Cuando Emilio Zola publica el 13 de enero de 1898, en el periódico L’Aurore, la carta, j’accuse, dirigida al presidente de la república francesa, la denuncia se limitaba a la corrupción del ámbito político, judicial y militar, por ello tuvo remedio. El capitán Dreyfus fue rehabilitado y el estado de derecho restablecido por el coraje de un periodista honesto y valiente, dentro de una sociedad informada, sin corrupción ideológica o moral.
El famoso j’accuse tuvo relevancia al mostrar la influencia de la sociedad civil, intelectuales y prensa independiente, contra los abusos del poder. Hoy, ninguna, por ser el habitual comportamiento del Sistema partitocrático, instaurado en España en 1978.
Sin embargo, yo acuso que, a la muerte de Francisco Franco, la mayoría de la clase política, económica y social española entregó su excepcional legado de unidad, paz y progreso, a una nueva clase dirigente sin otro bagaje que la de volver a repetir los errores del pasado, con el apoyo de todos los enemigos seculares de nuestra nación civilizadora. El engaño fue y sigue siendo el instrumento empleado. Una Ley para la Reforma Política como Caballo de Troya de la ruptura.
Yo acuso que, consecuencia de ello, se aprueba una Constitución sistemáticamente incumplida: unas autonomías, cuyo desarrollo normativo ha dejado al Estado sin funciones y a la nación sin estado; la legalización y legitimación del terrorismo, a las puertas del poder en el norte de España; unas leyes de genero, destructivas de las relaciones naturales y de la familia; una inmigración ilegal descontrolada, que nos aboca a la perdida de nuestra identidad y costumbres; un relato falsificado de nuestra historia reciente, impuesto por ley, como formula para devolvernos a la fantaseada II república; un sistema impositivo confiscatorio que justifica el expolio de la riqueza para malgastarlo en imponer su ideología; un sistema judicial a la carta y controlado por la política, para que la inmunidad e impunidad se extienda a los ámbitos del poder real; y finalmente, la amnistía del golpe de estado de 2017, dado en Cataluña contra la soberanía de la nación.
Yo acuso a la Conferencia Episcopal por su inhibición cobarde y su cooperación necesaria, en la profanación de la tumba del estadista que les salvó la vida y la hacienda, que reposaba en la basílica pontificia del Valle de los Caídos, por él creada, en oración permanente por todos los muertos en la guerra civil. Mancillar un símbolo de fé y martirio trae siempre funestas consecuencias para quien lo perpetra. No defender el principio de libertad religiosa del Art.16.1 C.E. y asumir la resignificación del Valle como proyecto de centro de interpretación es entregar a los verdugos la verdad de la memoria de sus victimas. Los 12 obispos, 1 administrador apostólico, 4.184 sacerdotes seculares y seminaristas, 2.365 religiosos y 297 monjas y otras 10.000 personas, clérigos y laicos, todos ellos asesinados entre 1931 y 1939, por odio a la fe, merecían un digno trato de la iglesia militante.
Por ello, yo acuso, a todas las autoridades del Estado que han abdicado de sus obligaciones, o se han corrompido en el ejercicio de un poder arbitrario. La catarsis que requiere nuestro pueblo y la nación conformadora, ya no admite reformas. No han creído en la misión histórica de España, ni en la presente. Han vaciado la nación engañando al pueblo, y la quieren llenar de intereses espurios, despotismo ideológico y lucro. ¡Sólo una enmienda a la totalidad, puede reparar el daño! Y, en esa tesitura, no sirven los que han coadyuvado al desastre: PSOE, PP, PNV, IU, ERC, Bildu o Junts.
Refuerzo mi acusación, hacia un Sistema en fase terminal a la vista de todos. Anclado en el infantilismo de juzgar las buenas intenciones y no los malos resultados, permite que el socialismo fagocite todas las instituciones del Estado. Vivimos en la última fase de un golpe de estado encubierto, mediante mutación constitucional no votada. El socialismo español siempre ha crecido robando y expoliando, cuando encuentra una oposición liberal que asume sus políticas y padece un síndrome de Estocolmo histórico.
Yo acuso, al mimetismo actual y el de la II república; el robo y expolio de Largo Caballero, Indalecio Prieto y Negrín, es similar al de Sánchez, Zapatero y Ávalos o Cerdán; entre la Alianza de Civilizaciones Zapateril, con el resultado de la alianza de rubís, esmeraldas y diamantes encontrados, y el saqueo de fondos públicos descubierto con Pedro Sánchez, es similar al robo del oro del banco de España o las joyas del Vita. Mismo partido, mismo modus operandi en diferentes etapas. ¡Para encubrirlo sirven las leyes memorialistas! Mientras tanto, el pueblo español, sometido a una indisimulada ingeniería social fragmentada a través de la enseñanza y medios de comunicación controlados por el poder, se encastilla en lo trivial, en el sentido de pertenencia, en los esquemas mentales de obediencia y lealtad acrítica que rigen en cualquier banda organizada.
Yo acuso que, desde el advenimiento de la democracia en España, a la izquierda se le ha entregado el control de la sociedad, el dictat, de lo que está bien o mal, de lo aceptable o prohibido, de lo políticamente correcto y de lo reprochable. Y esa entrega de la batalla cultural, tiene la indeseable consecuencia de ir degenerando los comportamientos antropológicos de nuestro ser y existencia.
Yo acuso, a cuantos españoles de irreprochable conducta y mejores intenciones, de obediencia debida a la Conferencia Episcopal, probos hombres y mujeres, observadores escrupulosos de las reglas de Triboniano: “honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere”, hayan venido, por acción u omisión, de manera directa, indirecta o circunstancial, sosteniendo el Sistema, sin ver sus consecuencias. No percibir que esto no es una democracia, que la libertad está cercenada, que la propiedad se ocupa o confisca, y que el estado de derecho y la división de poderes es una quimera, tiene consecuencias. Agotado el tiempo de caerse del caballo, ya no valen los cálculos de conveniencia.
Es la hora del patriotismo y de Vox. O se está con los que acusan, abren diligencias y persiguen la corrupción más relevante; con los periodistas que investigan, respaldados por una sociedad que exige la inexistencia de parcelas de impunidad, de comportamientos públicos transparentes, reglados y éticos; o se está con una alternancia de poder que demostró, en el pasado, no cambiar nada de lo sustancial. Que se pare el festín, que nos devuelvan los derechos, libertad y progreso. ¡Ya viene el cortejo, ya se oyen las campanas del despertar, tocando a rebato! ¡Ostras y champan al proletariado, y la mierda de Rufián!

