Un alcalde apologeta, por Jaime Alonso

Jaime Alonso

 

Lo peor de un regidor municipal, no importan los habitantes, no es lo que diga, sino lo que se preste a hacer, desnaturalizando su función. Un alcalde no está para amparar y menos legitimar una versión maniquea y falsaria de la historia, confundir victimas con verdugos, o crear una peligrosa división interna. En los municipios está el germen de la polarización afectiva, donde se modela, con mayor fuerza el rechazo al otro, que la adhesión a las propias ideas. Hacer política sobre la historia, tomando como víctima a un verdugo, es muy mal camino.

Ignoro quién fue el amanuense que le escribió la laudatio del forajido histórico, al que ahora convierte en héroe, sin reparar en la servidumbre a una política cainita y falaz hasta en el relato. El acto resulta bochornoso para la verdad, la justicia, la razón y la reparación. Las palabras tienen su significado; no puede decirse que fue asesinado hace 75 años quien eligió vivir quince años, desde 1936 a 1951, sin más ley que la voluntad de su pistola, el fusil y las granadas de mano, frente a gente pacifica y generalmente indefensa.

El ejercer de maestro de ceremonias e instigador, D. Marco Morala, no le otorga virtud alguna. Menos aún, al afirmar, con ese desparpajo y solemnidad que da el poder social grupal, cuatro falsedades que suenan bien: “hoy es un día de justicia humana y de deber moral” “no buscan abrir heridas sino restañarlas” “Es un momento de dignidad. Nadie merece terminar sus días como él los terminó. “es un derecho fundamental poder descansar junto a sus seres queridos” “se salda una deuda histórica, en una democracia madura”. Queda etiquetado, con benevolencia, como un alcalde apologeta de la mentira histórica, de los muchos que tiene el PP.

Esas cuatro frases lapidarias ninguna correlación tienen con los hechos. Efectivamente, nadie que no lleve la vida que el vivió, merecería terminar sus días como él los terminó. Que sepamos esa vida la eligió él, nadie se la impuso, aunque la ignorancia inexcusable, el odio inoculado, el resentimiento social y la ideología más perversa que ha conocido la historia de las ideas, hayan influido en una inteligencia superada por el odio.

Un burgomaestre debería distinguir, con nitidez, la justicia humana del deber moral. La justicia humana solo es aplicable a sujetos responsables de sus actos mientras vivan; no a los fallecidos, a los colectivos, a los territorios o a cualquier otro constructo que se nos ocurra, dónde solo cabría la reparación simbólica.

El deber moral al que alude, requiere de mayor consideración. La etiología del mal afecta a la estructura de la persona, no es solo un problema legal o moral. Para señalar como deber moral la reparación de un verdugo que ahora se presenta como victima, tendríamos que analizar su conducta vital desde el prisma de la conciencia, de la culpa y de la redención, tres aspectos psicológicos y morales de toda persona.

Para otorgarle a Manuel Girón Bazán tal deber moral de reparación, tendríamos que otorgarle, previamente, el derecho a cometer crímenes, si con ellos benefició a los bercianos, a los leoneses, a los españoles o a la humanidad. ¿Está dispuesto nuestro ilustre alcalde apologeta a otorgarle semejante derecho? Pues ya lo hizo, en el acto del 2 de mayo de 2026, triste epitafio a un mandato municipal cadavérico.

Me gustaría poder preguntar al “Kiko” único superviviente de esa cuadrilla de héroes inmorales de una democracia degenerada, que sobrevive en Alicante, ¿si está orgulloso de los crímenes y atracos cometidos?, o, por el contrario ¿vive prisionero de la angustia, la paranoia, y el sentimiento de culpa? Pues no existe la redención moral, en la conciencia que todo ser humano posee, por muy anestesiada que se encuentre. ¿cómo de anestesiada la tendrá el cabildo municipal cuando no reparó en las victimas reales, sin relato, desamparadas por las leyes de memoria histórica y democrática?

El filosofo alemán Bonhoeffer sostenía que es más peligrosa la estupidez que la maldad humana. Muchos os habréis preguntado ¿Cómo es posible que gente buena pueda aplaudir el mal? La maldad tiene una lógica, quiere algo y puedes prevenirla; la estupidez, no. Sólo desde la estupidez de quien deja de pensar individualmente para entregarse a unas consignas, un líder, una ideología, o a un grupo dominante, el mal triunfa. El relativismo moral es su puerta de acceso. Lo estamos comprobando en esta democracia cada vez más oclocracia, al contrario, de lo sostenido por el edil.

Nos falta valor y coraje; hemos normalizado la impostura memorialista, y seguimos normalizando que un gobierno lleve siete años fagocitando todas las instituciones del Estado para delinquir impunemente; siendo muy difícil de atajar, porque al electorado que lo sostiene, les da igual, con tal de que no gane quién consideran su enemigo.

