Nacida en 1910, en la localidad  de  Stuggart y en el seno de una familia judía de emigrantes polacos, huyó de Alemania tras la subida de Hitler al poder, en 1933 . Llegó a Barcelona en compañía de Robert Capa, también fotógrafo y compañero sentimental de Gerda, al inicio de la Guerra y fueron testigos de diferentes episodios de la misma, publicando sus trabajos en revistas como “Regards” o “Vu”. Pero Gerda Taro también llevó a cabo reportajes en solitario en los que mostró la imagen de una guerra que se había ensañado duramente con la población. Son realmente espectaculares las imágenes de mujeres y niños, de los soldados en el fragor de la batalla o de las víctimas mortales tras un bombardeo de la aviación. Y sería su reportaje sobre  la primera fase de la  Batalla de Brunete el que le daría un gran prestigio al publicarlo en “Regards” el 22 de Julio de 1937. Sin embargo también sería en esta batalla, durante su segunda fase, la que marcaría el fin de su vida: intentando obtener las mejores fotos del avance de las tropas de Franco y de la retirada de las tropas republicanas tuvo un accidente en el que su cuerpo fue arrollado por un tanque. Trasladada al hospital inglés de El Escorial, moriría en la madrugada del 26 de Julio de 1937, seis días antes de cumplir 27 años.

Sin embargo, la primera periodista fallecida en zona de conflicto no fue Gerda Taro sino Renée Lafont. La reportera francesa cubría la Guerra civil en el frente de Córdoba para el diario francés “Le Populaire” cuando en Agosto de 1936 fue detenida por soldados franquistas, ejecutada el  1 de Septiembre de 1936 y enterrada en una fosa común del cementerio cordobés de La Salud. Una periodista francesa, Maïtena Biraben, que es pariente lejana de Renée, está en la actualidad rescatando su memoria.

Virginia Cowles y Marta Gellhorn  fueron dos periodistas que merecen una mención particular. La primera de ellas, norteamericana, pasó de escribir sobre moda a ser  enviada a cubrir la Guerra en 1937,  lo que hizo desde los dos bandos enfrentados. Sus artículos eran extensos (entre seis y siete páginas) y describían la vida en Madrid, los bombardeos sobre Barcelona en 1938, la caída de Santander y la destrucción de Guernika, donde supo que la ciudad había sido bombardeada por aviones alemanes e italianos, relato que desmentía la versión que responsabilizaba a los republicanos de su destrucción, versión difundida por la propaganda franquista. De su experiencia como periodista de guerra ha quedado su libro, recientemente editado en castellano: “Complicarse la vida: Una reportera en zona de conflicto (1937-1941)”. Casada con Adrian Crawley, político británico, moriría en 1983, víctima de un accidente automovilístico.

Cowles fue muy amiga de la segunda periodista que destaco: Marta Gellhorn, también norteamericana. De formación progresista y liberal, fue enviada a España por la revista Collier´s en Marzo de 1937. Alojada en el Hotel Florida, fue allí donde redactó su primera crónica sobre la Guerra en Julio de 1937 y que llevaba por título “Sólo gimen los obuses”. Amiga de Eleanor Roosevelt, esposa del presidente norteamericano, describió en Febrero de 1938 la ciudad de Barcelona como una ciudad donde era visible el hambre, el terror y la miseria que reinaba en las calles. Los constantes bombardeos y el colapso inminente no impedían que la propaganda oficial del gobierno republicano siguiese proclamando que la victoria final estaba cada día más cerca. Tercera esposa del escritor Ernest Hemingway, acabaría suicidándose en  1998,  a los 89 años.

No pueden dejarse en el olvido periodistas como Kati Horn, fotógrafa de militancia anarquista que estuvo en Barcelona y en Valencia y publicó sus trabajos en las revistas “Tierra y Libertad”, “Tiempos Nuevos” y “Mujeres Libres”. De la inglesa Nancy Cunard, destacada activista social y corresponsal del diario “Manchester Guardian” es importante señalar que en 1937 envió un cuestionario a intelectuales de todo el mundo con el objetivo de apoyar a la República. Al acabar la Guerra se dedicó a ayudar a los refugiados españoles que se oponían a Franco y no podían regresar a España.

