En el alborear de julio de 1936, adueñados de los resortes del Poder las fuerzas ocultas de la revolución, no se presentaba otro horizonte que el inmensamente trágico de asistir a la destrucción del más incalculable de los tesoros: el de los valores espirituales de un pueblo.
Francisco Franco Bahamonde
(18-VII-1937:1 Aniversario del Alzamiento. Salamanca.)

