Declaraciones del Caudillo al Director de “Arriba”

 
 
 
4 DE AGOSTO DE 1953  
 
DECLARACIONES DEL CAUDILLO AL DIRECTOR DE «ARRIBA»  
 
 
-Mi General, nos atreveríamos a pedirle que honrase V. E. a nuestro periódico contestándonos a unas preguntas sobre el tema, ineludible en esta fecha, que satisface el ansia natural con que los españoles seguimos este problema. ¿cree V. E. que se debe hablar sobre Gibraltar en ocasiones tan señaladas?
 
«Desde luego. Lo que está en la conciencia y el corazón de los españoles conviene debatirlo y aclararlo. No porque no se hable de ello deja de existir esa vergüenza. Si los españoles, por evitarnos el sonrojo, nos callamos, podían los demás tomarlo como una conformidad con lo que jamás hemos aceptado.»  
 
-Entonces, ¿cree V. E. que la timidez o cobardía de los viejos dirigentes políticos al soslayar el tema ha contribuido a fomentar esa creencia, tan arraigada en Inglaterra, de que la reivindicación de Gibraltar es cosa de la Falange y no de la Nación? 
 
«En una gran parte sí, aunque a ella contribuye el carácter británico de creerse superiores a los otros y no pensar que los españoles puedan sentir lo mismo que ellos sentirían si Portsmonth u otro puerto inglés estuviera en manos rusas, alemanas o norteamericanas. El que el movimiento nacional haya despertado a España y que la Falange constituya el instrumento político de nuestra hora no le autoriza a acaparar el honor de un sentir tan arraigado en el alma de España.»   
 
-Siendo tan justa esta reivindicación y tan ilegítimo el origen de su posesión, ¿cómo puede explicarse que esta vergüenza haya perdurado durante tantos años? 
 
«Por la política extranjera de debilitamiento de nuestra Patria, echando problemas sobre nuestra Nación, minando e influyendo a sus clases directoras, fomentando desde las logias y desde las internacionales la insurrección en las colonias, fomento de movimientos revolucionarios y, en general, la táctica de enfrentar a españoles con españoles. Problemas tan graves, que se sucedieron en un siglo de infamias acumuladas, no dieron a los españoles tiempo para ocuparse de la reintegración de ese pequeño trozo de nuestro territorio, clavado como un puñal en nuestra espalda.»   
 
-Parece que en Inglaterra se resisten a admitir la ausencia del valor militar de la plaza que V. E. tan claramente ha definido. ¿Puede tener esto algún fundamento? 
 
«Sólo el gran egoísmo británico y su apego a la vieja mentalidad imperial. Sus técnicos saben de sobra  que Gibraltar es sólo una simple factoría naval enclavada en territorio extraño. Una plaza sin hinterland, sin aeródromos, sin agua, de espacio reducido y dominada por un anfiteatro de montañas, vive prisionera del territorio donde se halla enclavada. Con España puede ser todavía algo; contra España no es absolutamente nada.»      
 
-¿Cómo se explica entonces ese ofrecimiento que dicen hizo Inglaterra de Gibraltar a las naciones del Pacto del Atlántico?
 
«Esa noticia, que se publicó en Norteamérica, fue posteriormente desmentida en Inglaterra. Ni Inglaterra podía ofrecer lo que no es suyo ni España reconocería jamás como legítima la posesión por otros de aquella porción irredenta de nuestro territorio. Y aunque debamos estar prevenidos, alertados contra toda malicia, parece que si hubo ofrecimiento, se reducía éste al de un lugar para establecer en él el mando de la zona sur del Atlántico del Norte, aunque con el imperdonable error geográfico de estar Gibraltar en el Mediterráneo y no en el Atlántico.»  
 
-Si Gibraltar no tiene valor separada de España y su importancia la alcanza hoy todo el sur de nuestra península, con sus aeródromos y múltiples bases, y si las conflagraciones son hoy generales y no particulares entre naciones, ¿cómo puede explicarse que Inglaterra se niegue a devolver a España lo que contra todo derecho viene reteniendo? 
 
«Esta es la prueba más fehaciente de que las clases directoras inglesas todavía siguen con la vieja mentalidad de antaño. Así, en vez de procurar unir y  reforzar los sumandos para la futura e indispensable suma de naciones, se intenta seguir la vieja táctica de la pretensión de zonas de influencia y de elevarse ella menospreciando a los otros. Gibraltar es para nosotros el termómetro de esa mala fe: ocupada contra todas las leyes del honor y de la moral, prometida solemnemente su devolución por reyes y gobernantes y perdido completamente su valor militar, se retiene contra toda conveniencia y derecho.»  
 
-¿No cree V. E. que esta conducta está creando contra Inglaterra un estado de hostilidad en nuestra patria? 
 
«Evidentemente, y lo peor es que cuando Inglaterra se dé cuenta del mal y quiera corregirlo, puede ser muy tarde.»  
 
-¿La devolución de Gibraltar saldaría toda esa política de intrigas y mala fe a que V. E. ha aludido? 
 
«En la política exterior cuenta poco lo pasado y si el presente y el futuro. Ese acontecimiento señalaría el primer hito de buena fe hacia nuestra nación del proceder británico, y sin duda haría olvidar a los españoles muchos de los agravios en estos años recibidos.»   
 
-¿Qué ganaría, mi General, Inglaterra con esa rectificación de conducta? 
 
«La liquidación de un pasado bochornoso, que se levanta como una acusación de su mala fe con los amigos; la posibilidad de poder estrechar sus relaciones con una nación tan importante como la española,  y, en caso de conflicto, el poder un día utilizar como posible aliada la estrategia de nuestra península.»  
 
-Una última pregunta, mi General: una cosa que no pueden explicarse los españoles es que siendo Gibraltar un pedazo irredento del territorio español, no se haya puesto fin a esa situación, enojosa y a todas luces injusta, de la población de La Línea, con sus lacras y servidumbres.
 
«Se trata de un problema heredado, que no puede desaparecer en un día. Jamás se debió permitir que un solo español trabajase en esa plaza bajo bandera extraña, ni que en La Línea se encuentre el suburbio de miserias materiales y morales de la plaza vecina. Porque todavía creemos en la fuerza de nuestra razón y en la posibilidad de que llegue a servirse el interés común de las dos naciones, no hemos atacado el mal en su propia raíz. El gobierno se viene ocupando de La Línea de la Concepción y de su transformación física y moral. Si perdiésemos la esperanza de que Gibraltar pueda por medios pacíficos volver pronto a España y que las promesas de devolución que en la guerra se nos hicieron no ha de tener realización, no dude nadie que pondremos todos los medios para dar fin a esa situación enojosa a que usted alude.»