Jaime Alonso
Cartas al Director
Diario de León
Los instigadores y autores materiales de las dos leyes memorialistas, nunca tuvieron el propósito de enseñar la historia de unos hechos objetivables antes de que ellos nacieran, sino la de imponer un relato falsificado de buenos y malos, en cuyo vértice estaba el hombre que les ganó la guerra y la paz, el progreso económico, sin partidos, pero con patria, que acogía y defendía a los españoles de cualquier edad y condición.
Esas leyes divisivas colocan, a cuantos pretenden alcanzar una sociedad plural, libre de contiendas civiles, respetuosa con las opiniones ajenas, deseosas de un nuevo orden político y marco jurídico, en una difícil encrucijada frente a la mentira histórica a la carta. Esta ingeniería social fragmentada, auspiciada desde el poder, añade a la parcial memoria, el fetiche de democrática, con la sola finalidad de que todo el que se declare franquista, la inmensa mayoría de los españoles al morir Franco, sean automáticamente estigmatizados como perversores de la democracia.
Dicha ingeniería social fragmentada no puede hacerse en un momento único de transformación. El patrón debe ser gradual, a modo de «ventana de Overton»: una Ley inicia el cambio; a continuación, se producen ajustes menores en distintos ámbitos; y se consolida cuando se produce la aceptación del cambio social amplio. Ello requiere del tiempo necesario para que, mediante leyes, instituciones, cultura, educación y agentes de propaganda, produzcan el efecto deseado de mutación de los paradigmas sociales comúnmente aceptados. Lo más dramático es que lo pagamos nosotros a través de los impuestos.
El resultado lo vemos, de manera obscena y ofensiva, en el homenaje que se realiza hoy, en Ponferrada, a un bandolero de largo historial, con una decena, al menos, de asesinatos, y medio centenar de atracos, y cuya tenebrosa existencia termina en un enfrentamiento armado con la Guardia Civil el 2 de mayo de 1951.
Ese criminal, cuyo homenaje llenaría de oprobio a cualquier sociedad civilizada, tiene quien le escriba porque era comunista, se había unido al maquis sanguinario, y está amparado por la ley de memoria democrática, como victima del franquismo. Las victimas reales de su criminal proceder no merecen, en esta sociedad enferma, un superior homenaje de gratitud y respeto.
Lo que más indigna al que esto escribe es la banalidad del mal, que señalan Hannah Arendt, en el comportamiento del alcalde de Ponferrada, del PP, Marco Morala, el primero en intervenir en el homenaje, dicen que comprometido con la reposición de la dignidad de quienes fueron sometidos «a una violencia absolutamente injustificada». Lea, Sr. alcalde, antes de que le proclamen el mayor tonto útil de Ponferrada, el libro de Francisco Aguado Sánchez, pagina 716, titulado El maquis en España.
También puede ilustrarse mejor con la obra Memorias del Sargento Ferreras, donde se detallan aspectos relacionados con los asesinatos que llevó a cabo Manuel Girón, un furtivo cazador, analfabeto, que conocía bien el monte. Descrito como el huido más peligroso de todos, de sangre fría y calculador, que imponía su ley, siendo eliminado fulminantemente el que se resistía. De igual modo y de manera sucinta queda reflejado en el artículo de Martin Simón Martínez, el reguero de sangre que dejó en su corta vida, titulado Razias de Manuel Girón en la Maragatería, publicado en la revista Argutorio número 30.
Si Vd. fuera un obstinado en el error, por ignorancia insuperable, connivencia con la ideología del personaje, o por cobardía utilitarista, le voy a explicar lo que pensaban los inductores del criminal homenajeado por Vd. «la mentira es un arma revolucionaria» «la prensa no es solo un propagandista, sino también un organizador colectivo», lo formuló Lenin ya en 1917. Leon Trotsky, ya sabe como acabó, dijo «en tiempos de revolución, la moral es lo que sirve a la destrucción de la vieja sociedad». Mas cercano en el tiempo, Gramsci fue más sofisticado en la búsqueda del control ideológico, afirmando «la conquista del poder cultural precede a la del poder político». Otro totalitario, pero de sentido contrario, Goebbels, sostenía «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad».
Como el propósito del artículo es pedirle que rectifique y no se deje manipular por memorialistas, biógrafos e historiadores a la carta y del pesebre, tabuladores con vistas al Teleno, le aporto otras conductas y citas más acordes con la experiencia vital y el conocimiento profundo de los movimientos sociales. Arendt sostuvo «la libertad de opinión es una farsa, si la información sobre los hechos no está garantizada». Así, George Orwell, después de su experiencia en nuestra guerra civil, a la que vino defendiendo el comunismo de Stalin con las Brigadas Internacionales, dijo «en una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario» «el lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras se hagan veraces y el asesinato respetable».
No confunda la libertad de expresión y la tolerancia, con el crimen y castigo que ciertas conductas comportan. No deje que los niños reciban ese mal ejemplo de visitas guiadas a un aquelarre, donde la inocencia se verá para siempre adulterada. Adopte una posición ética radical, al modo Kantiano, como principio rector «la mentira siempre es moralmente inaceptable», aunque no haya visto otra cosa en su actividad política municipal, autonómica y nacional. Piense que la verdad es presupuesto necesario de la libertad; que la mentira de-grada hasta destruir la confianza social. Y que la más eficaz resistencia, no es utilizar la fuerza, sino negarse a participar en la mentira colectiva.
¡Honor y gloria a las victimas de ese verdugo al que se va a homenajear hoy en Ponferrada!
