Final Franco, por Eduardo García Serrano

Eduardo García Serrano

 

 

El final de Francisco Franco y de su Régimen, que lo fue de todos los españoles por consenso social y aplauso colectivo, fue un triste espectáculo de cobardía, traición y miedo embozados de aperturismo, protagonizado por los principales beneficiarios políticos del Régimen y su Estado Social que hizo de España una nación grande y libre. Al término de la fecunda y fructífera década de los años 60 del siglo pasado las familias políticas del Régimen, que basculaban entre proclamas de adhesión inquiebrantable a Franco, genuflexión en El Pardo y conspiraciones autodenominadas aperturistas, empezaron a cabildear buscando siempre situarse cara al sol que más iba a calentar alejándose, claro, del Cara al Sol del 18 de julio, desactivado ya desde hacía lustros por los elementos del Régimen  que encontraron todos acomodo antes, durante y después de la Transición.

Ese conglomerado de familias del Régimen integrado, fundamentalmente, por liberales, conservadores y democristianos y al que Franco bautizó como la Derechona, feliz neologismo acuñado por el Caudillo y que luego popularizaría Paco Umbral, atribuyéndose su autoría, empezó muy pronto a moverse en función de algo que Franco sabía y que ya proyectaba, como quedó demostrado por la propia evolución del Régimen, y es que había que ir a otra cosa, y más después de su muerte, pero sin claudicaciones ni traiciones clamorosas al espíritu fundacional de ese mismo Régimen. Con ese objetivo se legisló la Ley Orgánica del Estado de 1967 y se designó a Juan Carlos de Borbón y Borbón como Príncipe heredero a título de Rey. Esa Derechona, con Franco aún vivo, se fijó como elemento primordial acabar con los leales al Régimen, aglutinados en torno a José Antonio Girón de Velasco y a José Utrera Molina, a los que motejó despectivamente como el Búnquer. No eran inmovilistas, como de ellos se dijo, sabían que el Régimen debía evolucionar, pero haciéndolo desde la lealtad. No fue posible. Y así se pasó del Espíritu del 18 de julio al Espíritu del 12 de febrero, encabezado por Carlos Arias Navarro, que fue como la Gata Flora del aperturismo de entonces que nos condujo al hara kiri de las últimas Cortes franquistas, a la Constitución del 78, al Estado de las Autonomías, a Zapatero, a Rajoy y a Pedro Sánchez. Franco murió creyendo que lo dejaba “todo atado y bien atado”. No lo desató la izquierda, políticamente irrelevante entonces aunque criminalmente muy activa a través de ETA, el GRAPO y el FRAP. No. Lo desataron la Derechona y el Heredero.


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