Ha vuelto a suceder, la ofensa sin respuesta, el insulto que se crece en el silencio átono del ofendido. Silencio que no nace de la cobardía, sino de la indiferencia; lo cual hace a ese silencio más espeso y repugnante que el silencio del miedo. Otra vez, en la final de la Copa del Rey de fútbol España, su Himno y su Rey han vuelto a ser públicamente arrastrados por los albañales del insulto como siempre que en la liza participa un equipo de las regiones españolas podridas de separatismo, enfermas de odio aplaudido y jaleado, tolerado y financiado a España. Y, una vez más, como siempre, no ha habido respuesta ni deportiva, ni política ni periodística: se registra el hecho sin adjetivarlo en los Telediarios y nada más pues, al fin y al cabo, insultar a España es un derecho, cabe en la libertad de expresión, da votos y otorga poder. Por el contrario, defenderla con la respuesta adecuada a la ofensa supone un estigma imborrable para el que se atreva a hacerlo: ¡fascista!
La policía, autonómica y nacional, sigue huroneando en los vídeos del estadio de Cornellá para dar caza a todos los que en el reciente partido España-Egipto corearon la consigna “Musulmán el que no bote” para procesarlos en los Telediarios y en los juzgados por delito de odio; los políticos y los periodistas, todos, se rasgaron la vestiduras, se llenaron el pelo de ceniza y se arañaron las mejillas en un escándalo impostado, mitad histérico mitad patético exigiendo cabezas de turco (con perdón) para lavar y reparar el agravio perpetrado en un partido de fútbol contra los sacrosantos musulmanes. Qué cierto es que cuanto más innoble se hace el mundo, mejor se venden los nobles sentimientos que en España solo amparan y cobijan a los musulmanes y demás minorías(¿) vulnerables, pero no a la Mater Hispania ni a su Himno ni a su Rey, pues todos los que se desgañitan pidiendo cabezas de turco por el “Musulmán el que no bote”, callan ahora, como sus madres en Cuaresma, ante los insultos a España en la final de la Copa del Rey, pues en este caso en vez de pedir cabezas de turco (con perdón) habría que pedir cabezas de separatistas… y eso es antidemocrático, anticonstitucional y, por supuesto, un atentado intolerable contra la libertad de expresión.
Libertad que buscamos en vano pues ella sólo está en nuestras propias tradiciones. Hemos sido expulsados de nuestra Historia y empujados hacia la degradación de las cualidades y de los valores que antaño nos hicieron grandes. Hemos destruido nuestra Patria histórica y lo único que nos queda es la decadencia




