En el principio Dios hizo el cielo y la tierra y separó las aguas de lo seco, y dio lugar, entre otros mares, al mar mediterráneo, llamado así por estar en medio de la tierra, y en él dispuso que hubiera multitud de islas en el mar Egeo que facilitasen realizar las relaciones humanas navegando, esto es ir y volver, una y otra vez y de ese modo desarrollar la actividad comercial y extender, de forma natural, la cultura, formando de este modo una especie de útero de la civilización. En Grecia nacieron los presocráticos y los filósofos y cuando la navegación se desarrolló en todo el mediterráneo, Roma formó la primera unidad política, con el derecho romano, las milicias estables, las obras, y todo ello dando continuidad a la cultura y al arte griego, en su versión romana y entonces, en la plenitud de los tiempos nació el Hijo de Dios, en la paz de Octavio Augusto. Tras el aparente fracaso de la muerte en cruz de Cristo, y el nacimiento de la Iglesia, se produjeron las terribles persecuciones que dieron lugar a tantos mártires, hasta la llegada del emperador Constantino, quien la víspera de la batalla contra Magencio, tuvo la visión del signo de la cruz con el conocido “In hoc signo vinces” (con este signo vencerás).
El desplazamiento de este a oeste en el mediterráneo, nos lleva a la península ibérica, tierra con dos ásperas mesetas elevadas, en donde se dan las condiciones para que surjan los místicos reconocidos por la Iglesia, como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, o como el agustino Santo Tomás de Villanueva, todos ellos santos recordados en las palabras que nos ha dirigido Su Santidad.
En esta península tras la invasión de los bárbaros, suevos, vándalos y alanos, Leovigildo, rey de los visigodos, se propone lograr la unidad religiosa entre la minoría visigoda, arriana, y la sociedad hispano-romana, católica. Este rey, probablemente seguro de su gran poder, no le pareció un problema encomendar la educación de sus hijos, Hermenegildo y Recaredo al obispo Leandro quien, con su gran cultura y su condición de católico, sembró en ambos hermanos la fe en Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Hermenegildo murió mártir y Recaredo se convirtió al catolicismo en el 589. Tras 122 años de unidad católica en la península ibérica, se facilitó la invasión musulmana en el 711, que conquistó por las armas la mayoría del territorio visigodo hasta que, en el 722, Don Pelayo venció a los musulmanes junto a la cueva que alberga a la Virgen de Covadonga, dando lugar al inicio de la reconquista que estuvo jalonada por los reyes “Alfonsos” del I al XI, que lucharon por conseguir volver a la unidad perdida que tuvo su capital en Toledo y uno de sus grandes santos en San Ildefonso.
No faltó entre los reyes guerreros un santo canonizado por la Iglesia, Fernando III quien, tras la batalla de las Navas de Tolosa en la que participaron casi todos los reinos cristianos, abrió el camino para que Fernando pactando con el rey de Granada, conquistase entre otras ciudades, Trujillo, Úbeda, Baeza, Andújar, Jaén, Córdoba, Écija y Sevilla. Este santo rey proporcionó una excelente educación a su hijo, Alfonso X, “el sabio”, que, no obstante la derrota que su padre había infligido a los musulmanes reunió a un grupo de eruditos tanto musulmanes como judíos en la escuela de traductores de Toledo para un, trabajo conjunto que sólo se ha producido bajo la autoridad de un rey católico.
La corona de Castilla nada más comenzar el siglo XV, en 1402, conquistó las islas canarias, realizando una primera evangelización de la población autóctona, fundamentalmente por los franciscanos, que serviría de experiencia para lo que vendría después. Esta actuación informa del sentido providencial de los acontecimientos históricos porque Castilla nunca fue proclive a hacerse con las islas del atlántico. El reino de Portugal que fue reconocido por la Iglesia en 1179, continuó la reconquista alcanzando el Algarve a mediados del siglo XIII, para dedicarse después a la navegación, haciéndose en el siglo XV con las Azores, Madeira y Cabo Verde. Como tras la toma de Constantinopla por los musulmanes en 1453, se dificultó la navegación por el mediterráneo y con ello el comercio con oriente, el reino de Portugal optó por navegar costeando el continente africano y doblando el cabo de buena esperanza llegando a contactar con las islas de las especias, condimento de enorme importancia en la alimentación de entonces.