 

PRONTUARIO DE VICTIMAS DEL HOMENAJEADO

Que se tenga constancia, comienza su andadura, nuestro héroe memorialista, el 4 de mayo de 1937, en Pobladura de la Sierra, donde Girón y cuatro compinches más asesinan al cura del pueblo Marcos Otero Álvarez, al salir de misa y robarle el escaso dinero que llevaba.

Un doble asesinato en Yebra, los hermanos Aurelio y Gerardo López Gallego. Asalto al coche de línea de Truchas-La Bañeza el 5 de septiembre de 1942, en el término de Morla, a la altura de la aldea de Pozos. Un autobús de la Empresa Fernández en el que suponían viajaba el recaudador de impuestos, según información de un confidente, se salda con 6 muertos, aunque no iba el recaudador, pero si: dos agentes de la G.C.; dos campesinos, de Quintanilla de Yuso uno y el otro de Castrocontrigo, y el párroco del pueblo de La Cuesta. Una viajera falleció casi un año después por las lesiones.

En Nogar, el 8 de marzo de 1945, 3 victimas más, en el atraco a mano armada sobre las once horas en el pago de Valdecartero del pueblo de Nogar. Fue asesinado el recaudador de contribuciones Narciso Martínez González y asesinados dos guardias de la Policía Armada del destacamento de Corporales que lo acompañaban. Se trataba de Liberto Infante Idalsuaga de 31 año, casado y con hijos y Esteban Gutiérrez Merino de la misma edad y soltero, quedando herido grave un tercero José Izquierdo Navarro. El juez militar instructor de la Causa sumarísima 97/45, que por tales hechos se incoa, anotará que se apropiaron de un botín rayano en 30.000 pesetas y del armamento, correajes, documentación, relojes y gorros de los dos policías de la escolta, “a los que dispararon cuando se hallaban heridos y en el suelo”.

Combate de Corporales. El 14 de enero de ese 1951 se produjo un largo enfrentamiento en esa localidad que dejó varios muertos, 2 de las víctimas, atribuibles al maquis, son los guardias civiles: Agustín Puente y Manuel Combarros.

Asesinato a sangre fría, con nocturnidad y alevosía, al médico de la localidad, en Filiel (León), D. César Álvarez García, alumno aventajado de Ramón y Cajal. Según testimonio de una de sus hijas, fue golpeado e insultado delante de su esposa Dña. Tomasa Martínez Arce y sus 7 hijos menores, el 10 de agosto del año 1939. Diecisiete individuos armados, mal encarados, algunos vestían con buena ropa, otros llevaban hasta las alpargatas rotas. El llamado Girón, levantó a César bruscamente y le preguntó si era de izquierdas o de derechas, a lo que respondió con tranquilidad y manteniendo la compostura, que su familia, originaria de Asturias, siempre habían sido de derechas.

Lo sacaron a golpes de la vivienda, mientras revolvieron absolutamente toda la casa, llevándose ropa, comida, el caballo con el que el médico se desplazaba para atender a sus pacientes, una pequeña cajita que contenía joyas familiares, la matanza etc. “Pasearon” a César durante toda la noche por las calles del pequeño pueblo de Filiel, golpeándolo violentamente con patadas y las armas, mientras lo insultaban y tiraban al suelo repetidamente. Todos los miembros de la familia escucharon en casa, de madrugada, lo que no deseaban, el sonido de unos disparos. Tomasa oyó como un vecino gritaba que ¡mataron al médico!, pero no quiso verlo muerto, vejado y maltrecho, prefirió guardar en su memoria el recuerdo de la persona tan querida y con quién había celebrado, hacía 15 días, su 50 cumpleaños. Supo que César había sido asesinado de varios disparos y rematado con un puñal clavado en el corazón, a las afueras de la localidad, en el camino a Molinaferrera, en el puentecillo de piedra de la reguera que aún sigue ahí, ¡mudo testigo de un crimen atroz!

Girón murió como vivió, acribillado a tiros en el año 1951 en una operación diseñada por la Guardia Civil, que llevaba 12 años persiguiéndolo, y su cuerpo fue expuesto en la plaza del ayuntamiento y en el deposito de cadáveres del cementerio de Ponferrada para dejar bien claro que habían acabado con él. Ese día, Girón llevaba puesta la chaqueta de cuero del médico César, robada hacía 12 años, después de asesinarlo. Después de 13 asesinatos y mas de cuarenta atracos, al final, ¡justicia poética, amén de divina!

Que “Girón vive”, como se pintó en una pared de Ponferrada, demuestra que el odio sigue trasladándose de generación en generación. Al no hacer pedagogía de la verdad, por la cobardía moral e intelectual de no enfrentarse al mal, y por alcaldes como como Marco Morala. Si nadie ha rendido homenaje a sus víctimas con un acto público, una placa, o el nombre de una calle, es porque “la envidia de la virtud hizo a Caín criminal; gloria a Caín, hoy el vicio es lo que se envidia más” que versificó Machado ¡Un insulto a la inteligencia, basta ya Sr. alcalde!

 


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