Tina Modotti, Josephine Herbst, Elizabeth  Debble, Lilliam Hellmann, Katherine Atholl, Leah Manning, Charlotte Haddane,Ilse Kulcksar, Dorothy Parker, Virginia Wolff: en los escritos de todas ellas se aprecia la defensa de la República pero, también, hubo mujeres que apoyaron la causa de los sublevados. De origen aristocrático y favorables a una política conservadora,muy críticas con la actuación del gobierno republicano para con la Iglesia Católica, son remarcables  Eleonora Tennant, Florence Flomborough (que formó parte de la plantilla de la Radio de Franco, traduciendo y emitiendo programas de propaganda) y Priscilla Scott-Ellis, que trabajó como enfermera en el ejército franquista.

Al igual que ocurre en la actualidad cuando estalla una guerra, también en el caso español hubo una gran respuesta internacional de ayuda de carácter humanitario. Es el caso del “Comité Internacional de la Cruz Roja”, del “Servicio Civil Internacional”, de  “Save the Children” y de la “Sociedad Cuáquera”. Y en todas ellas participaron de forma activa las mujeres: Emma Cadbury, Thelma Cazalet, Lydia Ellicott, Suzanne Ferriere, Eglantine Jebb, Regina Kägi, Lea Manning, Farah Mendelsohn, Inez Muñoz, Elise Thomson, Celia Baker, Winifred Bates, Noreen Branson, Isabel Brown. Todas ellas procedían de ámbitos muy diversos: parlamentarias, maestras,, escritoras, activistas… todas ellas de merecido recuerdo, de la misma forma que las enfermeras, presentes en todos los conflictos de la época contemporánea y a las que hago referencia a continuación

En el caso español hay que decir que el colectivo de enfermería profesional  (enfermeras, matronas y practicantes) se adaptó a las dos realidades políticas. La primera, republicana, altamente politizada y fraccionada y, la segunda, donde todos los partidos políticos fueron disueltos, a excepción de Falange. El gobierno republicano puso en marcha numerosos cursillos de enfermería  para compensar la marcha del personal sanitario con las unidades militares. De estos cursillos de formación surgió la Cruz Roja Republicana.  En el bando sublevado los médicos fueron militarizados y la respuesta de la clase de enfermería fue  muy generosa: Cruz Roja Española, las  anteriormente citadas como “Margaritas”, integrantes de Órdenes religiosas  y militantes de Acción Católica. En ambos bandos las enfermeras se dedicaron al cuidado de una sociedad desgarrada formada por civiles y  combatientes heridos.

Cerca de los frentes se abrieron hospitales de sangre para atender a los heridos. Estos hospitales se instalaron en escuelas, conventos, palacios, casas y trenes, pues había que atender la enorme demanda de asistencia que reclamaba una guerra que se consolidaba y se anunciaba como de larga duración. Fue esta demanda  la que atrajo a enfermeras de Inglaterra, América del Norte, Francia, Holanda y Australia: Agnes Hodgson, Thora Silversthorne, Ruth Omesby, Dorothy Ruther, Valentine Ackland y Patience Darton, militante comunista. Fue enfermera en el Hospital de Valencia y otros frentes antes de prestar sus servicios en Falset, en el hospital que se instaló en una cueva durante la Batalla del Ebro. Su vida ha sido estudiada por la historiadora Ángela Jackson en un libro muy recomendable: “Para nosotros era el cielo”.

Las enfermeras también fueron víctimas de  violencia gratuita en la Guerra Civil y sobre ellas se citan dos obligadas referencias. La primera es la relativa a los sucesos del Hospital psiquiátrico de Cadellada, en Oviedo. Cuando entre Septiembre y Octubre de 1937 cayó el frente de Asturias los soldados del ejército franquista detuvieron a varias personas de dicho hospital, que fueron fusiladas. A continuación se organizó una  fiesta en la que se obligó al personal femenino de enfermería a preparar la comida  y participar en una fiesta en la que, finalmente, serían  maltratadas y violadas. No contentos con ello, los soldados obligaron a las mujeres a ir a un bosque donde serían obligadas a cavar sus tumbas para, después, ser asesinadas. Las excavaciones sacaron a la luz un total de 17 esqueletos, de los cuales 11 eran de mujeres. Todas ellas vestían su traje de enfermeras.

