Un colosal legado económico, por Juan Velarde Fuertes

16 de junio de 2021 por Redacción FNFF

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Juan Velarde Fuertes

Economista

Catedrático emérito de Estructura e Instituciones Económicas

de la Universidad Complutense de Madrid

Consejero emérito del Tribunal de Cuentas

Presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

 

 

La economía, en España, ha tenido, a lo largo de su historia, tres hitos fundamentales, conteniendo unos cambios que consiguieron, paso a paso, su desarrollo, con planteamientos de modelos económicos a largo plazo. El primero de ellos tiene una fecha clave mundial: 1492. Los Reyes Católicos, no sólo llevaron a cabo ese fundamental acontecimiento que fue el amparar el Descubrimiento de América por Colón, sino que todo se hizo dentro de un conjunto de modelos político-económicos, que van, desde la ordenación y liquidación de fronteras extrañas, en el ámbito de Castilla y Aragón -como sucedió con la liquidación del reino mahometano  de Granada y con la acción de Fernando el Católico liquidando la presencia, en Navarra, de Francia, al sur de los Pirineos-, a dar comienzo impulso hacia una acción exterior en Europa -muy en primer lugar en Italia-, así como hacia el control del tráfico en el Mediterráneo. Todo eso acabó originando un importante desarrollo económico, como se muestra en los datos Angus Maddison en su trabajo La economía mundial. Una perspectiva milenaria, en datos macroeconómicos homogeneizados en dólares internacionales 1990; y ahí vemos que, como resultado de ese modelo de los Reyes Católicos, la cifra de PIB por habitante existente en España, en el año de 1500, era lo equivalente a 698 dólares internacionales de 1998. Y en 1700, subirá a la cifra de 900 $. Añadamos que Francia tenía, en el 1500, 727 $ y en 1700, subirá a 1401 $; Inglaterra tenía la cifra de 760 $; y la cifra de Portugal era levemente inferior a la española, 632 $ internacionales de 1990. España estaba, por tanto, en el conjunto del mundo fuertemente desarrollado. Esta inclusión -pues las diferencias son levísimas, respecto del conjunto de la Europa desarrollada-, se debió, precisamente, al control que España pasaba a tener en la economía mundial y en la europea; pero ese modelo no perduró. Hacia el año de 1648, tras Westfalia, las consecuencias de la Guerra de los Treinta Años y multitud de errores y mala suerte, comenzaron a alejarnos de ese modelo, en rápida progresión descendente. Y así, llegamos a una España, en los inicios del siglo XIX, prácticamente ajena a la Revolución Industrial, acentuándose el retraso económico.

Se buscó, con agobio, disponer de un nuevo modelo de desarrollo, y éste, al fin, se acabó localizando en tiempos de Cánovas del Castillo, en una restauración que fue más allá de la recuperación del trono por Alfonso XII. El modelo económico que entonces aparece, para enmendar este retraso, busca el ejemplo de lo sucedido en Alemania y el motivo del avance económico y político colosal generado por Bismarck. Una de sus características fue la aceptación del proteccionismo. Cánovas del Castillo emprende este mismo sendero, con gran impulso, y lo mismo acontece con todos sus sucesores. Dejando aparte multitud de datos concretos, nos encontramos con que, desde 1874 en adelante, en España va consolidándose un sistema de desarrollo, que pasa a tener las características de lo que, en uno de los momentos culminantes de este proceso, en 1935, Perpiñà Grau lo calificara como «modelo autárquico», completado con un conjunto de medidas favorables para impulsar multitud de acciones empresariales, tanto en el mundo productivo, como en el de las entidades de crédito, por supuesto, ajeno a la economía libre de mercado y, sobre todo, vinculado a multitud de realidades monopolísticas que frenaban el desarrollo y eran amparadas, en multitud  de ocasiones, por los sucesivos planteamientos políticos desarrollados hasta 1935. La guerra Civil y su continuación con la II Guerra Mundial hicieron imposible pensar en otra cosa que sobrevivir económicamente, sin poder alterar ese modelo, que por ello perduró, por lo cual, la economía española mereció recibir el nombre de «economía castiza». Por cierto, he documentado, con base en un artículo titulado   Datos sobre un posible modelo económico de 1939, que nunca existió que, desde el 1 de abril de 1939, Franco inició la búsqueda de un modelo de desarrollo radicalmente diferente del heredado desde 1874 (aunque, desde el comienzo de septiembre de 1939, no pareciera haber otra opción que la de malvivir con ese viejo patrón en lo económico).

De pronto, todo cambió, y sucedió en 1957. Un nuevo Gobierno comienza a desarrollar un modelo distinto de raíz, apoyado por un conjunto creciente de expertos en economía. Téngase en cuenta un dato histórico fundamental: concretamente, por impulso de Franco, dada su preocupación por formar en España buenos economistas, se creó, en julio de 1943, una Facultad para el estudio de las Ciencias Económicas, en la entonces llamada Universidad Central, actualmente, la Complutense de Madrid -que acabó denominándose Facultad de Políticas y Económicas y, a partir de 1953, Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales-, donde serios economistas, como Valentín Andrés Álvarez, José Castañeda o Manuel de Torres, (formados fuera de España), con algún profesor extranjero -como fue el caso de Stakelberg-, expusieron los defectos y carencias del modelo anterior, generador de la decadencia económica de España, y sus tesis, sus críticas, y, añadamos, su patriotismo, para buscar frenar ese ancestral estancamiento. Lo más importante es que fueron escuchados, y la crisis ministerial de 1957 dio acceso, en puestos políticos decisivos, a multitud de defensores de esos cambios radicales, que empezaron por borrar el mundo del proteccionismo, y siguieron con la reorganización crediticia; esto último llevó a la estatificación del Banco de España, en 1962, y a la creación, como señaló López Rodó -debido a la presión del gran economista Manuel de Torres-, de un organismo de coordinación económica, que recibió el nombre de OCYPE.

Y, como consecuencia del nuevo planteamiento del mundo occidental, España se incorporó al FMI, a la OCDE, siendo esto el preámbulo para iniciar las conversaciones a fin de la definitiva integración en el Mercado Común Europeo, que prácticamente concluyeron con el famoso Acuerdo Preferencial de 1970, que posteriormente abrió la puerta, de modo muy ventajoso para España, a convertirse en un miembro comunitario más, puerta tras la cual llevó a aceptar la condiciones de Maastricht y como fundadores que estamos, del euro. Pero, todo eso se debió al radical cambio de política económica, con el modelo iniciado en 1957, y el Plan de Estabilización de 1959. 

PIB_por_habitante_en_euros_del_2010

Al observar si mereció la pena, nos encontramos con que, desde 1874 a 1957, o sea, durante 83 años, el PIB solo había crecido un 3,85%; más, desde 1957 a 2014, el PIB, en esos 57 años, ha crecido un 21,15%. Por tanto, ese modelo iniciado en 1957 es, precisamente, el que continua en estos momentos. ¿No es evidente que, desde el punto de vista de la economía, el actual desarrollo, fortísimo desde 1957, y que contemplamos en el gráfico adjunto, es un colosal legado de Franco? 

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