El desembarco de Alhucemas marcó un punto de inflexión en la Guerra de Marruecos. Soldados de la Legión, harqueños y fuerzas de la Mehala protagonizaron una operación sin precedentes, bajo fuego enemigo y con escasos recursos. Fue el principio del fin del conflicto.
La primera línea de barcazas está repleta de soldados nativos —harqueños y miembros de la Mehala— y legionarios. Son la carne de cañón, los que van a pagar el mayor precio de sangre: la primera oleada. La segunda y tercera líneas de lanchas de desembarco están preparadas y a la espera de lo que ocurra con esa primera ofensiva.
Las barcazas iniciales no pueden llegar hasta la playa por culpa del fondo rocoso, quedando a cincuenta metros de la costa. La corneta toca a carga. Los harqueños y legionarios de la columna Franco, sin dudar un instante, saltan de las embarcaciones con el agua al cuello, con las armas sobre sus cabezas, cargados con toda su impedimenta. Llegan a la arena y pisan los primeros metros de playa.

Los diez Renault FT-17, que debían haberles dado apoyo en aquellos cruciales momentos, siguen en las lanchas de desembarco. Tampoco pudieron ser transportadas las bestias de carga a tierra firme, por lo que fueron los propios soldados quienes llevaron a brazo las municiones, alimentos, agua, material de fortificación, etc., necesarios en los primeros momentos. Esto hizo que las primeras oleadas de desembarco solo contasen con un litro de agua por persona para el primer día y con muy poco equipo: cada hombre llevaba únicamente cincuenta cartuchos de dotación. Pero estos problemas no afectaron al éxito del desembarco.

Durante toda la operación, el enemigo hizo fuego con sus cañones y ametralladoras sobre los hombres que llegaban a la playa. Los rifeños sabían que rechazar a los españoles en las primeras horas era clave para su victoria. La Armada española respondía al fuego con fuego.

Se ocuparon las primeras posiciones en la arena. Las ametralladoras fueron emplazadas y los especialistas comenzaron su trabajo. La llegada desordenada de las barcazas obligó a modificar el orden de ataque. La harca de Muñoz Grandes fue la primera unidad que, tras lanzarse desde las lanchas con el agua al cuello, pisó tierra firme. La prensa decía sobre esta acción de los harqueños de Tetuán y su jefe:
«En el desembarco de Alhucemas, al frente de la columna Saro, iban como primeras fuerzas de choque los harqueños de Muñoz Grandes. Ellos —tomando la referencia de El Debate— fueron los que, faltando aún cuarenta metros para tocar tierra, se lanzaron enardecidos de las barcazas, recorriendo con el agua hasta el cuello la distancia que les faltaba. Fueron ellos también los que, en primer término, escalaron las cresterías con decisión y cogieron al enemigo cañones, ametralladoras, fusiles y prisioneros. Y al mando de ellos pertenecía asimismo el teniente Hernández Menor, el único oficial muerto durante la operación, según los informes oficiales. Tras estos indígenas iban Franco y Liniers con la Legión.
Ha caído, pues, a Muñoz Grandes —un comandante que hace cabalmente diez años salió de alférez del Alcázar de Toledo, un infante que solo en África ha servido, un muchacho ya herido varias veces y con dos propuestas para Laureada— la gloria de ser el primero en poner el pie en Alhucemas, a la cabeza del grupo de harcas de Tetuán confiado a su mando».

Relataba el general Saro en su informe esta parte del desembarco con las siguientes palabras:
«En vista de esta detención, ordena el coronel jefe (Franco) de la columna, con el toque correspondiente, la salida de las fuerzas sobre los objetivos marcados, saliendo con todo entusiasmo las fuerzas: la harca de Muñoz Grandes por la derecha y las banderas de la Legión por la izquierda, avanzando la harca por el frente y flanco derecho del arenal, con sus oficiales a la cabeza, y la Legión por la izquierda de la playa…

En estos momentos, los oficiales de la harca en cabeza y los de la Legión dieron un brillante ejemplo de decisión y arrojo al abordar los primeros objetivos. Las fuerzas de la harca quedaron establecidas con un tabor en el flanco derecho y dos tabores en el frente…
En este primer asalto fueron cogidos por las fuerzas de la harca un cañón de montaña al enemigo y, por la 6.ª Bandera, dos ametralladoras y numerosos cartuchos».
Los legionarios avanzan por la izquierda, sobre las estribaciones de El Fraile:
«Una compañía, metida en el agua, marcha por las peñas costeras para rodear la barrancada donde se encuentra el enemigo; se rebasa esta primera y se escalan las pedregosas alturas en dirección al Morro; legionarios y harqueños se apoyan fieramente en la empresa común… ¡Nos hemos apoderado de la primera obra defensiva del enemigo! Un cañón de montaña y dos ametralladoras caen en nuestro poder».

Inmediatamente, fuerzas de la Mehala se unen al combate. La 7.ª Bandera de la Legión se lanza a ocupar las baterías enemigas de las alturas de El Fraile y Morro Nuevo:
«Como hileras de hormigas se ve a los legionarios escalar por las vaguadas la abrupta cresta, y pronto la gloriosa bandera de Valenzuela corona la parte alta de los fuertes. Es un empuje arrollador… Los defensores, demasiado tenaces, son pasados a cuchillo».
La Mehala de Larache no pudo desembarcar por el embarrancamiento de sus lanchas K, llegando algo más tarde, y situándose a la izquierda de las harcas, en dirección al Morro. La harca fue reforzada en su avance por una compañía del batallón de Cazadores de África n.º 3.

La segunda oleada, la columna Martín, desembarcó a las 13:05, siendo enviada a sustituir a las fuerzas de la harca, que se concentraron a las órdenes de su jefe para seguir avanzando hacia las estribaciones del monte Malmusi, «donde sostuvo un combate protegiendo la fortificación de los puntos cercanos, sufriendo en estos puntos las mayores bajas».
El desembarco comenzó a las 11:30 y, a las 15:00, habían sido alcanzados todos los objetivos señalados por el Mando, capturando los tres cañones de las baterías de El Fraile y Morro Nuevo que hostigaban a las fuerzas de desembarco.
Es el principio del fin de la Guerra de Marruecos.