La reconquista terminó con la guerra de Granada en 1492, por la que se eliminó el poder político musulmán, permaneciendo los moriscos en España hasta 1609, año en el que fueron expulsados reinando Felipe III, ante la conflictiva convivencia con los españoles católicos. La reconquista ha sido la guerra de más duración del mundo, y fue apoyada por una decena de Papas, desde el siglo XI hasta el XV, porque los papas vivían preocupados por la fortaleza del islam.
Y en el mismo 1492 se produce el descubrimiento de América, lo que aclaró por qué Canarias tenía que ser castellana, porque precisamente es la ubicación de esas islas la que favorecía la navegación hacia el oeste, hacia occidente lo que permitió el descubrimiento más importante de la Historia, porque esta actuación providencial también desvela la razón por la que Portugal era bueno que fuera reino, pues de no serlo, es decir si hubiera sido parte del reino de Castilla, se hubiera mantenido el comercio de las especias por la ruta del sur de África pues Isabel, que era medio portuguesa, no quería generar tensiones compitiendo con la ruta que había encontrado Portugal y es por este motivo por lo que accedió a financiar el arriesgado viaje de Cristóbal Colón.
La hazaña reconquistadora forjó el carácter español en pro de recuperar la fe católica, lo que tuvo el efecto de una travesía del desierto, curtiendo los espíritus y preparando a los españoles para los siguientes retos históricos, como fueron la defensa de la cristiandad en la batalla de Lepanto que resultó definitiva y cuya victoria vio, milagrosamente, el Papa Pío V desde el Vaticano; la defensa del catolicismo frente al protestantismo dentro de sus dominios que mereció la intervención de la Inmaculada en el milagro de Empel, y sobre todo el cumplimiento del mandato de Jesucristo “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” y España lo hizo evangelizando y compartiendo su cultura con la España americana durante trescientos años, dando lugar, como reconoció San Juan Pablo II, a que la mayoría de los que rezan en el mundo, lo hagan en español. Allí quedan Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano, San Martín de Porres, Santo Toribio de Mogrovejo, San Pedro Claver o San Juan Macías.
Tras los procesos de independencia de las veinte naciones hispanoamericanas, España se alzó contra la dominación napoleónica, fruto de la revolución francesa con una activa participación de clérigos cuya motivación era fundamentalmente religiosa y ya en el siglo XX España se vio gobernada por el movimiento marxista revolucionario que se había hecho con el poder en Rusia dando lugar a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo que provocó un nuevo alzamiento que condujo al testimonio cristiano de miles de mártires, algunos de los cuales han sido recientemente beatificados en el presente pontificado, reconociendo con ello que murieron por la fe y análogamente a lo ocurrido con los primeros mártires, en España también quedó testimoniado por una cruz, la más alta del mundo, con lo que la sangre de los mártires dio paso a unos años de paz y progreso reconocible por los frutos. En los días que corren ese signo cristiano se pretende re-significar, siendo esto algo que no tiene otra intención que hacer que la Santa Cruz del Valle deje de ser el signo cristiano.
España, los españoles, no somos mejores que los demás pueblos, y en ocasiones hemos sido peores, pero el destino que nos marcó la Providencia ha de volver a ser el que unifique e ilusione a esta sociedad tan deteriorada, pero con la conciencia de que ha sido la única en librarse del dominio musulmán y de vencer al comunismo ambos instalados en el poder.
Santo Padre, he vivido con gozo su visita a España, y filialmente agradecido por cuanto nos ha dicho, en particular sus referencias a buscar la verdad, al silencio necesario y a la defensa de la vida, por su interés y cercanía para con los necesitados, alentando la esperanza que permanece en los presos, y el entendimiento para la necesaria unidad, es mi único deseo el invitarle con estas palabras a reconocer y tener presente el destino providencial que evidencia la Historia de España.




