Leopoldo Panero versus Pablo Neruda, por Juan Carlos Villacorta

05 de mayo de 2021 por Redacción FNFF

Compartir en:

Juan Carlos Villacorta

Boletín Informativo F.N.F.F.

Gracias a la generosidad de este Boletín, he vuelto a mi antigua casa, en la calle de «La Catedral», de Astorga, ojeando la página tercera del «Canto personal: carta perdida a Pablo Neruda», de Leopoldo Panero, Madrid, Cultura Hispánica, 1953 (Cr. Af. Valera), en el que aparece la fotografía de la calle donde aprendí mis primeras letras con las monjas de «La Milagrosa», hermanas de la Caridad, donde se encuentra la casa de los Panero, «a dos metros de la nieve», según pregona, al cabo de la calle, un rótulo, y la casa de «la Botica», en la que yo empezara a tener uso de razón. Y hay que buscar el libro en la Biblioteca Nacional, porque es un libro marginado pero que hay que leer, ahora, cuando se exalta a Pablo Neruda al conmemorarse el centenario de su nacimiento.

Pablo Neruda había escrito en su «Canto general», con una visión «sectaria, falsa e injusta», de la América cristiana y española y la titulaba así «Canto general». Leopoldo Panero le contestaría con una carta, escrita en terceros, presentada como carta personal, no desde una ideología, sino desde unas creencias. Andrés Trapiello, refiriéndose a Pablo Neruda, ha escrito en «ABC»: «...quedan, claro, sus libros, acaso ya rebajados para gentes de gustos más baratos que el suyo. Sólo leyéndolos sabremos si Neruda fue algo más que ese «mal gran poeta» del que habló JRJ o si sigue siendo el icono que como Byron, como George Sand, sobrevivirá incluso a pesar de sus libros y de su biografía».

En la edición que comentamos hay una introducción firmada por don Dionisio Ridruejo, sin duda, el autor del prólogo del libro en la que se lee: «...Tuyo o mío el ayer, niños que juegan, juntos de pronto, hombres que se hallan —en la fe o el amor y resonando—, Unamuno, Machado mientras juegan, allí en la luz de junio y mientras callan, y todo es cierto, y Dios los va mirando». Uno de esos niños era, acaso, yo —«con mi calle en sombra me conformo», dice Leopoldo Panero, una calle que da a una plaza que entonces tenía árboles, acacias con flores de «pan y vino», «aracuaria y yedra donde no vive más que el viento»; casa que, por cierto, va a ser restaurada por el Ayuntamiento de Astorga haciendo de ella una Casa de la Cultura.

Leo ese «Canto personal, carta perdida a Pablo Neruda», respuesta al «Canto general», en el que se expresa la reacción del «más completo, esencial y verdadero de todos los poetas de esa generación a la que maduró la guerra de España», dice el prologuista.

El «Canto personal» de Leopoldo Panero se concluye con este envío: «A mi madre que ha guiado mis manos, y a mi padre, tan infantil y frágil hasta la orilla última y que, tan de corazón, amaba niñeante, la postal de su casa y de la calle de Astorga, que ilustran solidariamente este poema, y donde ambas (en el fuerte espliego) permanecen por los siglos de los siglos. Amén.»

Leopoldo Panero inicia su «Canto personal» reconociendo méritos ajenos, dando a cada uno lo suyo, elogiando a César Vallejo, «indio manso hecho de raíces eternas», a Rubén, al que llama «extremo de bondad» y a Machado, «que nunca encerró en una torre», y al que dice: «yo protesto, como tú, del yermo mapa, de la iniquidad y violencia», confusión de su conciencia personal, y finaliza con otro poema, titulado «España hasta los huesos», en el que se lee estos versos: «...contaste lo dormido de tu raza, la nieve insomne de tu infancia toda, la historia que es amor, y hasta los huesos España, España sola», y le dice a Pablo Neruda, comentando el poema a Machu Pichu, «es tu mejor poema y lo contemplo hermosamente virgen y desvalido», para después confesar: «los que escribimos, como yo te escribo, mojado en caridad, no en amenazas, el sauce que en las ondas va cautivo..., te invito a tu camino de Damasco, a tu fiebre inicial de libre espiga...».

