La verdad sobre “los niños ahorcados por los fascistas en Badajoz”, por Moisés Domínguez

19 de febrero de 2020 por Redacción FNFF

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Moisés Domínguez Núñez
 
 
Una tónica general de los pseudohistoriadores irredentistas de izquierda, en los estudios sobre la Guerra Civil en Extremadura, ha sido achacar los crímenes más horrendos a  las fuerzas "golpistas", a la Falange y al Requeté, eximiendo o blanqueado las acciones criminales que llevaron a cabo los miembros de las milicias del Frente Popular y del Ejército Popular y no sólo con el enemigo sino con el pogromo, las purgas y depuraciones de su propio bando. Desde hace 40 años no hay una sola película, serie o programa televisivo donde el bando vencedor de la Guerra Civil salga bien parado.
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En esta línea dogmática encuadramos un articulito que un pretendido historiador extremeño a instancia de otro “prestigioso» colgó hace ya algunos años en la red y donde exponía una horrible imagen donde salían unos niños ahorcados como racimos de uvas. Evidentemente dejaba caer que ese asesinato bien podría haber sido cometido por los malvados facinerosos en el avance por Extremadura de las tropas de la columna Madrid compuestas por legionarios y regulares. Como no.

En la mente de estos historiadores trabucaires de izquierda no cabe la posibilidad que eso hubiera podido suceder en su “bando”, el bando perdedor de la infausta Guerra Incivil. Así que como el que no quiere la cosa José María Lama y Francisco Espinosa, hacedores  de esta incógnita historia, dejaban en el aire la cuestión hasta que algún amigo, colega o compañero de carrera resolviera el enigma de los «niños españoles ahorcados por las tropas de invasión fascista en la provincia de Badajoz». Al más puro estilo Ángel Viñas. Supongo que esperando que alguno de esos investigadores o historiadores afirmara, que sin duda alguna, ese infanticidio había ocurrido en la provincia de Badajoz, en la zona controlada por las tropas del teniente coronel Yagüe.

Pues bien, resulta que como decía Menandro Tempus in lucem tandem veritatem trahit («El tiempo saca siempre la verdad a la luz»), la verdad sale a relucir donde menos lo esperas. Ni la imagen corresponde a un suceso acaecido durante la Guerra Civil ni tan siquiera tuvo lugar en España. La realidad nos lleva a Polonia en 1923.

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Marianna Dolinska y sus hijos muertos

 

Veamos que ocurrió en realidad. Durante la tarde del 11 de Diciembre de 1923, una gitana de 32 años de edad llamada Marianna Dolinska, colgó a sus cuatros hijos en un árbol cerca de la aldea de Antonwka. Las criaturas eran de muy corta edad (dos gemelos de 3 años, una niña de 5 y un niño de 6 años) .¿Qué es lo que llevó a esta desgraciada mujer a cometer ese crimen? La desesperación y el hambre. Aquí no intervino ningún fascista con bigotito reconocible. La madre no podía dar de comer a sus hijos y un estado de locura pensó que privándoles de la vida los protegería de la pobreza y hambruna que padecían. Ella misma se entregó a la policía de Radom el 12 de Diciembre y confeso el crimen. La romaní Dolinska vagó de psiquiátrico en psiquiátrico muriendo en 1928. El árbol donde colgó a sus pequeños fue talado.

Un fotógrafo de la policía cazó algunas imágenes de los niños ahorcados y esas impactantes imágenes se publicaron en 1928 por primera vez en un anuario psiquiátrico ilustrando un trabajo sobre la psicosis vergüenza-depresiva. Más tarde fue utilizada en la guerra de la propaganda durante la II Guerra Mundial para denunciar los crímenes cometidos por el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) contra los niños polacos en 1943 en Wolyn y Podolia. A partir de entonces salió publicada en numerosas revistas y estudios.

En el año 2007, un año después que el Sr. José Maria Lama lo publicara en su blog, Marian Konieczny patrocinó un monumento a las víctimas del genocidio provocado por la UPA en Polonia.

Seguramente los citados historiadores extremeños no harán el ejercicio de reconvención histórica que debería hacer sobre este suceso histórico, así que aquí queda lo que realmente ocurrió con esas malogradas criaturas.

 

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