CORRUPSOE, por Jaime Alonso

 

Jaime Alonso

Si la Real Academia de la lengua siguiera fijando, limpiando y dando esplendor a nuestro idioma, debería proponer un nuevo vocablo que definiese el transcurrir histórico del partido que más tiempo ha gobernado España en los últimos dos siglos; máximo responsable de la guerra civil; del mayor expolio del patrimonio histórico-arqueológico sin invasión extranjera; del encanallamiento empobrecedor de los españoles; y de la corrupción metafísica en España.

La etimología de la palabra compuesta, devendría del latín corruptio, romper algo en pedazos”, asociado al partido político español cuya génesis consiste en “aplicar la ley cuando le conviene y violentarla cuando le perjudica”, según su fundador Pablo Iglesias Pose, hasta hoy. Tal evidencia, desde la matriz, sigue manteniendo innumerables adeptos en nuestro pueblo, al instalarse en el tejido social el dogma de la ignorancia y la prédica de la envídia, fomentado por un Sistema artificialmente democrático.

Tal acepción lingüística se apoya en una triple fundamentación: histórica, ideológica y social. El significativo arraigo en nuestro pueblo se cultiva por la partitocracia turnante desde 1898, adquiriendo mayor notoriedad a partir del Sistema implantado en 1978. La práctica de la envidia, el dogma del resentimiento, la ideología de la ignorancia y la política de culpabilizar a los demás del fracaso propio, es la genética medular que lo transporta, en el tiempo. La mentira y el reparto igualitario de la riqueza ajena confiscada o expoliada, lo retroalimenta.

Nadie que conozca la historia del socialismo español se sorprenderá de la ocupación de todas las instituciones por el Sanchismo, ni del deseo de permanencia, deslegitimando cualquier alternancia. Entre los socialistas históricos como Largo Caballero, Prieto y Negrín y los actuales como Zapatero (el alhajas) o Pedro Sánchez (el saunas) no hay más diferencia sustancial que el transcurso de casi cien años y el interregno de Franco, pues aún no han destruido las clases medias, ni generado el suficiente odio guerra civilista.

En ambas épocas históricas, II república y la actual, el PSOE, tuvo el mismo concepto de la democracia: “la democracia es incompatible con el socialismo”, Largo Caballero dixit. También el mismo sentido patrimonial del poder y de sus instituciones. Lo acredita la entrega del oro del banco de España, cuarta reserva del mundo, a Moscú, en 1936 el 20% del cual se quedó en Marsella. O, el tesoro llevado a México en un barco, “El Vita”, con lo expoliado por el gobierno republicano de los depósitos bancarios confiscados a particulares, y los objetos y colecciones, de incalculable valor, requisados en las catedrales de Toledo y Tortosa, el Palacio Real de Madrid y los monetarios del Museo Arqueológico Nacional y de la casa de la Moneda, así como una parte de las reservas económicas de la Generalidad de Cataluña.

Y lo vuelve a acreditar el gobierno de Zapatero, en las ventas de oro en 2005-2007, con Pedro Solbes de Ministro de Hacienda. En 2005 se vendieron 106 toneladas, el 21 % de las reservas; en 2007 se volvieron a vender 134 toneladas, el 25 % de las reservas que quedaban. En su conjunto se vendieron el 46 % de nuestras reservas de oro. Para comprobar que no se pudo mejorar la rentabilidad de las reservas, con la venta de esas 240 toneladas, objetivo señalado por Solbes, basta con saber los beneficios. Obtuvimos por la venta, unos 4.000 millones de euros. Hoy, ese oro, valdría 27.000 millones, o sea, cinco veces más, en sólo diez años. Nadie dijo nada, ni se denunció civil o penalmente por semejante desfalco a nuestro patrimonio. El Sistema lo absorbió silenciando o falsificando el relato.

En el aspecto ideológico tampoco existe variación sustancial, más allá de haber renunciado formalmente al marxismo leninismo. La manipulación de las masas, entretenidas en diferentes gimnasias revolucionarias, sigue siendo el instrumento más eficaz del poder. Educada la sociedad en el cinismo de lo conveniente, en la cultura del medro y en la hipocresía utilitarista; no ven maldad en los mayores latrocinios, como lo es amnistiar a golpistas, blanquear a terroristas o encanallar al pueblo con divisiones tribales.

“Nuestras mentes fueron diseñadas para la justicia grupal”, sostiene Jonathan Haidt, y encontraron en los partidos políticos el sentido de pertenencia necesario para superar adversidades sin percibir las maldades. En eso consiste la ingeniería social fragmentada cuya praxis lo vivimos en la lucha de sexos, violencia de género, leyes eugenésicas, la ley de memoria histórica o democrática y el control absoluto de la sociedad civil.

De ahí la similitud, de fondo, entre el fraude electoral diseñado con la Ley de Nietos y en vías de consumarse; y el pucherazo realizado en las elecciones generales de febrero del 36, donde se apropiaron de las actas, como denunció toda la oposición y figuraba en las memorias robadas al presidente de la república, Niceto Alcalá Zamora. Extremo acreditado definitivamente, con todas las actas, el “fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular”, en un estudio definitivo, por los periodistas de investigación Álvarez Tardío y Roberto Villa.

Casi todos mis coetáneos se preguntan ¿como puede sostenerse un partido político, tratado ya sin ambages de organización criminal por los tribunales patrios, con un suelo electoral del 20%? Mi respuesta: pues degenerando en torno a unas ideas que se creen salvíficas; desde el poder, ocupando todos los resortes del estado; e impidiendo una alternativa a esa oclocracia degenerada. Todo lo que se construye fuera de los fundamentos morales o del estado de derecho orientado al bien común, es encadenar al pueblo a repetir el mito de Sísifo. Somos criaturas, diseñadas por Dios, profundamente intuitivas, y son los instintos más bajos, a veces, lo que guían nuestro razonamiento. ¡Ojalá lleguemos a tiempo de revertir esta nueva encrucijada histórica! Siempre tendré motivos para el optimismo.

 

 


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