La segunda referencia se localiza en el Hospital de Somiedo, entre las provincias de León y Asturias. El 27 de Octubre de 1936 un grupo de milicianos de la República asaltó dicho hospital. Tres enfermeras que, además, eran militantes de Acción Católica, pudiendo haber escapado no lo hicieron y permanecieron atendiendo a los enfermos ingresados. Pilar Gallón, Olga Monteserin y Octavia Iglesias  fueron detenidas y recluidas en la  checa de Somiedo, donde sufrieron abusos sexuales. Trasladadas al campo del Palacio para ser ejecutadas pidieron la asistencia de un sacerdote, pero les comunicaron que el único sacerdote había sido fusilado. En el lugar de la ejecución se encontraban dirigentes republicanos y algunas mujeres que se habían ofrecido para participar el fusilamiento. Tres milicianas fueron las que, finalmente, dispararon.

Sobre la cuestión de la persecución y violencia hacia las mujeres que pertenecían a las Órdenes Religiosas de la Iglesia Católica no puedo sino remitir a los completos estudios publicados por los especialistas en el tema, entre ellos el de Antonio Montero Moreno.  De todas formas sí haré referencia al de una religiosa teresiana de la Compañía de Enrique de Ossó, cuya historia personal se enmarca dentro de los primeros meses de la Guerra Civil.  Como se sabe, en el territorio que fue leal al gobierno de la República se desató una terrible persecución hacia todos aquellos y aquellas que tuviesen algo que ver, directa o indirectamente, con la Iglesia Católica:  sacerdotes, religiosos, religiosas o seglares. En  muchos casos, les dieron muerte sin mayores explicaciones como ocurrió con Miguela Rullan y Catalina Caldés, religiosas que se dedicaban al cuidado de los enfermos. O el de nueve monjas del Monasterio de San Francisco, primero torturadas y fusiladas después por los milicianos el 19 de Julio. Al acabar el mes de Septiembre de 1936 un total de 6.832 miembros del clero habían muerto ejecutados. De las 283 religiosas asesinadas una era la hermana de la Congregación de las Teresianas de Enrique de Ossó, Mercedes Prat, nacida en Barcelona en 1880 y que fue detenida el 23 de Julio por una patrulla de milicianos cuando en compañía de otra integrante de su comunidad, la hermana Joaquina Miguel, se dirigía a buscar un lugar seguro para refugiarse. Terminaron así los días de incertidumbre que comenzaron el 21 de Julio, cuando tuvo que abandonar la Casa Madre de San Gervasio. Pero se inició un tiempo de escarnio y malos tratos que acabó muy pronto. Una orden del Gobierno de última hora obligaba a respetar la vida de los religiosos detenidos pero, en este caso, dicha orden no se cumplió. El jefe del grupo de milicianos comentó que había que matar a aquellas personas porque eran religiosos. Y así fue. A las diez de la noche del 23 de Julio, el grupo en el que estaba Mercedes Prat fue trasladado hasta un lugar de la carretera de la Rabassada, Sant Genís dels Agudells, camino al Tibidabo. Al llegar fueron divididos en dos grupos : por una parte, las religiosa teresianas y Catalina, monja franciscana ; en el otro, la hermana Micaela, el hermano Pablo y Doña Prudencia, que era quien les había acogido en su casa para darles refugio. Un total de cinco hombres dispararon sus fusiles sobre ellos. Mercedes Prat quedó malherida pero, poco después, al llegar otro coche con milicianos, los disparos de éstos terminaron con su vida. La hermana Joaquina Miguel lograría salvar la vida y, por su testimonio, sabemos lo que ocurrió aquella noche.

Ante la tumba que conserva los restos de la hermana Mercedes Prat, en la capilla del Colegio de Ganduxer, en Barcelona, guardo un respetuoso silencio y pienso en cuál hubiese sido su vida de no haberse producido tales acontecimientos. Pero el resultado es el mismo : ella, y las otras mujeres que han aparecido a lo largo de estas líneas, mantuvieron la esperanza, la seguridad y firmeza que hoy nos son necesarias para construir ese mundo que queremos. Por ello, por ellas, nuestro homenaje y recuerdo.

 

 

 

 

FUENTES CONSULTADAS

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  • SÁNCHEZ BLANCO, Laura “Rosas y Margaritas. Mujeres falangistas, tradicionalistas y de Acción Católica asesinadas en la Guerra Civil Española” Editorial Actas, Madrid 2016
  •  SANTIRSO, Manuel/GUERRA, Alberto (eds.)”Mujeres en la guerra y en los ejércitos” Catarata, Madrid 2019
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