Desde su condición humana y cristiana, Leopoldo Panero no deja de ensalzar lo que él cree que debe ser ensalzado. El mismo Dionisio Ridruejo escribe en su prólogo de Pablo Neruda, al que califica de «chileno de palabra española», lo que sigue: «...es imposible no quererlo, o el ventarlo, aún, hijo de Dios y miembro de la Patria. Porque es un hombre, y un hombre hispanoamericano, y porque aquí nadie lo niega, un gran poeta, acaso el poeta que por vez primera, con lenguaje natural, creador y no transplantado, ha hecho palabra la naturaleza de la América española».

La verdad es que como es. Estas son afirmaciones que se contienen en la edición de una «Carta personal», condenada a la Inquisición por secuaces del insulto y aficionados a la malversación de la verdad. El mismo Leopoldo Panero lo reconoce: «...se ha dicho tanto mal de la Conquista española, que no hay sin sonreír quien la resiste; que algo es verdad, no cabe duda».

Lo cierto es que con su «Canto general», Neruda insulta a España, pero el poema de Panero no es un alegato de oposición, sino una vivencia personal de fidelidades, y observa atinadamente Ridruejo que «si en el poema de Neruda estuviera el poema de un americano y de un comunista no se hablaría de oposición poética».

Para Leopoldo Panero, la poesía es canto personal, compromiso vita, testimonio patético de pureza y fidelidad, y como en «España del éxodo y del llanto», de León Felipe, nace el hombre, y así, el «Canto personal» es un canto biográfico, y sus tercetos discurren como afluentes que van de las pendientes del enigma humano al misterio universal por la vía de la trascendencia.

Digamos, finalmente, que «Canto general» es un canto despersonalizado frente a una confesión personal de creencias, proferida desde una vivencia cristiana, esencializada en la memoria, porque, como asegura su autor: «toda verdad poética es consuelo; es volver a nacer con la palabra»; la palabra que tendrá su residencia en la que fuera casa de «los Panero», el poeta chileno al que Leopoldo dijera: «...no te puedo decir, querido, odiado, distinguido señor, ni hijo de perra; te digo, simplemente, Pablo helado y roto como el cardo y sin raíces, hecho de vanidad que te ha empujado».

LEOPOLDO PANERO


...No he estado en Machu Picchu, aunque te hable..

es tu mejor poema y lo contemplo

hermosamente virgen y durable...

 

...se oye lo interrumpido de una raza,

porque Dios dijo entonces (Dios lo dijo)

a Francisco Pizarro: sienta plaza,

y escribe con tu sangre un crucifijo,

y el alma con tu deseo; y a caballo,

y a los cincuenta años, yo te elijo...

 

...Porque toda locura tiene orillas de amor,

España es patria de los Andes...

...Se ha dicho tanto mal de la Conquista

española y feroz, Pablo Neruda,

que no hay sin sonreír quien lo resista.

 

Que algo es verdad no cabe duda

Y un tercer algo justo, y como acero;

lo que hace un español su ser no muda

y es, lo quieran o no, muy duro duradero

Se necesita estar del todo loco,

o ronco, sordo, vano, roto y hueco,

para hablar de Cortés con el descoco

de un profesor inglés de hace cien años,

enterado de España adrede y poco...

 

...Martí no hubiera escrito ni cantado

detrás de un corazón hecho veneno;

hubiera, cara a cara, peleado

a mordiscos de sangre y no de cieno,

y en batalla civil, ennoblecido

su furioso dolor en trigo bueno...

...de Martí a José Antonio hay línea llana;

la línea del dolor que a España une

con su historia estelar y cotidiana...

...La discriminación racial, Neruda,

no es nuestro fuerte; y la inventó Inglaterra,

como es muy natural, en propia ayuda...

...Vi atravesar la selva, en halo y lumbre,

al halcón del guerrero variopinto

(mil años atrás), de cumbre en cumbre...

...la deuda que contraje entonces, de respeto y de nobleza,

pervive en mi canción, no en tu coraje...


DE «CANTO PERSONAL. CARTA PERDIDA A PABLO NERUDA, 1909-1962».

CULTURA HISPANICA 1956

 

Compartir en: